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Giró la perilla con cuidado, no queriendo hacer ruido.

Ellos escuchaban todo.

Abrió la puerta y cerró sus ojos con fuerza. No quería saber qué se encontraba allí dentro. El lugar que le había quitado tanta gente y tanta felicidad y esperanza. Un lugar con olor a muerte por todos lados. Como si la Santa Muerte estuviese paseando por todos lados, llevándose vidas y haciendo con ellas lo que se le antoja. Tomo aire y abrió sus ojos, no había nada. Estaba vacío y sucio. Se abrazó a si mismo y frotó sus manos en sus brazos en busca de calor.

Volvió a cerrar sus ojos, y suspiró, agachandose y tomando aire. Puso sus manos en el suelo con cuidado, miedo.

Sintió algo líquido y viscoso escurrir entre sus dedos ni bien los puso en el suelo. Frunció el ceño con asco y abrió los ojos.

Un charco de sangre lo rodeaba, manchando su ropa y sus zapatos.

Se vio las manos y a su alrededor aterrorizado, asqueado. Sintió el vómito ácido en su garganta he hizo arcadas. El olor putrefacto lo mareaba y sobre todas las cosas, le daba asco.

Siguió una línea de sangre con la mirada, con su cuerpo temblando. Sus ojos verdes avellana estaban abiertos y su boca con labios finos y un poco carnosos temblaba.

Abrió aún más sus ojos cuando llegó al final del rastro de sangre.

Bob. Mamá. Alexei. Bárbara, y un par de doctores locos más que trabajan en el laboratorio, estaban parados con sus heridas abiertas, con la sangre saliendo de ellos y sus rostros cansados y con rastros de lágrimas.

Ellos lo apuntaron.

"¡Asesino!"

Comenzaron a gritar con una sonrisa cínica y las pupilas dilatadas.

Sus cuerpos en descomposición emanaban un olor horrible y putrefacto.

Cayó hacia atrás, golpeando su espalda y cabeza en el enorme charco de sangre debajo de él manche toda su ropa y cabello.

Un pitido cruzó su cabeza, como si fuera un disparo, callando un poco sus gritos y todo escuchandose como un horrible eco que se repetía tortuosamente taladrando sus oídos. Cerró los ojos por el dolor.

Sintió una mano en su hombro y abrió los ojos. El cabello castaño y desordenado de su madre lo recibió, junto a su pálido y frío cuerpo en descomposición. Sus ojos dulces de color blanco, un blanco penetrante que le dió escalofríos.

Abrió sus ojos sorprendidos y desesperados y gritó con todas sus fuerzas. Su madre se acercó a su oído y le susurró con una raposa voz, una terrorífica voz;

"Fred Benson sigue"

Abrió sus ojos y se sentó en la cama suave con una rapidez inimaginable. Su corazón palpitaba con fuerza y estaba cubierto completamente por una capa de sudor frío. Su cabello estaba pegado a su frente. Pasó su mano por su cara y juntó sus piernas a su pecho, escondiendo su rostro entre sus rodillas y comenzando a derramar lágrimas. Una tras otra, cayendo por sus mejillas y creando un recorrido por su mentón hasta llegar a la cama y mojar las sábanas desparramadas a su alrededor.

Estaba asustado, confundido. Estaba volviéndose loco. Estaba desesperado, pero se negaba a pedir ayuda. Su orgullo podía más que ese sentimiento ahogado de desesperación. Además, los otros tenían sus propios problemas.

Se levantó de la cama y comenzó a caminar a la cocina para tomar agua y deshacerse de ese asqueroso sudor que estaba en toda su espalda.

Se quitó la ropa y se metió a la ducha. Prendió el agua caliente, pero de repente todo se volvió frío y oscuro, vacío. Su corazón se aceleró. Sabe lo que eso significa, lo que esos tentáculos en la pared significa, lo que significa ese viento que te hace estremecer.

What If...? • BylerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora