Epílogo

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Perdí el contacto con Dylan al pasar el tiempo. Ambos rehicimos nuestras vidas, encontramos nuestro sitio en el mundo. Yo era feliz y seguramente él también lo era. Supe por terceras personas que se casó y tuvo la dicha de tener dos bebés jimaguas, de diferentes sexos, a los cuales nombró como siempre soñamos desde adolescentes. Y eso no dolió, por si se lo están preguntando. Nunca me consideré una persona egoísta y siempre deseé su felicidad, a pesar de todo el daño que un día me causó. Lo perdoné en su momento, entendí sus razones y retomamos incluso la amistad que teníamos desde antes de ser pareja.

Con Josh finalmente experimenté el contacto cero, cosa que era un imposible para mí. Pero antes tuvimos una última conversación, a modo de despedida. Me llamó a los pocos días de enterarse de mi relación con Lucas.

- ¿Eres feliz? ¿Estás enamorada de él?

Me hizo estas preguntas apenas descolgué el teléfono, nada de hola, ¿cómo estás, todo bien?

- Hola (le respondí sarcásticamente), pues sí, Josh, soy feliz. Ya no pienso en ti como lo hacía antes, si eso es lo que te preocupa. Me ilusiona mucho pensar en un futuro a su lado, y él sí es merecedor de todo el amor que tengo para ofrecer.

- Me alegro de que te haga bien y ojalá lleguen a tener el amor bonito que nunca pude darte. Sé feliz pequeña y vuela alto.

Gracias, le dije, pero no lo escuchó. Ya había colgado. Josh había sido alguien importante en mi vida, y no un jodido cabrón como solía llamarlo cuando nuestra supuesta separación era aún muy reciente. Con el tiempo entendí que nunca se comportó de mala manera conmigo. No me engañó, no me ilusionó, no fue culpa suya que yo me enamorara de él. Y es que la mayoría de las veces olvidamos las cosas buenas de alguien, cuando aparecen las malas.

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Esto del amor es todo un aprendizaje. Y es que cada vez que amamos nunca somos los mismos. A veces más maduros, otras más irracionales, más responsables, más injustos, pero siempre nosotros. Escogiendo quién ser y qué mostrar.

Después de todo, mantengo la creencia de que muy poca gente es capaz de crecer en el amor. No es creer. Vuelvan a leerlo. Hablo de cre-c-er. Construir una relación sana, aprender una manera nueva y diferente de relacionarte con tu pareja, reconocer tus diferencias con la otra persona, y amarse desde ahí. Desde los errores, los defectos, lo feo, lo que duele. Forjar un vínculo que te sume, que aumente tu autoestima, donde exista confianza mutua y responsabilidad por ambas partes. Donde evitemos ser víctimas o villanos, y abunde la comprensión y la empatía. Perfectos nunca seremos, pero sí que se puede ser mejor cada día.

El amor de Lucas me enseñó una definición más acertada del amor, que adopté como propia y decidí tatuarme a fuego: Amar es estar para que la otra persona pueda ser. 

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