Capítulo 1

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Mi nombre es Sair Jones, tengo dieciséis años y vivo en una pequeña ciudad llamada Crystal Paradise, Polonia, Europa; soy bajo de estatura tengo los ojos color verde manzana y el pelo ondulado color marrón, estoy en 9° en la segundaría y tengo dos amigos conmigo que son Caroline (Se pronuncia carolain) y Frederick.

— ¡Apúrate tortuga o te iras solo a casa!—Dice Frederick apresurado.

— ¡Está bien, espérenme!—sonriendo mientras los alcanzaba. Frederick es alto tiene 17 años y es jugador de fútbol, tiene los ojos marrón claro, pelo negro con un cuerpo muy atlético, es muy divertido y alegre, aunque siempre anda metido en problemas.

—Sabes he visto como el chico de 10° te ha echado el ojo más de una vez en el colegio—dándome un empujoncito con el hombro y me miraba con una picara sonrisita—sabes creo que ustedes dos harían una buena pareja, ja jajaja. —Riéndose con cara de diablilla traviesa.

—Pe-pero q-que locuras dices, —tartamudee avergonzado. Me había puesto rojo como un tomate—además el NO es de mi tipo, no me agrada...creo. —Dudo ante mi respuesta. Caroline es de estatura media, tiene la misma edad que yo, es escritora y dibujante, con ojos color celestes y el pelo largo y lizo con las puntas del cabello violetas y todo lo demás del pelo negro (Se había hecho las californianas), tiene un cuerpo esbelto, es muy entrometida y curiosa, pero aun así nos llevamos estupendamente.

—Chao chicos nos vemos mañana. —Me despedí y seguí caminando. Vivo con mi abuela ya que mi madre trabaja en el exterior y mi padre nunca lo conocí ya que es como los típicos padres que se largan a quien sabe dónde. — ¡Hola! ten esto es lo único que me queda de merienda. —Le dije con una mirada dulce y una sonrisa.

Cada vez que paso hay un chico que siempre está en el mismo lugar todas las tardes, creo que debe tener 18 o 20 años. Siempre esta callado alguna que otras veces meda las gracias o me saluda pero no es mucho en realidad, siempre que puedo le doy algo de dinero de lo que me queda de merienda o le doy mi almuerzo. Bueno yo siempre he pensado que "La alegría que le das a los demás es la alegría que vuelve a ti" aunque siempre me mira con una mira fría como si me estuviera observando con ese color oro intenso en sus ojos.

Narra Camilo

Como cada tarde Sair pasa por mi lado a saludarme y adarme dinero, pero así es la única forma de poder verlo todos los días...no lo creo, aunque como me gustaría poder abrazarlo y tenerlo cerca de mí, pero aunque quisiera...No...No puedo, lo pondría en peligro, aun no controlo mi lado salvaje del todo, si tan solo no hubiese pasado lo de aquella noche. Bueno quien sabe, tal vez nunca lo hubiera conocido o quizás lo hubiese conocido de otra forma, pero esos monstruos tuvieron que llegar esa noche y arruinar mi vida.

—Hola Daniel, dame una carne roja y un ron. —Dije secamente.

—Vaya hasta que al fin te veo, ya te doy tu orden, aunque ya que estas aquí me gustaría hablarte de algo si no te molesta. —No recibió respuesta por parte mía seguía con la misma expresión de seriedad y pensativo—Uhm...Camilo deberías dejar de estar viviendo en ese callejón y conseguir un lugar más decente en donde vivir, —Me mira preocupado—solo mira como estas, yo sé que el empleo que te di en el restaurante no es mucho pero...—Le interrumpo.

— ¡Solo dame lo que te pedí!—Le reclame—Por favor.

— Toma, es que meda lastima verte así. —Mirando hacía un lado.

— Sé que te preocupas por mí pero... solo...¡ains! por favor no te preocupes más, yo se cuidarme solo—Tratando de sonreír para poder darle a saber que todo andaba bien.

— Esta bien, pero ten cuidado por donde vallas, he oído que muy cerca de estos alrededores hay un manada de los valles altos vigilando a otros lobos para...bueno ya sabes. —Dice aterrado y pensativo.

— Si lo sé, debo controlar más mi lado 'animal'—tomando un sorbo de la bebida—, aunque ya ha pasado un año y aun no me acostumbro. Bueno te dejo. —Dejo todo en la mesa y me despido.

— Dale mis saludos a Diana de mi parte.

Es cierto que soy un hombre lobo y que puedo transformarme y des transformarme cuando yo quiera, pero cada luna llena la fuerza animal se hace más potente y me cuesta controlarme. Y debería preocuparme ya que si me atrapan los de la Corte Alfa me condenarían a muerte por no poder controlarme y ser un peligro para su existencia.

— ¡Hola! pequeño cachorro ¿Cómo te ha ido? —Me cae en la espalda.

— Así es como medas las bienvenidas a casa, Diana. —Le digo sarcásticamente.

— Bueno, es que te había extrañado mucho y que también quería sorprenderte— poniendo una cara de niña buena—pero veo que no lo logre.

Diana es una vampira, tiene como 113 años de edad y se ve joven para tener casi un siglo, con los ojos de color rojo y el pelo ondulado de color plata, la había conseguido en un parque cerca del restaurante de Daniel, ya hace un mes, le he preguntado de donde viene y donde estaban sus padres, pero no me ha dado mucho detalles sobre el tema.

— Y ¿Ya cenaste? —Pregunto como si se tratase de mi hermana pequeña.

— ¡Claro! —Responde con una sonrisa—Pero...las cajas de jugo que hace Daniel se acabaron. —Dice desconcertada.

— Bueno habrá que pedirle más mañana. —Le dije mientras que la sentaba a mi lado en el viejo sofá. Daniel es un hechicero o un alquimista aun no tengo claro cuál es su propósito en los bajos mundos, él es un vendedor de artilugios mágicos y pociones con algún efecto raro, el hace un líquido parecido a la sangre que ayuda a los vampiros a saciar su sed de sangre, es decir, como un alimento sustituto.

— Oye cachorrito ¿Te puedo hacer una pregunta? —Me dice inocente.

— Si dime—Correspondí.

— ¿Ya le dijiste a ese chico que te gusta, que estás enamorado del? —Me mira curiosa esperando a saber mi respuesta.

— ¡¿Eeeh?! Pues...no... Adema eso no es de tu incumbencia si... —Me interrumpe.

— ¿Y por qué no le dices? —me reclama—no tengas miedo a decirle, además él también le gustan los chicos ¿O no? —me dice con entusiasmo—además toda persona merece ser amado. —Son ríe.

— Si pero y... —Me vuelve a interrumpir.

— ¡Nada de peros! —Me replica.

¡¡Sigh!!Suspiro—Y si se asusta o no corresponde ese amor que tengo hacia él. —Siguiéndole la corriente mientras tenía una expresión de desilusionado.

—Entonces has le una declaración de que les gusta pero indirectamente, —tratando de buscar más soluciones alternativas— ¡Sí! ¿Cómo...? si se lo estuvieras diciendo pero como si fue un querer cualquiera. —Sonriendo a su brillante idea.

— ¡Esta bien! mañana se lo diré, ahora déjame descansar que mañana va hacer un día muy agitado para mi. —Busque una excusa para que ya no hablara más del tema.

— ¡Bien! duerme bien cachorrito. —Dice con cara de victoria de haber ganado una batalla. Bueno desde que vi a Sair me ha gustado y cada oportunidad que hemos cruzado palabras él me ha comentado que le gustan los chicos, pero como reaccionaria sabiendo lo que soy. Aunque no está demás intentar.

Mi Hombre Mi lobo¡Lee esta historia GRATIS!