17. Fútbol aeróbic y cine

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En la quinta semana, notamos a Nick un poco decaído de ánimo. Estaba más callado que de costumbre. Normalmente nos hablaba de lo que había hecho durante la semana o de lo que planeaba hacer la siguiente. Pero esa semana, ¿no? Simplemente nos escuchaba.
- ¿Qué tal la semana? - le pregunté después de un largo silencio.
- Bien
- ¿Solo bien? - añadí
- No se. Bien. Como siempre
- Nick, ¿Qué pasa?
- Nada de verdad. Solo estoy cansado.
- La semana pasada, dijiste que quizás ibais a empezar a poneros de pie. - le preguntó Cesar.
- Si mas o menos. Al final de la rehabilitación nos ponemos de pie, durante unos segundos y después nos volvemos a sentar.
- Entonces, ya estáis avanzando.
- Supongo. Solo dedicamos diez minutos a ese ejercicio el resto del tiempo es repetir y repetir, siempre los mismos ejercicios, día tras día. No hemos avanzado demasiado, en las últimas dos semanas.
- Mario sabe lo que hace. Si no avanzáis a la siguiente fase es porque cree que debéis tener más fuerza en las piernas..
- Lo sé. Pero es muy frustrante. Solo de pensar que estamos ya a mediados de agosto, y que todavía no he conseguido ni llegar a medio recorrido. Son ya cinco semanas. A este paso voy a perderme todo el curso.
- Sabes que te dijeron que tendrías que estar de cuatro a cinco meses. - le dijo Cesar - y llevas poco más de uno.
- Ya, pero como al principio avance tan rápido, quizás me hice ilusiones. Se que tienes razón que solo he cumplido una cuarta parte de la condena.

Cuando le oía hablar así, se me inundaba el corazón de culpabilidad. Podía a ver hecho algo más. Quizás podría haberle cogido de la mano . Me decías a mi misma. Me sentía tan culpable a veces. Que no me salían palabras de consuelo para él.
- Verás como dentro de muy poco ya empiezas a poder ponerte de pie y ver las cosas desde otro punto de vista.
- Lo sé. Dejemos el tema. Contarme que tal vuestra semana. ¿Qué tal el partido? Tuvo que ser emocionante. ¿Qué paliza les dimos?
- Ya te digo. Los barrimos del campo desde el principio. Venían de estrellas y salieron estrellados.
- Estos culés, marcaron el primero, y se echaron a dormir. Viste el primero del Sevilla por toda la escuadra.
- ¡Que si lo vi! El estadio se venía abajo. Pero a mi me gusto más el segundo, cuando sorteo a tres y se quedó delante del portero y por debajo de las piernas zas.
- Dijeron por la tele que se había vendido todo.
- Había gente por todos lados. Padres, hijos, abuelos, de todas las edades. Había un huevo de pivas. - dijo César.
- ¡Qué envidias me das, me hubiera gustado estar allí!
- La próxima vez. Ya estamos en racha.
- ¿Quiénes fuisteis al final?
- Fuimos el Rulo, Juanca, y Chemi.

Vaya tres, a cual más pinta. No sé como se puede llevar Cesar bien con ellos. Son tíos que beben, fuman, cada vez que salen lían alguna. Una noche hasta acabaron detenidos por pelearse. Menos mal que Cesar no estaba con ellos ese día. Si pillan a César en una pelea, le pueden acusar de agresión con arma blanca, por ser experto en artes marciales.
- ¿Y tu Luis? Espero que cuidaras bien de mi hermanita.
- Por supuesto. La deje en casita en perfecto estado.
- No esperaba menos. ¿fue muy dolorosa la experiencia?
- ¡Que va! Pensaba que seria un rollazo, pero me lo pase bien. Mi dieron ganas de apuntarme el año que viene.
- ¿Estas de coña?
- No que va. No puedes hacerte una idea de los cuerpazos que tenían todas. Y lo mejor solo había un par de tíos. Hicieron una exhibición de acrobacias estilo chearleader. Eso ya te digo yo que une mucho.
- Luis, ¡Qué estas hablando conmigo! ¡Que nos conocemos! Y tú no eres de esos.
- Ya. No sabes lo que nos perdemos. No todos tenemos la suerte que has tenido tú. No todos podemos tener a la chica de nuestros sueños.
- Si que es verdad, he tenido mucha suerte. No todas hubieran venido a verme hacer el ridículo con un balón.
- No hiciste el ridículo. - le conteste
- A no, me pitaron tres veces pasos y solo metí cuatro canastas.
- Era la primera vez. La próxima seguro que va mejor.
- Si, seguro a peor no puede ir.
- ¿Cómo va el tema de los pasos? - le preguntó Luis.
- No puedes impulsar más de dos veces seguidas la silla sin botar el balón.
- Y mientras que te impulsas ¿Qué haces con el balón?
- Lo puedes poner sobre las piernas.
- Curioso.

A lo lejos vimos a Laida, estaba sentada en un banco tenía un libro entre las manos, pero no lo estaba leyendo tenía la mente en otra parte. Seguí su mirada hasta dar con la fuente de su ensoñación, estaba mirando a lo lejos a Fran, que estaba haciendo ejercicios en la piscina.
- Por lo menos, ayudaste a Laida. ¿Sabes que ahora se viene a comer y todo? - me dijo
- Me alegro. Estaba bastante tristona. Yo creo que le gusta un poquejo Fran.
- ¿Fran? Pero que dices. Eso es imposible. Sino hacen nada más que tirarse pullitas en uno al otro -se quedó pensativo un rato. -Aunque si lo piensas bien tiene su lógica.
- No le digas nada.
- No, yo calladito. Ahora entiendo porque el otro día le soltó eso a Fran. Fran estaba vacilando sobre los musculitos que le estaban saliendo y sobre lo que iba a ligar cuando saliera. Y le soltó que bajara a la tierra. Pero como a Fran le va la marcha, va y le siguió el juego y estuvieron un rato vacilándose. Yo creo que también le gusta Laida. Ya te iré contando como acaban estos dos.
- Si por porfi.
- ¿Y tú que tal? Beita. ¿Cómo te fue en el cine? - Al final surgió la pregunta.
- Bueno fue,... no se. Quizá no debería haber ido.
- Tan mal fue. ¿Estás bien? - Me dijo cogiéndome las manos con fuerza.
- Estoy bien, - le dije pero creo que no sonó muy convincente
- Cuando me lo contaste pensé que no era buena idea, debí haberte dicho algo, pero no quería ser yo él que lo hiciera.
- Yo también lo sabía. En fin,... sabes que me preguntaron por ti.
- ¿Así? No lo harían delante de tus amigas.
- No, no te preocupes, estaba yo sola. Me llamo la chica de la cafetería mientras hacíamos cola. Dice que se asusto mucho y que estuvo sin dormir dos días. ... Me voy a poner celosa.
- Yo solo tengo ojos para ti, ya lo sabes.
- Gracias. Y no te preocupes, ya está olvidado.

Salimos un poco decepcionados, la verdad es que no sabíamos si habíamos conseguido animarle. O si habíamos contribuido a su pesimismo y lo peor es que nos lo había contagiado a los demás. Nick había dicho algo que se me quedo grabado, que solo llevaba allí cinco semanas y que le quedaba tres cuartas partes de condena. Se habían hecho eternas.

Te esperaré, al final del camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!