19. La espera maldita

50 7 0

Al día siguiente, sus padres y su hermana fueron a verle. Tenia miedo de hecho me pase, todo el día, intranquila. Tuve que controlarme para no llamar a Vero por teléfono, para ver como les iba. Cuando deje a Nick, estaba mejor, ya se le había pasado el bajón, pero no me fiaba. Al ver a sus padres no le daría morriña. A las siete llamaron a la puerta, como un resorte Salí disparada, eran Laura y Vero.
- ¿Cómo sigue de ánimo? - preguntó mi madre
- Está como nuevo, ha dado un cambio de ayer a hoy de 180 grados. - Le contestó
- Vaya eso está bien.
- ¿Se le han pasados los dolores de la espalda? - le pregunté
- No del todo. Le he puesto otra inyección y a ver si se mejora. Me ha dicho que ayer se la pusiste tú
- Si, no pude decirle que no, pero me dio un apuro que me lo pidiera delante de Mario.
- ¿No se enfadaría?
- No, se lo tomó bien. Me dijo que "Sarna con gusto no pica".
- Muy apropiado

El domingo por la mañana llamamos a Nick, en principio, no íbamos a ir a verlo ninguno. Pero cuando nos contó que todavía le seguía doliendo un poco. César se ofreció voluntario para ir a ponerla la inyección. Tengo que reconocer que cuando vi a César irse para arriba para cambiarse de ropa, algo me impulso a subir e irme con él.

Nick, estaba castigado con reposo absoluto todo el fin de semana, así que cuando llegamos a su habitación y nos la encontramos repleta de gente no nos sorprendió.
- Hola, ¿Bea? - dijo Nick sorprendido
- Hola, Nick, me alegro que te haga tanta ilusión verme - le dijo César en tono sarcástico.
- Claro que me hace ilusión, aunque me daría más sino vieras a ya sabes, pero a ti te esperaba y a ella no.
- Ya claro, ¡Qué no conocemos! - le dijo César chocándole la mano.
- Hola Nick. ¿Cómo estás? - le dije acercándome y dándole un besito en la mejilla.
- Estoy feliz, de verte aquí.
- ¡Oh! ¡Qué bonito! -dijo Cristian irónicamente - vale ya. Si es que estoy rodeado. ¿Tú me entiendes, César, verdad? Esto es peor que vivir atrapado en el día de San Valentín. El amor está en el aire.
- Si, Love is in the air. Como la canción -le dijo Nick sarcásticamente
- No todos estamos enamorados. - le contesto Sonia
- Ya vamos quedando pocos. Esto es como la gripe se va contagiando. - añadió Cristian
- Creo que me he perdido algo. - le dije
- No, Bea, no te has perdido nada - comentó Nick - Porque no hay nada.
- Ah ya. Entiendo - y en un susurro añadí. - ¡qué es un secreto! - se oyeron risitas nerviosas.
- Es un secreto a voces, diría yo - dijo Cristian. - Porque todos lo saben pero ninguno lo dice en voz alta.
- Ya veo. ¡Qué son tímidos los chiquillos!
- Si, para algunas cosas.

Había tres proyectos de pareja en esa sala. Tenía razón eso parecían las Vegas, en una de sus salas de bodas.
- ¿Quién quiere que le ponga una inyección? - dijo César
- No, gracias, yo ya voy servido. - dijo Fran
- ¿Te han puesto muchas o que? - le preguntó César.
- Más que en el resto de mi vida. Ahora me las están poniendo en la tripa. Por la falta de movilidad.
- No te quejes tanto. Que no todos tenemos una enfermera en exclusiva. Yo me las ponía solito y no me quejaba tanto - dijo Cristian
- ¿Eso es verdad? No sé como pudiste. Menos mal que apareciste, sino creo que no hubiera sido capaz - dijo Fran mirando a Laida.
- Se te caían unos goterones de sudor. - le dijo Laida.
- Pero no me digas que ahora me porto mal.
- Solo tardamos diez minutos, pero si te portas bien -le soltó Laida
- Pero eso lo hace solo por estar a solas contigo, en el fondo no le da miedo - le dijo Cristian en plan de broma aunque en el fondo fuera verdad.
- Si va a ser eso - le dijo Laida. - Anda vámonos y dejamos que César le pongo la inyección, tranquilamente.

Yo iba a quedarme con Nick y César. Cuando César me dice:
- Hermanita, eso tan bien iba por ti. - me dijo César
- ¿Me estás echando?
- Si, me gustaría hablar con él a solas.
- Ok. A ver que vais a hacer.

Los chicos se fueron a la habitación de Cristian y Fran y las chicas nos quedamos en la puerta. Yo me senté en unos de los bancos del pasillo.
- ¡Así que le estás poniendo inyecciones! - le dije a Laida en tono pícaro
- No sé, en que estaba pensando cuando me ofrecí voluntaria.
- Ya claro, ahora nos dirás que no te aprovechas de la situación. - le dijo Sonia
- Un poco, pero solo un poco, no sabéis los abdominales que tiene. Aun así, paso un mal rato. Tardó más de diez minutos todas las noches en convencerle para que me deje hacerlo - nos contó.
- Eres un poco ingenua, piensa cuando te deja que le pinches ¿parece nervioso? - le pregunté.
- Supongo, ¿no? Sino porque me iba a dar chapa todos los días, durante tanto rato.

Sonia y yo, nos miramos con complicidad.
- Venga ya. ¡Fran! Pero si está todo el día pinchándome.
- ¿Hablas en serio?
- Tú has oído a Cristian, ¿no? - le dije
- ¿A Cristian?, venga si está siempre de broma.
- Puede. Pero antes había dicho que parecía que estaba atrapado en el día de San Valentín.
- Pero lo dice por Nick y Roberto. Nick se pasa el día hablando de ti. Y Roberto está todo el día pendiente de Clara.
- Ni caso, Roberto y yo solo somos amigos. - dijo Clara
- Ya claro a hora no sois ninguna de las dos. ¿Tu que crees, Sonia? Ayúdame.
- Estoy con Cristian, somos los únicos libres, bueno y su hermano que por ahora no está en la edad del pavo -añadió Sonia.
- Hablo la voz de la experiencia. - dijo Laida
- Entonces, cuéntanos ¿Tiene un cuerpazo? -se le puso una sonrisita en la cara.
- Ayer se jugo la vida - nos reímos todas.
- Así ¿Qué paso?
- Cuando llegué a su habitación, le acababan de duchar y se estaba vistiendo tenía la camiseta en la mano, solo tenía los pantalones puestos, y va el colega y se tumbo en la cama sin ponérsela. Me puso tan nerviosa que se la puse le tripa, no sé ni como porque se la podía haber puesto en cualquier sitio - las tres nos reíamos solo de oírla. - De esto ni una palabra. Como se lo digáis os mató.
- Esto queda en familia. - le dije

César abrió la puerta y me dijo que ya había terminado, ninguno de los dos me contó nunca de estuvieron hablando tanto rato. Me despedí de las chica y pase a verle.

Estuvimos cinco minutos más y luego César y yo volvimos a casa. Me había quedado más tranquila al verle y más aún, al no encontrármelo solo en la habitación. Eran una piña si uno estaba mal, los demás le apoyaban.

Te esperaré, al final del camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!