Capítulo 12 Jugué con fuego y me quemé

19 1 0
                                        

Josh

Desde que estábamos saliendo juntos, habíamos acordado no vernos con otras personas. Ella cumplió cabalmente su pacto y milagrosamente yo también. Hasta que una mañana recibí una llamada de Kailani (mi ex pareja). No habíamos vuelto a hablar desde que nos separamos la última vez y prometimos que sería la definitiva. Hasta esa mañana. Me pidió que nos viéramos y yo no podía negarme a ella. Por mucho que me costara aceptarlo, era mi punto débil. Era más que eso. Era como una puñetera droga para mí, tan tóxica y dañina como adictiva y necesaria.

Mi amiga más cercana, que también lo era de Ainara estaba presente durante esa llamada. Me miró incrédula y con mucha decepción en sus ojos, me dijo:

No sé cómo eres capaz de aceptar. Vas a volver a caer con ella. Ni siquiera has pensado en Ainara. No te importa el dolor que le puedes causar. ¡Eres un hijo de puta!

Estaba acostumbrado a que me hablara así, sin pelos en la lengua, sin temer mi reacción. Y en parte, agradecí que estuviera presente para que fuera ella quien le abriera los ojos a Ainara. Yo no tenía el valor para hacerlo. Era un cobarde, lo admito.

Ainara no es mi novia, Lu. ¡Entiéndelo de una vez!

Me hizo un gesto de despreocupación, como que me dejaba a mí con mis asuntos, y agregó que Ainara no se lo merecía. Eso lo sabía de sobra. No hacía falta que me lo recordara. Pero las cosas eran así.

Estuve con Kailani, pero no fue como antes. El sexo estuvo genial, como siempre. Pero fue solo eso, sexo. No sentí nada especial e imagino que ella tampoco. Nuestra relación era demasiado tóxica. Nos habíamos fallado un sinfín de veces y ahí seguíamos, como dos descosidos intentando que funcionara. Nutriéndonos del recuerdo, de esos buenos momentos que pasamos juntos, pero que ya formaban parte del pasado. 

Aunque esta vez me pasó algo raro que no me había ocurrido antes. El cuerpo de Kailani bajo el mío estaba caliente. Y puede parecer estúpido, pero no pude evitar pensar en Ainara. Sus piecitos <porque eran demasiado pequeños> siempre estaban congelados; igual que sus manos y toda ella. Y me reí, a la vez que sentí que algo me oprimía el pecho.

Después de tener sexo, la tensión hizo acto de presencia entre nosotros, y hubo un silencio sepulcral al regresar del baño. No sabíamos qué hacer o decir, en qué punto nos dejaba lo que acabábamos de hacer, si significaba algo para ambos, una reconciliación, una despedida. Me detuve a mirarla un segundo y me bastó para saber qué era lo que debía hacer. Largarme.

La habitación se volvió demasiado grande y sentía que uno de los dos sobraba allí. Así que me fui, y antes de hacerlo le dejé sobre la mesa el dinero del alquiler. Me miró indignada, como si le creyera una puta y le estuviera pagando por sus servicios. Ninguno de los dos habíamos abierto la boca para pronunciar alguna palabra, hasta ese momento.

- No me mires así, no es lo que piensas. Toma ese dinero para pagar la renta de la habitación. Quédate aquí esta noche. Es muy tarde ya.

Y me largué de allí. Al salir sentí que volvía a respirar. Y supe entonces que era una despedida. No me apetecía quedarme a dormir, ya que solo había sido un polvo más. Ya Kailani no causaba el mismo efecto en mí. Finalmente me había vuelto inmune a sus encantos. Y darme cuenta de eso fue extremadamente liberador.

Pasaron unas cuatro o cinco semanas en los que no supe nada de Ainara. No estaba preparado aún para volver a verla. Por eso no volví a contactarla después de aquella noche, y no sabía si ella tenía conocimiento de lo que había hecho. En ocasiones, me gustaba pensar que era mejor que sí, y que solita se hubiese dado cuenta que sería más feliz sin mí en su vida. Que yo solo le haría daño. Pero egoístamente, quería que no supiera nada. Que Lucía no hubiese abierto la puñetera boca, y las cosas entre nosotros hayan seguido como antes. Porque lo de aquella noche había sido un error. Un error más con el que cargaba, y no quería romper con lo que sea que haya construido junto a Ainara solo por eso. No valía la pena.

Me mostré impaciente durante esos días. No lograba concentrarme en el trabajo, y mi mirada estaba más perdida que de costumbre. Revisaba mi móvil a cada rato, impaciente, esperando recibir un mensaje o alguna llamada de Ainara, pero nunca llegaron. Por otra parte, Kailani me contactó en varias ocasiones después de nuestro encuentro, y decliné todas sus llamadas. Mi vida era un caos. No sabía en qué punto me encontraba. No sabía si estaba jugando a dos bandos, y no entendía por qué a pesar de haberle hablado claro a Ainara desde un inicio, sentía que la había traicionado.

Aproveché ese tiempo para procesarlo todo, para intentar entenderme, alejado de mujeres y otros líos en mi vida. Y finalmente, tomé una decisión. Quería recuperarla. Borrar de su cabeza lo que le hice pasar. Porque estaba convencido de que enterarse de que había estado con otra chica, no fue para nada un trago de buen gusto.

No tenía certeza de que lo supiera, pero su distancia y su silencio me demostraban que estaba en lo cierto. Solo espero que Lucía no hubiese hablado de más. Ainara nunca supo de Kailani, jamás le mencioné mi historia con ella. No creí que fuera necesario, dadas nuestras condiciones.

Podían juzgarme de insensible, insensato o lo que les diera la puta gana, pero solo yo era consciente de lo que sentía y pensaba. De todo lo que sentía por Kailani, y de lo mucho que me confundía al estar cerca de Ainara. Aun así no podía mantener una distancia prudente de ella. Pensaba llamarla esa misma noche. Me moría de ganas de volver a verla y fundirme en ella.

Le pediría vernos en el mismo lugar de la primera vez, en el lugar que nuestra historia empezó, como una forma simbólica de volver a iniciar, de hacer borrón y cuenta nueva. Quería empezar a hacer las cosas bien y creo que Ainara se lo merecía más que nadie.

Pero la vida y sus vueltas. Esa misma tarde salí a beber con unos viejos amigos y salió a relucir el tema de las mujeres en nuestras vidas. Uno de los del grupo se casaría próximamente. A ese se le veía venir de lejos, era un romántico en toda regla. Otro iba a ser papá y eso me tomó por sorpresa. Era algo para lo que no estaba preparado ni remotamente. Es que ni siquiera visualizaba esa imagen mía como padre. Tenía tanto desorden y caos en mi vida, que me sentía impotente de cuidar a otra persona. No estaba preparado para encargarme de otra vida que no fuera la mía.

Por mi parte, yo seguía llevando vida de soltero y me encantaba presumirla ante ellos. Y por último, Jaime, nos comentó que no había tenido suerte en el amor. Era fracaso tras fracaso. Y agregó, que desde hace unos días estaba chateando con una nueva chica y esa misma noche la conocería en persona. Nos burlamos un rato de lo ilusionado que se le veía, y se animó a enseñarnos una foto.

Y entonces la vi. Me quedé paralizado. Era una foto de Ainara <Mi Ainara> en la que se veía feliz, sacando la lengua y el dedo del medio. Una foto que precisamente había tomado yo. Casi me atraganto con el trago que tenía en las manos. Y salí a que me diera un poco el aire. Necesita respirar. Inhalar, exhalar, inhalar... Me disculpé con el resto y les dije que se me había presentado un imprevisto.

Me largué de allí. Aquella sensación de sentir lo inminente me asfixiaba. La había perdido. Había jugado con fuego y me había quemado. Sabía lo que había hecho y se había vengado. A lo grande. Con un amigo mío. Y en menos de un mes. 

SERENDIPIA🤍Donde viven las historias. Descúbrelo ahora