1

80.8K 1K 486
                                        

Gracie Hills.

He vuelto a convertir mi vida en un caos.

Y estoy en Noruega.

Y en un sintió de caravanas. Desde que llegué, no he salido de aquí. Apenas he tenido tiempo de explorar la ciudad, solo fui a comprar algo de comida y el resto del día lo pasé en el mismo sitio. Puede sonar aburrido, pero no tenía intención de moverme. Estar aquí, simplemente respirando tranquilidad, era suficiente.

Esto es lo que pasa cuando tienes veintidós años y decides lanzarte al mundo sin haber terminado tus estudios. Con apenas unas monedas en el bolsillo, me aventuré a buscar una forma de sobrevivir en un lugar desconocido durante un par de días. No había ningún plan concreto, solo el deseo de encontrar mi camino y demostrar que puedo hacerlo por mi cuenta. La realidad es que las oportunidades no llegan fácilmente cuando no tienes un título en la mano, pero estoy decidida a demostrar que la determinación puede abrir puertas donde antes solo veía muros.

Realmente tenía unas buenas razones por las cuales me uní a esta aventura.

Había pérdidas que me arrasaban. Tenía otras razones más profundas para elegir una autocaravana y vivir una semana en ella, en lugar de quedarme en Londres, junto a mi familia y buscar un trabajo. No estaba ahí para encontrarme a mí misma, tampoco porque no tenía estudios. Había razones más significativas y profundas. No era fácil aceptar que la vida a menudo tiene sus propios planes y te arrastra en la dirección que elige.

Mirando por la ventanilla de la autocaravana, no veo nada, solo logro distinguir las luces borrosas de algunos edificios a lo lejos. Podría haber elegido cualquier lugar, pero sin embargo ahí estaba, lejos de casa, de mi familia y de mis amigos. No había logrado visitar nada. Ni siquiera tenía pensado qué hacer con mi vida después de esta semana. Lo que tengo seguro es que una semana basta para estar aquí.

Luego, si llega el momento de regresar a casa, lo haré, aunque sea lo último que quiero hacer.

Necesito descansar, llevo un par de días que duérmelo bastante mal.

Pero... No logro conciliar el sueño, no paro de dar vueltas en la cama. Con cuidado, me levanté, busqué una linterna y salí afuera, dejando la puerta cerrada detrás de mí. He vuelto escuchar esos mismos gritos que hace unas horas, muy cerca de mí. No sabía qué estaba pasando, pero percibía el peligro casi rozándome la espalda, muy cerca. Mis manos sudaban ligeramente mientras observaba cada autocaravana. Seguí mirando a mi alrededor y al caminar hacia la derecha, noté que la tienda seguía abierta. Era una de esas que nunca cerraban, funcionaban las 24 horas del día. Justo al lado de la tienda se encontraba el servicio de alquiler de autocaravanas.

Mierda, hace demasiado frío.

El ruido volvió a escucharse.

Dirigí la linterna hacia una zona oscura y de repente, un chico apareció frente a mí. Se me disparan las pulsaciones... Estoy temblando, es como sentir que un jabalí está por atacarte.

—¿Estás asustada?—pregunta, con una sonrisa.

En realidad, podría decir que era alto, delgado y guapo, con unos ojos azules intensos y cabello oscuro. Pero más allá de eso, no había mucho más que destacar en su apariencia.

—Llevo una hora intentando dormir, ¿sabes de dónde viene ese ruido? —pregunté.

—¿Miedosa?

—Eso no es lo importante, ¿sabes de dónde viene el ruido? —repetí.

—Sí, bueno... Resulta que se nos coló un gato en nuestra caravana.

Todas las estrellas que nunca tocamos Donde viven las historias. Descúbrelo ahora