Capítulo 21.

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—¿Tomaste una decisión? —le preguntó Zack al verla entrar a la habitación.

Ella asintió y se quedó de brazos cruzados, con un hombro apoyado en el marco de la puerta mientras él se desvestía. Recorrió con la mirada el cuerpo delgado, fibroso y dorado, desde su torso, de espalda ancha y cintura estrecha, hasta sus piernas musculosas. Sin embargo, era inevitable fijar los ojos en su sexo, preparado para ella, que descaradamente él le mostraba.

—¿Te quedarás? —volvió a interrogarla. Debby podía notar que estaba tenso. Ansioso. Quizás tanto como ella.

Asintió de nuevo. Él, al conocer su respuesta, relajó las facciones del rostro y estiró una mano como invitación. Debby dudó por un segundo, pero luego, se acercó. Expectante.

—No podrás irte. —La apresó entre sus brazos, fijándola a su cuerpo—. Al menos, por un tiempo.

Ella se dejó absorber por su profunda mirada. Por momentos le parecía que Zack estaba inseguro y cuando lograba tenerla entre suss manos la sujetaba con fuerza, como si temiera que escapara.

—Deberás confiar en mí —continuó. Con una mano le acarició la mejilla, para luego hundirla en sus cabellos. La tomó por la nuca y la acercó a su rostro—. Y no le contarás a nadie lo que te diga. —Le mordió el labio inferior con suavidad. Ella gimió, pero Zack la calló con un beso apasionado.

Debby estuvo a punto de perder la conciencia. Quiso aferrarse a su cuello y hundirse más en su boca, pero él la detuvo, la apartó y comenzó a desvestirla.

—¿Harás lo que te pedí?

Ella solo asintió, con el rostro enrojecido por el deseo y la respiración agitada. Al tenerla desnuda, la observó maravillado. Le cubrió los pezones con los nudillos y los pellizcó para endurecerlos más.

—Así no. Dilo. —Ella lo miró confusa mientras él le cubría los senos con las manos—. Dime si lo harás o no.

Debby abrió la boca para responderle, pero lo que emitió fue un jadeo. Él se inclinó y sorbió uno de los pezones, lo acarició con la lengua al tiempo que su mano jugueteaba con el otro.

—No te escucho, Deborah —le exigió mientras sus atenciones pasaban de un seno a otro.

La temperatura de Debby aumentaba, sentía correr la sangre en sus venas. Zack la torturaba, la obligaba a girar en un torbellino de pasión extremadamente agradable.

—Sí... —respondió en medio de gemidos.

—No te escucho —porfió. La dirigió a la cama y la depositó sobre el colchón sin dejar de acariciarla.

—Sí —repitió.

Él se arrodilló frente a ella y le acarició los muslos.

—Eres tan hermosa. Tan perfecta.

Su rostro se embriagó con la figura grácil y aterciopelada de la mujer. Su mirada se volvió más hambrienta. La necesitaba con urgencia.

La tomó por debajo de las rodillas y comenzó a abrirle las piernas, pero ella lo detuvo.

—No. —Zack la miró estupefacto. Inmóvil—. Quiero ir arriba.

Él expulsó todo el aire reprimido en un bufido y tragó saliva antes de obedecerla. Se recostó en la cama y esperó anhelante a que ella se ubicara.

Debby se sentó a horcajadas, frotó su sexo húmedo con el de él. Zack gimió al sentirla y alzó las manos para tocarla, pero ella las regresó a su sitio.

—No te muevas o me bajo.

Él quedó de piedra, con los ojos tan abiertos como platos. Las manos de ella comenzaron a recorrerlo: los brazos, hombros y pecho, hasta detenerse en sus tetillas, que rozó y pellizcó con la punta de los dedos para luego acariciarlas con la lengua. Se sentía satisfecha al verlo profundizar la respiración y cerrar los ojos. Extasiado.

—Quiero saberlo todo —le dijo, mientras subía para besar y clavar los dientes de forma seductora en su cuello—. Sin rodeos.

Se incorporó y colocó el sexo en la punta de su miembro.

—No volverás a irte sin una explicación —exigió, moviendo las caderas en círculos. Zack jadeó e intentó levantar de nuevo las manos, pero ella se lo impidió—. Ni me tratarás con rudeza.

Comenzó a bajar con lentitud, hasta que, de manera repentina, se detuvo. Zack la observó con los ojos enfebrecidos.

—¿Lo harás?

El asintió, con el corazón desbocado en su pecho.

—Dilo —le ordenó y giró las caderas para aumentar la tortura.

—Sí —expresó él con voz ronca en medio de un gemido.

—No te escucho —reclamó y subió despacio para sacarlo de su interior.

—¡Sí, maldita sea, haré todo lo que quieras! —rugió Zack con la mirada enloquecida clavada en ella.

Debby sonrió satisfecha y lo absorbió por completo hasta arrancarle un grito de goce. Sin darle tiempo a recuperarse, lo cabalgó con energía, le apresó las manos sobre la cabeza y se devoró su boca.

Se sentía poderosa e indomable mientras escuchaba los sonidos frenéticos que él emitía en medio de la lujuria. El placer le recorría la piel y se la volvía tersa y sensible.

—Oh, Deborah... Deborah... —intentó hablar Zack, pero la necesidad por respirar y los incontrolables gemidos no se lo permitían—. Corazón, no te vayas... no me dejes —le decía. Ella se hundió en su cuello para sollozar el ímpetu que la invadía y le nublaba el entendimiento—. Quédate. No quiero volver a estar solo.

El culmen les explotó de forma imprevista ocasionándoles espasmos que parecían no detenerse nunca.

Debby alzó con dificultad el rostro y lo miró abatido, con los ojos adormilados y húmedos. Zack le dedicaba una mirada tierna. Satisfecha.

—Por favor, quédate... —susurró él.

Un cosquilleo le recorrió el cuerpo entero, hasta detenerse en su vientre. Se acercó y le besó los labios, aún temblorosos por el estallido de energía que había experimentado.

—No me iré —le aseguró y cayó rendida sobre su pecho, consciente de nunca podría fallarle.

Ese día, Zack se había robado una parte muy importante de ella.

Los secretos del corazón (Borrador completo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora