Capitulo Once

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Luego de un rato el doctor llegó con nosotros y nos autorizó entrar a ver a Janie. Nath estaba muy emocionada de entrar, y aliviada. Pero su teléfono sonó en ese precio momento, y, por su expresión, supuse que se trataba de algo malo.

Al finalizar la llamada dio un resoplido de frustración y tenía un rostro molesto. Thomas le preguntó a qué se debía eso y las malas noticias de ella seguro habrían sido un golpe muy fuerte también para mí. Eran sus padres, diciendo que su tía de Australia había llegado y tenía que regresar a casa. Ella explicó lo que pasaba, pero le dijeron que Janie podría verla cualquier otro día, su tía estaría en Alemania solamente tres días.

A regañadientes, minutos después Nath se despidió de nosotros y desapareció por la puerta. Justo un minuto después, el doctor Kenton volvió a aparecer por ella y nos entregó un papel firmado por él y la recepcionista. Era el permiso de entrar a ver a Janie.

Lo tomé y lo guardé, mientras Thomas abría la puerta y entraba. Yo lo seguí, no sin antes tomar una bocanada de aire, para tranquilizarme, y sentir el frío aire acondicionado que se encontraba dentro de la habitación.

A un par de metros de mí, encontré una cama quirúrgica, con varios aparatos médicos a su alrededor, y un extraño olor a medicina y rosas. En la cama, había una chica castaña, con sus ojos cerrados y una manta encima de ella, de color blanco. La luz de la habitación hacía que su tono de piel se encontrara amarillento, y tenía los brazos extendidos a sus costados. Sus labios se encontraban tensos y pálidos. Si me acercara y los besara... tal vez tornarían un color más vivo...

- ¿Manuel? – escuché que me llamaban. Desvié mi vista, por primera vez desde que entré, de Janie y la fijé sobre Thomas, quien me veía con una ceja arqueada.

- ¿Qué? – pregunté, esperando que dijera algo y la razón por interrumpir mis pensamientos. Thomas tornó una sonrisa burlona y desvió su vista.

- Nada... - su voz se escuchaba irónica, y tal vez sabía de qué se trataba esto – Nada... es sólo que...

- Suéltalo de una vez, Thomas – dije, rodando los ojos y exhalando el aire. Thomas comenzó a reír.

-    En verdad la necesitas como tu novia – contestó, negando con la cabeza y alzando ambas cejas, mientras sus ojos se empequeñecían por el gesto y la risa se le escapaba mientras hablaba. No pude evitar soltar una risa y fue cuando noté que casi a mi lado habían dos sillas. Las acerqué hasta al lado de la cama y me senté en la más cercana a Janie. Thomas se sentó a mi lado a los segundos y ambos nos dejamos caer en el respaldo de la silla - ¿Cuánto tiempo crees que pase hasta que despierte? – preguntó, tal vez fuese una pregunta retórica, pero de igual forma respondí haciendo mis cálculos.

- No lo sé – miré mi reloj, era la una y media. - ¿Tienes que hacer algo? – pregunté, puesto que no quería que Thomas se sintiera apenado de irse en cualquier momento. No quería ser una razón de interrumpir algo. Tal vez un compromiso familiar... o un vuelo o cualquier otra cosa.

- No, no... es sólo que... muchas personas tienden a despertar hasta dentro de un año y...

- Thomas, no me ayudas – dije, mirándolo de forma reprobatoria y fulminante. Thomas me miró asustado y sonrió, temeroso – Bueno... no creo que Janie se quede dormida para siempre, es decir... sólo era una bacteria... y se la lograron sacar. ¡Además, Thomas, ella tiene anestesia, no está en coma! – dije, casi susurrando puesto que toda la habitación estaba en demasiado silencio. Y no quería estropear eso.

- Mmm... no lo sé. Tal vez deberías besarla a ver si así despierta – dijo, aunque en modo de broma. Si Thomas supiera en verdad cuánto deseaba hacer eso... en serio lo haría.

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