₀₁ 1. Huracán

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TUYO SIEMPRE

Mía De Álzaga
24 | aries | modelo

Patricio Sardelli36 | acuario | músico

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Patricio Sardelli
36 | acuario | músico

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ALGÚN PUNTO DE ABRIL, 2022

—¡Bien, eso es todo por hoy! —la voz del director resonó en la sala— ¡Gracias a todos!

La producción de fotos había terminado para Mía De Álzaga, por fin.
Se cambió con rapidez y se despidió del equipo antes de salir del edificio. Y entonces, le sonó el celular.

—¿Hola?

—¿SALIMOS?

Sol. Por supuesto que era Sol.
Su mejor amiga y compañera de desastres. Rubia, alta, modelo y pintora, magnética.

—¿Ahora? —se rió Mía, metiendo un billete en la máquina de café— Estoy a punto de tomar un café.

—Bueno, dejá el café y mentalizate para el fernet. Te paso a buscar en diez.

—Sos insoportable.

Mía miró su reflejo en la máquina de café. Top blanco strapless, pollera de jean, zapatillas.

—¿Da caer en zapas?

—¿Querés que te lleve unas botas negras?

—Dale.

A los diez minutos, Sol llegó —con Memories de David Guetta al palo.

Mía se retocó el maquillaje y se cambió el calzado, sintiendo como el cansancio del día se iba.

Algo en esa noche prometía ser distinto...

En el boliche, la música envolvía cada rincón.

—¡Dos gin, porfa! —pidió Sol en la barra.

Un trago. Y otro. Y otro.

Ambas amigas bailaban con una sincronización que parecía ensayada. Pero no, era su conexión.
La música las guiaba, sus brazos se estiraban al cielo y sus voces se perdían en el aire.

—¡Te amo! —le gritó Sol.

—¡Yo más! —se rió Mía, abrazándola.

Las miraban, pero a ellas no les importaba. Algunos valientes se acercaban con tragos y comentarios ingeniosos, pero casi siempre terminaba igual: con ellas escapando para seguir bailando juntas.

El humo, las luces de colores y el calor de la multitud creaban una atmósfera casi irreal.

En un momento, Mía perdió de vista a Sol. Confundida, la buscó entre la multitud.

En esa distracción, alguien pasó demasiado cerca, haciéndola perder el equilibrio. Tropezó hacia atrás, con un pequeño grito ahogado, preparándose para el golpe contra el piso.

Pero nunca llegó.

Unas manos firmes la sujetaron antes de que pudiera caer.

—¿Estás bien?

Una voz grave, que vibró en cada centímetro de su cuerpo.

Alzó la mirada y lo vio.

Ojos oscuros, letales. Morocho, con reflejos rubios y gorra gris. Varonil, imposible de ignorar. No sonreía, no lo intentaba. Solo la miraba intensamente, como si nada pudiera moverlo de ahí.

—Creo que sí —se rió ella, más por la situación que por el golpe.

Él no la soltó de inmediato. Al contrario, se inclinó un poco más hacia su cuerpo.

—Interesante forma de presentarte la tuya.

Mía sonrió, divertida.

—¿La mía?

El doble sentido la hizo reír. Y casi sin pensarlo, deslizó las manos por la nuca de él.

Pero entonces, recordó a Sol. La buscó con la mirada hasta encontrarla. Su amiga estaba con un rubio alto de sonrisa tierna, que le decía algo al oído haciéndola reír.

Lo miró al morocho, que también observaba la escena divertido.

—¿Y vos cómo te llamás?

—Pato.

Mía asintió apenas, sintiendo el calor acumulado de la noche.
No supo qué hacer.
Así que dijo:

—Voy al baño.

Pero no pudo ir muy lejos.

Él atrapó su muñeca y la acercó otra vez —tan cerca— que sus rostros quedaron a centímetros.

—Pará —susurró con una risa que la desarmó—. No puedo dejarte ir sin que me digas tu nombre.

Mía miró sus labios un segundo. Luego, volvió a sus ojos, con una sonrisa divertida.

—Estuviste flojo, Pato. Ya te lo dije, ¿no me escuchaste?

Y así, se soltó, sintiendo su mirada en cada paso hasta alejarse.

Más tarde, Mía se quedó hablando con un morocho de sonrisa linda.

—¿Pensás pasarme tu número o no? —dijo él.

Ella contestó, con una sonrisa segura.
—Yo te agendo.

Pero al buscar su celular, se dio cuenta que algo faltaba.

—¡Mi cartera...! La dejé en el baño.

Corrió al baño casi. Y milagrosamente, la cartera seguía ahí.
Salió del baño.
Y chocó con alguien.

—¿Otra vez?

Reconoció esa voz al instante.

—¿Me estás siguiendo, Pato?

—Estoy seguro de que es al revés.

Los dos se rieron —esas risas genuinas que salen del estómago.
Pero ninguno llegó a decir algo más.
Unos flashes de cámara los envolvieron.

—¡Pato! ¡Pato, mirá acá!

—¿Quién es la chica?

¿Qué carajo?

Patricio no la pensó. Agarró a Mía y la guió lejos. A una puertita.
Entraron rápido, dejando atrás a los fotógrafos.

—¡Flaco! ¿Por qué hiciste eso? —exclamó ella, entre sorprendida y molesta—. ¡Ahora van a pensar cualquier cosa!

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Es la reina de la ciudad
No era fácil cómo pensás, no
Es un huracán, una sensación
Que no conocía hasta el día de hoy
































holaaa

Tuyo Siempre es mi primer novela, estoy muyyy feliz de compartirla con ustedes. no planeo seguir interrumpiendo la lectura, solo decir que, al ser un fanfic, la línea temporal no siempre va a ser tal cual a la realidad por motivos narrativos.

me voy, gracias por leer ❤️

𝐓𝐔𝐘𝐎 𝐒𝐈𝐄𝐌𝐏𝐑𝐄 - 𝐏𝐀𝐓𝐑𝐈𝐂𝐈𝐎 𝐒𝐀𝐑𝐃𝐄𝐋𝐋𝐈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora