Capítulo tres: El mensaje y la noticia.

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III:

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III:

—¡Greta, ven, rápido, es una urgencia demasiada urgente!

Greta corrió por la sala de estar y la cocina hasta llegar al sofá donde me encontraba tirada con los ojos abiertos y en shock. Greta era una de mis amigas más cercanas; a ella la conocía desde la preparatoria y había sido una de las que no me había elegido por fama o por mi hermano.

—¡¿Qué sucedió?!

Como pude levanté el celular y le mostré la pantalla donde estaba la notificación de Instagram.

Lander Laurent comenzó a seguirte.

—¡Esto sucedió!

Ella abrió su boca en shock lentamente y luego soltó una risa acompañada de un baile medio raro, lo que me hizo alzar las cejas. ¿Greta estaba emocionada porque Lauren había comenzado a seguirme?

—¡Lander Laurent comenzó a seguirte, deberías de estar feliz!

—No, Greta, es una desgracia.

Greta rodeó los ojos y se recostó sobre el sofá a mi lado, luego agarró mi celular y le devolvió el seguimiento al británico loco que me había dedicado un maldito gol. Cada vez que lo recordaba, ponía mi rostro más serio, ya que sabía que lo hacía solo para molestar a mi hermano.

—Lo tienes enamorado, hasta te dedicó un gol enfrente de casi cien mil personas.

Ahora yo rodeé los ojos ante ese comentario. —Solo fue un gol, Greta, no es la gran cosa.

—Puff, ya quisiera yo que me dedicaran un gol.

Wes se apoyó sobre la puerta de entrada de la sala de estar donde estábamos y arqueó las cejas mientras nos observaba fijamente. Tenía ropa deportiva puesta; eso significaba que se iba a entrenar con los chicos como normalmente lo hacía.

Habían pasado tres días desde el partido contra Inglaterra y aún sentía la tensión con Wesley. Cada vez que veía fotografías del equipo británico festejando, se enojaba y se encerraba en su habitación, al igual que cuando en entrevistas le preguntan sobre eso.

—¿Por qué quieres que te dediquen un gol, Greta?

Mi amiga giró su cabeza de mi celular y observó con una sonrisa a mi hermano; él se la devolvió. —Porque sí, es algo que quiero tener antes de morir.

Mi hermano comenzó a asentir mientras no quitaba la mirada de ella; luego de un rato en silencio, me miró a mí y dijo: —Iré a entrenar, vendré a la noche, Gea.

—De acuerdo, Wes.

Movió la cabeza en gesto de despedida y, antes de retirarse, le echó una mirada a Greta, que había vuelto su vista a mi celular con una sonrisa de oreja a oreja mientras observaba la notificación de seguimiento.

Scoring the Heart ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora