Lauren corrió hacia el ducto.

-¡Camz! ¡Camila! ¿Estás ahí? -No se escuchó nada-. ¡Camila, vuelve! -le suplicó-...Por favor.

Un silencio invadió el ducto.

-¡Mierda! -gritó mientras se secaba las lágrimas que habían comenzado a salir de sus ojos-. Camz...

Del otro lado del ducto, se encontraba la chica del sótano en su silla mecedora, con su muñeca de trapos en su pecho mientras acariciaba su cabello de lana; como lo hizo con Lauren.

-No contestaremos, Sofi -le informó-. Tú viste como golpeaban al geral Lauren y al otro. ¿Ese será el verdadero geral? Es muy malo.

Se levantó para cerrar la rejilla del ducto y volver a poner la biblioteca que la tapaba.

-Lo siento, geral Lauren.

En ese momento, su mamá llegó.

-¿Qué hacías?

Camila volteó a verla.

-Nada, mami.

-Se escucharon unos ruídos por el pasillo, dime la verdad.

-Tiré la quena del baño -mintió.

-Bien... -dijo apoyando una bolsa bastante grande en el piso-...Cadena, bien. Te creo.

Camila le sonrió.

La razón por la que Sinuhe siempre le creía no era porque confiaba en ella; era porque simplemente, Camila no tenía la capacidad suficiente para mentir.

Y era cierto, no la tenía.
Hasta hoy.

Había algo dentro de ella, como un instinto, que le decía que debía proteger a Lauren.

Y ese instinto superaba cualquier discapacidad.

-¡Te he traído ropa!

Camila aplaudió y corrió a abrazar a su madre; quién luego de soltarse del abrazo levantó la gran bolsa del suelo y se la entregó a su hija.

Ella la llevó a su cama y sacó su contenido.

Había un vestido rosa que llegaba a sus rodillas, dos suéteres en color azul y otro blanco con corazones, tres pares de pantimedias en color piel, azul y morado; un tapado rojo bastante largo y, como siempre, siete moños. De los colores del arcoíris, aunque Camila no podía reconocerlos.

Inmediatamente trató de ponerse las pantimedias moradas, ya que el clima había descendido y sus pies y piernas estaban congeladas.

Y era porque ella jamás había usado pantalón ni zapatos.
No pudo ponerselas, por lo que quedaron colgando de sus pies. Se las quitó frustradamente.

Camila seguía usando el mismo vestido rosa de lunares que traía puesto el día en el que habló con Lauren la primera vez, y estaba bastante sucio.

Su madre lo notó.

-Vamos a bañar -ordenó-. A bañar.

Camila no entendía.

Su madre la tomó del brazo y la llevó al baño. Abrió la canilla y le indicó.

-Bañar -imitó Camila.

Sinuhe desabotonó su sucio vestido rosa y se lo quitó, quedando su hija en ropa interior.

Desabrochó su pequeño corpiño rosado, se lo quitó y la ayudó a subir el escalón para meterse en la ducha.

Las gotas de agua cayeron sobre la pálida piel de Camila. Su madre colocó shampoo en sus manos y lo puso sobre el cabello de su hija, lo refregó rápidamente, haciendole espuma. Puso su cabeza bajo el agua y le indicó que cerrara las ojos mientras el jabón corría por su rostro.

Ojos Alegría (La chica del sótano) - Camren.¡Lee esta historia GRATIS!