Aquí expondremos los relatos ganadores de nuestro apartado de retos surrealistas. Si no sabes qué leer, puedes echar un vistazo aquí, y a lo mejor encuentras a algún autor o autora que te guste ;)
Se despierta al hallar una letra ausente. La vislumbra mientras se aleja etérea en mitad de su trance, mas al descubrir sus pupilas ella ya cumplía su escape. "Basta de letras" piensa mientras se calza sus zapatillas amarillas.
En realidad, sus verdaderas preferidas pintan la realidad de aquel tinte sangre. Sencillamente inutilizable. Mira a través de la ventana: Ausencia, también, de nieve. Una navidad llena de ausencias. Ausencia de letra, ausencia de zapatillas preferidas, ausencia de nieve, ausencia .. .
¡Ausencia de usted! Usted ni existe, usted pertenece a la Muerte, deje de enturbiar Navidad a través de ausencias. ¡Muera ya!
Es de noche, fría y esplendente con familias aglomerándose para celebrar la navidad. Las calles están decoradas con bombillas de distintos tonos, los niños cantan villancicos con alegría y en los hogares los abetos se hallan adornados de manera colorida y brillante. Las chimeneas arden con leña crepitante, el olor a galletas recién horneadas llena las cocinas y las risas y los abrazos el aire mientras las personas intercambian presentes y se desean felicidad gozando de deliciosas cenas y compartiendo historias acompañadas de sabores navideños.
He visto un millón de luceros en el crepúsculo, pero ningún otro como el hito del norte. Que reluce el triple que otros, sin ningún competidor que le quite el primer puesto. Pero después del solsticio de invierno; de que se creó un cúmulo de nieve que cubrió todos los domicilios, de los juegos y cuentos de los devotos del vino, del disfrute de los sitios embellecidos con luces y obsequios coloridos. Sorprendentemente, el hito del norte, empezó un descenso épico, como un piñón que quiere reunirse con el suelo, fue el principio del fin del festejo y del mundo.
«Contemplé los regalos junto al árbol. Las cajas engalanadas, con papel de colores, no daban señal alguna de contener lo que tanto anhelaba.
Cuando llegó la hora de destapar los tan esperados presentes, papá se ausentó unos cuantos segundos. Al volver, entre sus manos dejaba ver una pequeña caja que transportaba con esmero. La puso sobre el comedor. Note que todos me observaban.
Parada junto a la mesa, destapé el regalo, revelando al acto un pequeño gato de profundos ojos verdes y de un pelaje tan oscuro como el ébano. El llanto no tardó en emerger.
—¿Noche de Navidad en familia?Para Amy era bastante caro. Tenía gran cantidad de familiares y a todos debía comprar regalos.—Por el ojete se metan los deseos. Hará frio y no saldría de casa ni atada de pies y manos.La mamá de Amy la obligaba. Sin paga esa semana la amenazaba. De todos modos, en los primos se la gastaría si iba. Y nada tendría. —¡Sin cenar a la cama! —grito mamá enfadada.Y al día de Navidad, con la familia iba atada y arrastras.