Capítulo 16 Amarse a uno mismo

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Ainara

Pero la historia no acaba aquí. Esta persona me arrojó a los brazos de mi último amor. Me obligó a conocerlo y amarlo con intensidad. Me hizo verme desnuda al espejo y adorar hasta el más mínimo detalle que se reflejaba en él. Las pecas que se alojaban en mi nariz y mejillas, mis kilos de más, las estrías en mis caderas, la pequeñez de mis senos, y todo aquello de mi cuerpo que no cumplía con los estándares de belleza.

Me enseñó todo lo bonito que era el amor propio. El quererte a ti, por encima de todas las cosas.

El chico de los lunares me dio una hoja blanca y un lápiz y me pidió que escribiera en ella todas las cosas simples que me hacían feliz. Tardé días en rellenar aquella hoja. No entendía su intención, y me perdía en la inmensidad de aquel papel. Lo llené de borrones. Llegué a estrujarla incluso en uno de mis momentos de estrés al no saber qué escribir. Hasta que lo llamé al teléfono y al tercer tono descolgó:

Hola Nara, ¿pasa algo? <preguntó rápido y confundido>

Hola <no me había percatado de la hora> Siento haberte despertado <le dije apenada. Su voz era ronca, más de lo habitual>

Lo oí suspirar, y pude imaginar una breve sonrisa formándose en su rostro.

No pasa nada, enana. Puedes llamarme cuando quieras, sabes que siempre estaré aquí para ti. Así sea a las 3am.

Y rió bajito, lo sentí aunque haya sido casi inaudible y mi corazón se encogió un poco al escucharlo. Quería estar a su lado en ese momento, quería abrazarlo y besarlo con todas mis fuerzas, como si el mañana no existiera. Pero no podía. Él estaba en una cama de hospital, y yo en la mía, en la nuestra, aquella que habíamos compartido juntos tantas noches.

Aun no me has dicho qué es lo que te pasa.

Me dijo, sacándome de golpe de mis pensamientos. Y caí en la cuenta de que era cierto. No lo había llamado solo para despertarlo porque sí, sabía que estaría cansado y mañana le despertarían temprano para más exámenes médicos.

Lo siento, una vez más. No debí llamarte a estas horas, amor. Soy una desconsiderada. Es solo que no podía dormir, te extrañaba, tu olor se queda impregnado en mí cada vez que huelo la almohada...

Olía a él, a hombre, a ese olor tan masculino que desprendía y a ese perfume que le regalé en nuestro primer aniversario.

Yo también te extraño mucho, estar alejado de ti duele más que los putos pinchazos.

Me dolía escucharlo, la incertidumbre de no saber su padecimiento era lo peor. Hace dos semanas lo ingresaron de urgencia en el hospital y le comenzaron a hacer análisis. Todo porque empezó con mareos, vómitos, entumecimiento en las articulaciones, taquicardias, y sensación de ahogo. Se desconocía la razón, ya que era una persona bastante sana. De ahí entonces el motivo de los análisis. Llevaba 15 días en aquel maldito hospital y aun no habían descubierto la causa. Aparentemente estaba sano, todos los análisis indicaban eso. Y era preferible tener algún presunto diagnóstico, aferrarnos a algo, ponerle nombre a lo que sea que tuviera, que empezara a combatirlo con los medicamentos y ayudarlo en todo lo que estuviera a mi alcance. Pero me jodía no saber nada. Y el miedo a que fuese algo realmente grave era inmenso.

⁃ ¿Sabes? La verdadera razón por la que te llamé es que estoy aquí, en nuestra cama, sin poder dormir y en lo único que pienso es que no puedo completar la tarea que me dejaste cuando te fuiste.

Se rió fuerte, esta vez sí lo escuché a la perfección y me lo imaginaba rodando los ojos y negando con la cabeza. Ya me sabía sus gestos de memoria. Me encantaba mirarlo y jugar a adivinar en mi mente sus reacciones a mis actitudes. Siempre acertaba, lo tenía calado.

Verdad que eres increíble <me dijo> Pensé que era una tarea fácil, y lo habías hecho y deshecho desde hace mucho. Si quieres, podemos hacer algo <propuso> Yo empiezo a decirte algo que te gusta, lo anotas si acierto y tú me sigues con otra cosa. ¿Aceptas?

Sí, supongo que puede funcionar.

Bueno... pues sé que te gustan las películas de amor con final feliz,

No pude evitar reírme al escucharlo, siempre peleábamos a la hora de escoger qué peli ver en la noche. Él prefería las de acción y yo las románticas. Pero esas tristes y empalagosas como solía llamarles. Al final siempre terminábamos viendo una comedia o alguna que encontrábamos de ciencia ficción.

Leer historias interesantes e imaginarme ser la protagonista de cada una de ellas <me aventuré a decir>,

El olor a mar,

Sentir cómo cae la lluvia,

El color rojo oscuro del vino,

He de admitir que esto me sorprendió muchísimo. Cuando me preguntaban por algún color favorito, siempre me quedaba en blanco. Respondía el primero que veía a mi alrededor. Y siempre era diferente. No entendía la necesidad de escoger uno solo, cuando todos eran igual de hermosos. Pero cuando se decantó por este, automáticamente miré el esmalte de mis uñas y justamente coincidían. Era increíble ver cómo me conocía tanto.

Caminar descalza sobre el suelo frío y sobre la arena caliente,

Cantar a todo pulmón tus canciones favoritas, con los ojos cerrados bajo la ducha,

el agua fría en la cara,

el helado de chocolate,

Realmente el chocolate en todas sus variedades (puntualicé y nos reímos al unísono),

la bebida gaseosa sin alcohol (seguí yo)

la fotografía,

la poesía,

las matemáticas,

Jaja en serio, la lógica me pierde,

... y mirar detenidamente la luna y la inmensidad del cielo <concluyó él>

Ves como no era tan difícil <me señaló irónico>

Contigo todo es demasiado fácil <le dije> Hasta mañana amor, descansa. Te amo.

Te amo más enana, sueña conmigo. Mañana hablamos.

Yo estaba acostumbrada a vivir detrás del telón, entre las sombras. Y con él me sentía como si estuviera en el escenario, frente a un gran público, completamente desnuda. Expuesta, sin miedos, ni inseguridades. No había necesidad de esconderme, de aparentar ser diferente a lo que realmente era.

Aprendí a ver mi brillo, lo especial que tenía y no era capaz de ver. Volví a sentirme viva otra vez. Él me dio esa oportunidad. Me sentí libre de todo lo que me ataba y quise volar. Cerrar fuerte los ojos y solo hacerlo. A su lado sané, cicatricé desde adentro y me volví más fuerte. Entendí que en la vida es necesario cerrar algunas historias, para empezar otras mejores.

SERENDIPIA🤍Donde viven las historias. Descúbrelo ahora