Ainara
¿Qué había querido decir con esas palabras que pronunció casi en un susurro antes de irse? ¿Por qué tuvo que irse sin despedirse de mí? ¿Tan poco le había importado? ¿Había sido solo un lío sin importancia o había sido algo más? ¿Por qué tuvo que confundirme y hacerme creer que era especial para él?
Miles de preguntas acechaban mi mente constantemente. Quería entenderlo, necesitaba hacerlo. Ponerme en sus zapatos y comprender su historia. Pero en el fondo sabía que sus respuestas me dolerían, calarían hondo en mí y me harían daño. Por eso opté por quedarme callada, y suponer sin preguntar. Creí que sería lo más sensato para mi estabilidad emocional.
Que no me enamorara de él. Esa había sido la única condición. Y yo no había podido cumplirla. ¿Cómo podía seguir con mi vida sabiendo que lo que era no había sido suficiente para él? ¿Y si no era suficiente para nadie? ¿Si nadie llegaba realmente a amarme como yo me merecía?
Este chico rompió mis límites, mis barreras, todo lo que concebía moralmente aceptable lo destruyó. Me hizo perder la cordura y tal vez así, me encontré un poco yo. Conocí partes mías que hasta entonces estaban dormidas. No solo descubrió nuevas zonas erógenas en mi cuerpo, sino también partes más oscuras, zonas grises que también forman parte de mí.
El amor anterior no me había lastimado, no me había roto. Había llorado, eso sí, pero no sentí que me moría. Por tanto, mi corazón estaba al cien, abierto completamente a la posibilidad de volver a enamorarme. Y así lo conoció a él. Sin embargo, no pasó. No sentía lo mismo. No fue correspondido, y yo pensando que con lo que yo sentía era tan grande, que era suficiente para los dos. Suficiente para equilibrar la balanza, pero realmente no lo era.
Se fue cuando todavía lo quería. Pero yo me merecía más y no lo sabía. Merecía a alguien que simplemente estuviera dispuesto a quedarse. Y por eso sufría en silencio. Porque lo amaba pero no podía obligarlo a que me amara a mí. Nadie tiene el derecho a hacer del otro lo que no es.
Pero es que tampoco podía juzgarlo. Yo también había sido una cobarde. En muchas ocasiones sentí ganas de decirle que lo amaba. Sin embargo, nunca lo hice. Temía asustarlo y estropearlo todo. O lo que es peor aun, temía que me respondiera que sentía lo mismo. Una relación entre nosotros jamás habría funcionado, por mucho que me agradara la idea. De eso estaba convencida.
Pasé noches sin poder dormir pensando en qué hubiese pasado si lo hubiéramos intentado. Si el orgullo no nos hubiese cegado. Si hubiésemos sido menos opuestos, menos caprichosos, menos egoístas. Tal vez en otra vida hubiese sido posible, pero en esta definitivamente no.
Me arrepentí de haberlo conocido tantas veces, que ya ni las recuerdo. Imaginé todas las formas posibles de haber evitado aquello, no aceptar su solicitud de amistad, no responder sus mensajes, no aceptar sus condiciones. Rehuir. Imponerme. Ser yo. Pero preferí disfrazarme, moldearme un poco para encajar en su vida. Y terminé rompiéndome. Me quedé con el corazón hecho un puño. Le aplaudía internamente porque le salió muy bien eso de fingir que le importaba. Me lo creí, y me dolió darme cuenta cuán equivocada estaba.
Aquella sensación de querer y soñar con tantas cosas que nunca llegaron a suceder, me asfixiaba. Necesitaba otro aire, una nueva ilusión, algo nuevo a lo que aferrarme; porque sentía que sola no podía.
Después de él, intenté conocer a otras personas, tener otros ligues, pero con ninguno funcionó. Nadie me parecía interesante. Nadie tenía ese fuego en la mirada que me consumía. Nadie conseguía hacerme temblar con un susurro, una caricia al oído. Él me ponía a cien, sin apenas esforzarse. Se coló en mi vida y en mi piel, bien adentro.
ESTÁS LEYENDO
SERENDIPIA🤍
RomanceSerendipia. ¿Sabes lo qué es? ¿Has escuchado alguna vez esta palabra? ¿Conoces su significado? La primera vez que escuché a alguien pronunciar este término, (que realmente no puedo precisar quién lo hizo ni cuándo fue) recuerdo que me pareció muy b...
