-Isa, Isa – me cogió del brazo Lucas.
-Te he dicho que no tienes derecho a llamarme Isa.
-Bueno, lo siento.- golpeé las manos de Lucas, que seguían agarrando mi brazo.
-¿Qué quieres? – pregunté.
-¿No es obvio? – sus manos pasaron de mi brazo a mis manos.
-No.- solté sus manos, y al instante me arrepentí de haberlo hecho.
-Toma.- dijo sacando una oreo de sus bolsillos y ofreciéndomelas.- te prometo que estas no tienen notitas.
-Pero pueden estar envenenadas.- bromeé.
-Jamás haría eso.- se rio, y luego de una soltó – bueno tal vez.
-¡Lucas! – repliqué mientras lo golpeaba.
-¡Deja de maltratarme! – dijo haciendo pucheros.
-¿Sabes por qué las oreo no tienen una notita esta vez? – preguntó cuando por fin deje de golpearlo.
-Porque casi me la como, y muero.
-Bueno, esa es una razón.- ambos reímos.- Pero no tiene nota porque esta vez quiero preguntártelo de cara.
-¿Qué cosa?- pregunté mientras intentaba controlar mis inquietas manos.
-Si querías ya sabes... Salir hoy.- por lo menos no era la única nerviosa.
-Hmmm, bien.
-¿En serio?,Perfecto, ¿Paso por ti a las seis ?–preguntó
- Sí, genial.
Ambos nos miramos fijamente sin saber que decir, todo esto era tan raro.
-Espera, no sabes donde vivo.- recordé, y ambos nos reímos.
Cogí un bolígrafo y anote la dirección de mi casa en la palma de su mano.
-Bueno, tenía papel, sólo me lo hubieras pedido. – bromeó
Ambos nos reímos. Cuando terminaron las risas, el ambiente no podía ser más incómodo.
Pero esperen, sí que podía.
Lucas se acercó hasta mi oído y susurró:
-Prometo que hoy todo estará en paz, no seré un ladrón de galletas.
Dicho esto, me plantó un beso en la mejilla y se fue con paso apresurado.
N/a : ¿Notaron que como los amo mucho, los capítulos son más largos ? También cambie la forma de narrar. Espero que les guste, me encantaría que me dijeran que tal les parece.
¡Mil gracias por leer!
