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18. Punto de inflexión

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El miércoles de la semana siguiente, su madre llegó llorando a mi casa. Acababan de hablar con Nick por teléfono.
- ¿Qué te pasa? ¿Qué ha pasado? - le preguntó mi madre
- Es Nick, nos acaba de llamar. Dice que vayamos a buscarle, que quiere volver a casa.
- Pero no puede abandonar ahora, ya está tan cerca de poder andar. - dijo mi madre
- Cada vez que le decíamos que tenía que ser fuerte, se ponía a llorar. Dice que tenía agujetas, que estaba cansado. Ya no sabíamos que decirle para animarle, cada vez que le decíamos algo se ponía peor. Al final hasta nos ha cortado.
- Vamos no te preocupes, es normal que le den bajones. Lleva casi dos meses encerrado, sin salir. - dijo mi madre.
- No sé que podemos hacer.
- Estábamos pensando en traérnoslo unos días a casa.
- No creo que sea una buena idea, sacarle de su ambiente. Ahora ya esta acostumbrado a una tarea, y si le traéis a casa. Después será peor. - le dijo mi padre.
- Es posible, pero como le vamos a dejar así. Sin hacer nada.
- ¿Sabes porque esta así? ¿Precisamente ahora? -dijo César
- ¿Por qué?, César - dijo mi padre
- Sabéis que día es mañana.
- El cumpleaños de Bea y Luis. - dijo mi padre - Es muy posible que haya influido.
- Creo que si mañana lo dejamos a solas con Bea, se animará. - dijo César
- ¿Qué? Yo lo que creo, es que confías demasiado en mí. - le dije.
- Nick, no será capaz de decirte que se quiere ir. - dijo César
- César, yo no puedo pedirle que se quede allí, si no quiere.
- Bea, escúchame. - me dijo Luis. - Nick no quiere dejar la clínica realmente. Él quiere recuperarse y cumplir lo que te prometió, pero te echa de menos. Piensa que estás fuera y que pueden estar pasando muchas cosas y que cuando salga no vas a estar. Yo estoy con César creo que lo que le pasa es que mañana le gustaría estar aquí, contigo, con nosotros. Estoy seguro de que si mañana pasas el día con él en la clínica se le olvidará todo, y recuperará las ganas de seguir allí.
- ¿Tú crees, Luis?
- Si alguien puede hacerlo, esa eres tú. -me dijo Luis con una sonrisa -Dile que le echas de menos. Que estás a su lado. Que te llame cuando necesite algo. No sé demuéstrale que estarás a su lado cuando salga.
- Tiene razón Bea. Nick te adora. Ayúdale en lo que puedas. - me dijo mi padre.
- Lo intentaré, pero y si no puedo.
- Pues si no puedes, nos llamas y te enviamos a la caballería. - dijo mi padre
- ¿Por qué no intentas llamarle ahora? - dijo César
- ¿Ahora? Y ¿Qué quieres que le diga? - le contesté
- Hoy no has hablado con él, ¿no?
- No
- Pues llámale como hacéis todos los días y pregúntale como está. ¡Como si no supieras nada!
- Me parece bien, pero me voy a arriba.

Subí las escaleras pensando qué iba decirle porque no podía darse cuenta que ya lo sabía. Cogí el móvil y con muchas dudas marqué su número. Su móvil sonaba y sonaba y nadie cogió el teléfono. Volví a llamar y al cuarto o quinto toque paró, pero no había respuesta. ¡Me había cortado! Esperé unos segundos y volví a marcar. Esta vez si hubo respuesta pero no la esperada "el número marcado está apagado o fuera de cobertura". Nick había apagado el móvil. Volví a bajar y allí estaban todos esperando.
- Me ha cortado la llamada. No he podido hablar con él. - les dije
- ¿Lo has vuelto ha intentar? - me dijo César
- Si... Lo ha apagado.
- ¿Qué? Debe de estar muy mal. - añadió Vero
- Sí y siempre lo paga conmigo.
- No dejaremos que pase de nuevo. Mañana si quiere decirte que no quiere verte, tendrá que decírtelo él. - dijo su madre con cierto tono de mosqueo.

¿Cuando me había convertido en pañuelo de lágrimas de Nick?, pero Luis no se quedaba atrás, él hacía lo propio con Vero. Vero también estaba un poco tocada después de oír a su hermano en ese estado. Se habían unido mucho en el tiempo que Nick estaba en la residencia. Vero cada vez que se sentía sola venía a buscar a Luis. Y Luis la cuidaba como si se tratara de su propia hermana. No me hagáis mucho caso pero es posible, que salga una nueva pareja de todo esto.

Así que a la mañana siguiente, allí me tenéis a las once y media en la clínica, fui hasta su habitación pero no había nadie, pensé que estaría en el gimnasio, así que fui hasta allí. Cuando llegué al gimnasio, me asomé por la ventanita de la puerta. Nick estaba allí sentado en la silla de ruedas y delante de una barras paralelas, me imaginé que sería para ayudarle a andar.
- Roberto, tú puedes irte, pero Nick, tú no te vas a ir hasta que no lo hagas. - dijo Mario,

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!