Josh
Era divertida, inteligente, atrevida, sensual, impredecible, auténtica... pero no era ella. Se merecía todo lo bonito, pero yo jamás se lo daría, porque ya estaba enamorado y no era precisamente de Ainara. Llegó tarde y fui un jodido cabrón.
Apareció en mi vida cuando estaba intentando superar una ruptura. Había tenido una relación amorosa bastante larga con otra chica. Habíamos sido increíblemente felices, pero nos hicimos daño en la misma medida. Fue una separación complicada, de esas que no quieres que lleguen y te aferras a la mínima posibilidad de volver a intentarlo, a pesar de que ya no quede nada por salvar. Todo estaba demasiado roto dentro de mí y yo estaba más que decidido a que no me volvería a enamorar jamás. Fue una promesa que me hice a mí mismo, y no pretendía fallarme.
Me dediqué a buscar vagamente en otros cuerpos lo que me daba mi anterior relación. Volver a sentirme cómo me hacía sentir ella, pero nunca pasó. Nadie tenía sus tatuajes, su lengua viperina, los rizos en su cabello y aquellos ojos verdes. Hasta que un día, me encontré con Ainara. La vi tan suya, tan a su bola y envuelta en tanta dulzura y alegría, que la quise para mí.
Le hablé claro desde un inicio, nada de convencionalismos ni etiquetas. No me interesaba buscar amor en nadie, y ella lo aceptó así. Sin peros ni reclamos.
A pesar de eso, algo en ella me intrigaba. Era muy diferente a mí y también a todas las chicas con las que había estado. Intentaba ser igual, que la viera como veía al resto, pero era imposible. Con ella dormía al terminar de follar, hablaba a diario, me preocupaba por ella, incluso se la presenté a mi familia. Me interesaba por sus cosas. Me gustaba verla siendo feliz. Sin embargo, no estaba enamorado. Y ella sí que lo estaba de mí. Joder, aunque nunca me lo haya reconocido en voz alta, lo sabía.
Una noche después que regresamos de una fiesta, ella estaba más bebida de lo normal. Llegamos a la habitación y nos acostamos. La ducha quedaría para la mañana siguiente. Y pronunció aquellas palabras que cambiaron todo. En un susurro me dijo "Te amo", y hubiese querido que fuese imaginación mía o producto del alcohol, pero no. En el fondo sabía que era real. Pero es que era tan fuerte y orgullosa que jamás lo admitiría en voz alta, por eso decidí omitir el tema al día siguiente.
Las cosas entre nosotros estaban siguiendo un curso que no propuse, y tampoco quería. No podía permitir que se ilusionara de más. No quería hacerla sufrir. Joder, no se lo merecía. Y aquellas palabras resonaban en mi cabeza como si estuviesen en modo "repeat". Una y otra vez.
A partir de entonces me percaté que sus ojos estaban más tristes. A mi lado sentía que se iba consumiendo. Se fue convirtiendo en alguien que no era, solo por complacerme y encajar en mi mundo. En lo que ella sabía que yo estaba buscando en una chica. Intentó ser normal, una más del montón, solo para estar conmigo. Y yo, como un maldito idiota, no supe valorar eso.
La quería. Eso nunca lo puse en duda, pero no la amaba. Y ella no merecía conformarse con lo poco que yo podía ofrecerle. Por eso tuve que dejarla ir.
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SERENDIPIA🤍
RomanceSerendipia. ¿Sabes lo qué es? ¿Has escuchado alguna vez esta palabra? ¿Conoces su significado? La primera vez que escuché a alguien pronunciar este término, (que realmente no puedo precisar quién lo hizo ni cuándo fue) recuerdo que me pareció muy b...
