epílogo

386 38 18
                                        

Siento un calor extraño llenar mis poros, está todo iluminado, lo siento a través de mis párpados cerrados que de oscuros pasaron a rojizos, además que siento una brisa hacerme mover el cabello.

Abrí los ojos en aquel momento esperando ver lo que había en la luz del final de aquel túnel, pero no me esperaba verme siendo una bebé recién nacida ni mucho menos, ¿por qué? Porque sé que morí, pero aún recuerdo absolutamente todo de mí vida pasada: recuerdo a mi hija Ella, a mis nietos, y sobre todo, aún tengo a Lisa en mi mente.

Cuando mis ojos estuvieron abiertos por fin, me hallaba otra vez en aquel sitio con el que soñé desde el accidente de avión, el mismo pastizal, los mismos árboles, y la misma figura de mi amada sonriente de verme a unos palmos de distancia.

¿No morí? ¿Por qué estoy soñando con esto en lugar de ver mi nueva vida? Pues debo de estar dormida, al parecer lograron estabilizarme en el hospital y en cualquier momento podría despertar.

Lisa seguía sonriente frente a mí, mirándome con aquellos ojos esmeralda que juré buscar cuando renaciera, esa mirada tan llena de amor con la que me sentí protegida los meses que estuvimos juntas.

¿Por qué no correr tras ella como siempre lo hice? Total, últimamente he estado pudiendo alcanzarla y seguro esta vez iba a tardar más en despertarme.

Las dos comenzamos a emprender carrera, pero el cubetazo de agua me cayó en aquel momento: Lisa estaba frente mío, o al menos lo que yo proyectaba de ella, en lugar de una carta podía decirle adiós en aquel instante frente a frente.

Hablando de la susodicha, esta volteó la mirada y se detuvo, regresando a mí caminando con un semblante curioso. Al parecer mi cerebro quiere hablar con ella y decirle lo mucho que la ama como para cumplirme tal favor como si ella lo supiera.

Se que lo había escrito ya, pero tenerla en frente es muy distinto a regalarle unas palabras en la carta, habían muchas cosas más por decirle y que no quería que se quedarán vacías.

-Lisa... quiero que sepas que Jennie Kim como la conoces siempre te va a amar, te tendrá en su corazón y pensamientos como lo has estado desde el día que nos conocimos en aquella reunión, incluso si la reencarnación no nos permite volvernos a ver, quiero que sepas que haré todo lo posible por volverte a ver en alguna vida. Tu lo dijiste, amor, esto es un hasta pronto, un hasta pronto que tengo muchísimo miedo que sea un adiós definitivo, pero te lo repito, si no te vuelvo a ver, quiero que sepas que la Jennie Kim que ves aquí y que conociste en vida te amará toda la eternidad como no tienes ni idea...

En aquel momento dejé derramar mis lágrimas, y como si Lisa pudiera entenderme ella también comenzó a llorar.

-El día que te perdí, Lisa, desde ese momento me dediqué a cuidar a nuestra hija, y hoy ya es una adulta casada y con hijos, ¡tenemos nietos, Lili! -le sonreí, y Lisa esbozó una sonrisa mientras se acercaba a mí con lágrimas pasando por su mejilla-. Cumplí nuestra promesa, fui feliz a pesar de tu ausencia, Ella me ayudó a tener razones para levantarme a como tú querías que lo hiciera el día en que te perdí, gracias por haberme permitido ser madre, nuestra hija está bien y yo también lo estoy.

Lisa estaba a unos pasos de mí, no pudiendo soportar las lágrimas y chorreando varias líneas líquidas de sus ojos.

-No se cuanto tiempo me queda para verte, Lili, y perdóname que te lo repita, pero quiero que sepas te amé muchísimo Lisa, te sigo amando y te amaré por toda la eternidad, ojalá que mis miedos no sean reales y algún día podamos volvernos a ver y tengamos la vida que no pudimos disfrutar.

En aquel momento, yo tenía más lágrimas que Lisa en los ojos, un nudo en mi garganta me dificultaba respirar, y un pinchazo en mi espina apareció cuando Lisa limpió con su dedo mis lágrimas y puso su mano en mi mejilla. Ese calor suyo, el tacto característico que amé en vida lo sentía nuevamente, y aquella sensación era demasiado real para mí.

-¿Por qué te tendrías que ir, Jennie? -me sonrió, y en aquel momento, escuchar nuevamente su voz me hizo caer en lágrimas, sentir mi corazón vivo y mis oídos endulzarse nuevamente.

-¡Lisa! -escuché la voz de Jisoo acercándose a nosotras, y al voltear a ver, es que la misma reacción pasó en ella y en Rosé, quien estaba a la par de su amada, tan jóvenes como si no pasaran de los treinta.

-A ustedes también las aprecio mucho, chicas, muchas gracias por todo lo que hicieron por mí cuando estaban vivas, espero que en estos momentos estén sanas y salvas en sus nuevas vidas y puedan disfrutarla juntas.

Sin embargo parecieron no escucharme, o más bien inmersas más en su pensamiento.

Las dos se abalanzaron sobre mí, dándome un abrazo que, así como la mano de Lisa, sentí idéntico el tacto de ambas como cuando estaban conmigo en vida.

-¿De qué hablas sobre nueva vida y renacer, Jennie? -inquirió Rosé sin separarse de mí, abrazándome fuertemente.

-La nueva vida, Rosie, ya sabes, tú y Jisoo murieron juntas para renacer juntas, ¿o no te acuerdas? Cerebro, ¿no recuerdas eso?

Poco sabía yo lo que estaba ocurriendo, y fue solo cuando Lisa habló que comprendí la situación.

-No existe otra vida, amor, es el paraíso, moriste y ahora estás en el paraíso con nosotras.

¿Paraíso? ¿Entonces...?

-Tú... ¿Eres mi Lisa? ¿Eres tú, Lisa? ¿Eres mi Lisa? -inquirí comenzando a llorar por la idea de tener de frente al amor de mi vida nuevamente, quien llorando asintió con la cabeza mientras sonreía.

No lo dudé ni un segundo, me abalancé sin pensarlo sobre ella y procedí a llorar fuertemente sobre sus hombros, ella haciendo lo mismo con los mío. Aquel calor de su cuerpo, ese tacto tan cariñoso y amoroso conmigo, era Lisa, estábamos juntas de nuevo.

-Te extrañé mucho, Lisa... -berreé.

-Yo también, Jennie -hizo lo mismo.

En aquel momento, como si ellos quisieran retomar su encuentro, nuestros labios volvieron a juntarse con tal emoción y cariño como si hubieran pasado como seis décadas de no verse, mi boca por fin tenía aquel sabor dulce que tanto le gustaba y que no había podido volver a probar hasta ese momento.

-¡Ven Lisa, te haremos un tour por el lugar! -brincó Rosé secándose las lágrimas.

-Y en el camino ponme al corriente de todo eso de Ella y nuestros nietos -añadió Lisa luego de haber terminado nuestro beso.

Rosé se puso al frente y caminó dando brinquitos hacia el horizonte junto a Jisoo mientras yo la seguía tomando la mano de Lisa, con quien ahora tendría no solo unos meses, sino una eternidad entera por disfrutar a su lado.



Fin

Aquellos ojos esmeralda - JenlisaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora