5. Nuphar

178 12 2

Antes de salir del hangar, había que hacer dos pasos, uno era ducharse no podías entrar en la colonia con restos de agua salada, podía contener bacterias además de ser altamente corrosivo y el segundo era entrar en la cabina de descompresión, ya que en los hangares para evitar que se inundarán se usaba una presión de aire mucho más alta que en el resto de la nave. Así que primero pasamos a las duchas, donde nos quitamos el traje de neopreno y nos volvimos a poner la ropa que traíamos. Ya en la duchas la presión del aire era menor, por lo que no tuvimos que esperar demasiado tiempo antes de volver al interior de la colonia.

Para cuando salimos del hangar, se nos había echado encima la hora de comer, así que pensaba que Uriel daría por terminado el entrenamiento, sin embargo Uriel me preguntó si me apetecía comer con él y después de lo que había pasado no podía negarme, no fuera a pensar que lo hacía por lo que había pasado.

Para llegar a la zona de restaurantes había que subir a la superficie, y atravesar el lago central y recorrer algunos campos donde había plantado arroz y cereales. Era una zona muy bonita.

Me dejó elegir el sitio, así que le llevé a mi restaurante preferido se llamaba Nuphar, estaba situado en el pétalo de ocio. En uno de los laterales, había fuente con unas rocas a un lado y por ellas caía una suave corriente de agua.

Antes de entrar le mandé un mensaje a mi hermano para que no se preocupará diciéndole que iba a comer fuera con una amigas, su respuesta fue un simple ok. Me resultó raro que no me interrogará.

Elegimos una mesa cercana a la cascada para comer. El menú del día era arroz con marisco y de segundo merluza a la plancha. A los dos nos gustó el menú así que no miramos el resto de los platos. El silencio incómodo volvió a hacerse presente, desvíe la mirada hacia la cascada de agua que había a la derecha de nuestra mesa, me relajaba mirarla.

—¿Es una cascada? —me preguntó
—Sí, mi abuelo me contó cuando era niña que estaba ahí desde que se creó la colonia y que se le llamaba cascada de agua. El dueño del restaurante la creo porque le recordaba a su hogar en tierra firme, al parecer vivía cerca de una. Es el único recuerdo de la tierra que sobrevivió a la Ley del Mar.
—¿Qué dice esa ley? —me preguntó extrañad
—Durante los primeros años los primeros pobladores empezaron a sentir morriña y decaimiento al alejarse de su vida anterior. Los líderes de la colonia consideraron que si eliminaban de la vista todos los objetos que recordarán al pasado en tierra firme, conseguirían adaptarse más fácilmente. Así que almacenaron todo lo que venía de la tierra, libros, fotos en las que no hubiera personas, recuerdos de la tierra como piedras, arenas, etc. Cuando murió la última persona que nació en la tierra, hicieron una celebración conmemorando los años que llevaban viviendo allí en el que devolvieron los objetos a las familias. Esta cascada fue lo único que volvió a exhibirse públicamente. Son piedras reales de la cascada original.
—Ahora entiendo vuestra fobia por la tierra, nunca llegó a transmitirse ese anhelo, en las familias.
—Sí, supongo que muchas familias tomaron esa ley a rajatabla, aquí son bastantes estrictos con las normas. Aunque no todas las familias siguieron las normas, hubo bastantes recuerdos que nunca fueron entregados y algunas historias que los abuelos contaban han ido pasado a lo largo de las generaciones. Mi abuelo siempre me contaba cuentos de la tierra, eran sus preferidos y los míos. Si alguna vez intentaba contarme alguno basado en el mar me enfadaba.
—A tu abuelo le gusta también la tierra.
—Le apasionaba, por desgracia murió hace cuatro años. Se murió con la pena de no haber podido pisar la tierra. Si supiese que Cristalesfera existe sería tremendamente feliz —hablar de mi abuelo me provocaba inmensa tristeza.
—¿Le echas mucho de menos, no?
—Sí, él era la única persona que me entendía y yo a él, podíamos pasarnos horas hablando de las cosas que nos gustaría ver y hacer si pudiéramos ir.
—¿Qué es lo que más te gustaría ver o hacer allí?
—Descenso en canoa por los rápidos, poder observar las montañas y los cauces de los ríos donde están los nidos de los pájaros. ¿Y a ti?
—La verdad es que... nunca lo había pensado. Pero lo cierto es que me ha gustado mucho tu idea.

Para ese momento, ya habíamos terminado el segundo plato.

—¿Qué te vas a pedir de postre? —me preguntó Uriel—. ¿Qué me recomiendas?
—El flan de sandía, es mi postre preferido. Está hecho con huevo, harina de maíz, zumo de sandía y azúcar. Es el postre típico de Puertonenúfar.

A Uriel le pareció buena idea. Según parece nunca no lo había comido y le encantó.

Todo había salido perfecto la comida exquisita, la compañía inmejorable y no habíamos coincido con nadie que pudiera ir con el cuento a mi familia. Hasta que salimos del restaurante y me topé de bruces con mi hermano en la puerta.

—Hola hermanita —me quedé petrificada sin saber que decirle.
—Hola —mi hermano iba acompañado por una compañera de carrera, llevaba años enamorado de ella, aunque nunca se había atrevido a pedirle salir. Me sorprendió verlos a los dos solos.
—Yana, ¿Tu no estabas con...? —me iba a preguntar Orlando pero no le deje acabar.
—Con un amigo, él es Uriel, vino hace unos días desde la colonia Cristalesfera para darnos una charla. Ayer me preguntó dónde estaba la piscina que quería ir y me ofrecí a acompañarle —¿Por qué me estaba justificando? Él también estaba con ella y no me lo había contado. Ambos sabíamos que no nos interesaba responder a ninguna pregunta comprometida en ese momento, así que mantuvimos esa mirada que solo tienes con esas personas con las que tienes una complicidad especial y con una sonrisa de te he pillado, nos despedimos. Al volver a casa tendríamos una de nuestras charlas de hermanos.

¿Qué entrenamiento le tendrá preparado para la tarde no había querido contarle nada durante la comida? ¿Qué pasará? Lo veremos en los próximos capítulos. No se olviden de comentar, y si les gustó pulsen en la estrellita.

Cristalesfera¡Lee esta historia GRATIS!