Doce.

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Al día siguiente toda mi casa estaba en completo silencio. Nate se levantó como hasta las dos de la tarde, y lo peor es que se levantó de mal humor.

-Entonces, ¿Gemma?.-Preguntó mi mamá, asentí.

-Si, sí es que llega a ser niña.-Le dije, ella asintió.

-¿Has visto al medico?.-Me preguntó.

-No, sólo una vez.-Le dije sin mucha importancia.

-Tienes que hacerlo, quiero que mi nieto nazca bien.-Sonreí y asentí.-Y quiero que nazca, ¿cómo está eso de que pensabas abortarlo?.-Preguntó.

-Seamos sinceras mamá, éste bebé me traerá muchos problemas.-Le dije, me volteó a ver seria.

-¿Y quién tuvo la culpa?.-Rodé los ojos.

-Pues yo, ya sé.-Dije con fastidio.-Y Sam, él fue en que no uso condón.

-Tú tienes la misma culpa que él, ya que si tu no hubieras querido, no hubiera pasado nada.-Mi mamá tenía razón, y mucha.

-Si, también es mi culpa.-Dije ya sin argumentos.

-Me alegra que lo sepas.-Como siempre, ella con su ego.-¿Te has imaginado a Sam con un bebé?.

Mi madre usó un tono de ternura, lo que me hizo sonreír con ternura también.

-No, pero creo que será un buen padre.-Le dije suspirando, ella río.

-Lo mismo le dije a mi madre cuando estaba embarazada de Nate...-Reí.

-Y papá es el mejor.-Concluí.

Nunca pasaba por mi mente ver a Sam con un delicado bebé en sus brazos, al contrario me reía de verlo con un bebé en sus brazos. Tan lindo Sam.

Mi papá y Stew estaban en el living viendo un partido de fútbol, Nate estaba ahí, pero Nate estaba medio muerto en el sillón.

-Camila, hija.-Iba a sentarme, y en eso mi papá se levantó.-Quiero que me acompañes.-Dijo haciendo señas para que no me sentara.

-Papá, estaba a punto de comenzar a ver el partido, veo que van ganando los..esos.-Le dije viendo la tv para tratar de ver quien iba ganando.

-En la noche darán la repetición y podrás verla.-Dijo con una sonrisa fingida, rodé los ojos y lo seguí.

Lo seguí hasta el patio trasero con el calor que hacía en Omaha.

-¿Qué pasa, papi?.-Pregunté como toda niña tierna.

-Dame un abrazo.-Pidió, así lo hice y unos segundos después supe que estaba sollozando.-Mi niña a crecido demasiado rápido.-Eso era lo más malo de ser la única niña en la familia.

-Papá me harás llorar.-Dije sobando su espalda.

-Eso espero cabrona, para que sepas lo que me has causado, me has hecho llorar, Camila.-Reí, él también lo hizo pero llorando al mismo tiempo.

-Te amo tanto papá, no sé que haría sin ti.-Lo abracé aún más fuerte.

-¡Camila!.-El gritó de Sam hizo que nos separáramos.-Ah, hola suegro.-Lo saludó con una sonrisa.

Mi padre se aclaró la garganta y se limpió las lágrimas que le quedaban.

-Hola Samuel.-Sam río por el tono de seriedad de mi padre.-No te rías, no creas que me tienes muy contento.

Sam cambió su sonrisa por una mueca delgada de su boca, me burlé de él en silencio.

-Lo siento señor.-Dijo Sam serio.

-Cuida de mi hija, y de mi nieto muchacho.-Mi padre le dio una ‘leve’ palmada en el hombro y entró a la casa.

-¿Me vas a decir que le tienes miedo a tu suegro?.-Me bulré de él.

-No es gracioso.-Dijo serio y dándome una cadenita plateada.

Busqué la forma de la cadena y era una linda ‘S’.

-Dime que no es la cadena de la tonta de Stella.-Le dije viendo la cadena.

-No, es la cadena del tonto de Sam.-Él y su linda y gran sonrisa.

-¿Es de hombre?.-Pregunté, asintió.

-Pero todo lo de hombre se ve mucho mejor y sexy en las mujeres.-Me guiñó un ojo.

Lo miré raro y después reí.

-Ayudame a ponermela.-Me di la vuelta para que él colocará la cadena alrededor de mi cuello.

-Te tengo una sorpresa.-Susurró en mi oído y después besó mi cuello.

Tomó mi mano y ambos entramos a la casa de nuevo, salimos por la puerta principal y cruzamos la calle hasta su casa. No había nadie.

-¿Qué hacemos aquí?.-Le pregunté con una sonrisa.

-Tendremos nuestra primera cita.-Me guiñó un ojo.

Caminamos hasta la sala de estar y ahí había un tazón con palomitas, dos vasos con soda y una manta sobre el sillón.

-¿Cita?.-Pregunté.

-Veremos un maratón de The Walking Dead.-Y esa era la razón por la cual Sam era el mejor novio del mundo.

-Te amo tanto, feo.-Le dije abrazándolo, él sonrió.

-Yo más, aunque nuestra tierna cita podría terminar en algo más.-Dijo sobando mi espalda y tocando “sin querer” mi trasero.

-Olvidalo, podrías lastimar al gusano, por el momento no.-Le dije riendo y él río para después robarme un beso.


The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!