Capítulo 17 Todo está conectado

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Ainara

Me sentía más bonita, más segura. El destino al fin me había salvado. Había jugado a mi favor; y llegué a entender mi viaje y la conexión que existía entre todas las cosas.

Amé intensamente, lloré muchísimo, reí con ganas, me ilusioné, me decepcioné, fallé, me hicieron daño, sané, crecí, borré, superé, empecé de nuevo, aprendí. Muchas veces tuve que partir sin querer volar. Le puse mucho interés a cosas que terminaron ignorándome. Y es que, cada etapa de mi vida había tenido un propósito.

Me desorienté en el camino muchas veces, pero en ocasiones esto es necesario para poder ENCONTRARTE.

-  Te quiero más que a mí misma <le dije a Lucas, apenas lo vi entrando por mi habitación y me lancé a sus brazos>

Recién le habían dado de alta médica en el hospital. Había sufrido un ataque de pánico, fue la respuesta de los doctores a la crisis que había tenido, y debía atenderse a partir de ahora con un psicólogo y un psiquiatra que le asignaron en el mismo centro. Y ahí estaba yo, experimentando de cerquita lo valiosa que resultaba mi profesión. Deseé entonces ser la mejor para él, para ayudarlo a superar esas crisis.

-   Eso no, eso nunca <y me besó en la frente>

Esa reacción suya hizo que recordara al instante, a modo de insigth, las palabras de mi madre. Aquellas que me dijo siendo apenas una niña. Que no olvidara el orden, y ahora entiendo todo. Debía darme el lugar que no me dieron antes. Debía saber amarme a mí primero, para poder amar a otros y permitirme ser amada de forma sana.

Tal vez no saber estar sola fue mi mayor error. Buscar pareja porque odiaba la soledad y necesitaba encontrar alguien que me complementara, porque me creía insuficiente para ser feliz. Y también estaba la idea absurda de que lo que acontecía en mi vida estaba determinado por factores ajenos a mi propia decisión. Que el destino era quien movía las fichas en mi juego. Y desde que comprendí que soy yo misma quien decido y escribo mi destino, adopté una visión menos idealizada del amor. Aunque siendo realistas me gustaba pensar así para sentirme un poco menos responsable de lo que me ocurría, y dejar al azar mi suerte.

Aprendí que existen tantos tipos de relaciones amorosas como personas hay en el mundo. Que el concepto de amor es cambiante y subjetivo. Que cada persona le atribuye un significado diferente a este, dependiendo muchas veces de sus experiencias y expectativas. Y, con ello, una manera distinta de manifestarlo.

Algunos lo veían como una aspiración, otros como un arte, o una necesidad, o talvez como un sentimiento o una emoción intensa. A mí me gustaba mucho compararlo con un líquido (fue algo que alguna vez leí por ahí), saberlo como un elemento que cambia de manera constante y que difícilmente mantiene su forma.

Dylan fue mi primer amor, el cual fue correspondido y me hizo sentir muchas cosas por primera vez. Rompió con mi pensamiento del amor ideal y me enseñó el dolor inherente a la ruptura. A la vez, me demostró todo lo bonito que es enamorarse y que los "por siempre juntos" muchas veces son mentira.

Josh me enseñó lo que es mantener con alguien un vínculo tóxico. Amarlo implicaba hacer a un lado mi amor propio, y me demostró cuánto puede doler querer a alguien que no te corresponde igual. Aprendí que las cosas a medias nunca llenan a una persona que es capaz de darlo todo por la otra. Que cuando el sentimiento no es mutuo, no es sano. Que uno debe amarse tanto, que debe ser consciente de que merece tener el puto universo ante sus pies. Y aquel que no sepa ver eso, pues que no se detenga y siga caminando.

No podía consentir que relaciones temporales me dejaran marcas tan permanentes. Asumí mis contradicciones y mis errores. Me sentí orgullosa de mis batallas, aunque la mayoría fueron derrotas. Permití que otros condicionaran mi vida y me perdoné por ello. Aprendí a quererme, a quererme mucho. Y ese es mi mayor logro. Ese, y que nunca dejé de creer en el amor, porque sé cuánto el mundo lo necesita.

Ya era hora de empezar a actuar bien, en consecuencia con lo que soy y lo que quiero ser. Y con quiero estar. Lucas me enseñó que el amor existe, aún cuando yo pensaba que no me pasaría de nuevo. Me enseñó a elegir y no necesitar. A vivir sin depender. A acompañar sin invadir. A amar sin poseer. Él es mi amor correcto, mi chico de los lunares y sonrisa bonita. 

SERENDIPIA🤍Donde viven las historias. Descúbrelo ahora