Ainara
Caprichosamente el destino jugó en mi contra una vez más. Estaba alistando la ropa que me pondría esa noche para salir con un chico con el que había estado chateando hace unos días, cuando de repente, mi móvil comenzó a sonar. Era él. No mi cita, sino Josh. Llevaba semanas sin hablar con él. Hasta pensé en la posibilidad de que no volviéramos a vernos nunca más. De solo pensarlo me dolía. Pero había preferido, obviar estos pensamientos y salir, divertirme con mis amigas y por qué no, con algunos amigos también. Y justo en ese plan estaba, hasta que me entró su llamada. Pensé en no responderle, pero la curiosidad de saber qué quería fue más fuerte. Al quinto tono, descolgué:
- Hola <dije tan bajo, que creo que ni escuchó>
- Hola, ¿estás ahí? <ciertamente no me había escuchado, y su voz estaba un poco rara>
- Sí, aquí estoy. ¿Qué pasa?
- Quiero verte <Así de breve y preciso era él. Y justo este era el momento en el que yo le decía: Pues ven, te espero en mi apartamento. Pero no. Esta vez no sería así>
- Hoy no puedo.
- ¿Y eso? ¿Tienes planes?
- Sí. Hablamos luego, ¿ok? que tengo prisa.
- Vale <y colgué>
No acepté. Por primera vez en mucho tiempo me negué a él.
Como pude imaginarme, no iba a aceptar un no como respuesta. Llegó en 20 minutos a mi apartamento que estaba en la planta alta. Cuando abrí, no fue capaz siquiera de mirarme a los ojos. Me tomó con fuerza de una mano y me llevó hasta mi cuarto. Yo recién acababa de darme una ducha y llevaba mi cuerpo y cabellos envueltos en unas toallas blancas.
Cerrada la puerta con cerrojo, me miró a los ojos con una oscuridad que no había visto antes. No entendía su actitud, pero desde luego, nada bueno lo tenía así. Muchas veces nos veíamos cuando se sentía frustrado o agobiado por algo, y se refugiaba en mí y en el sexo como una válvula de escape. Pero esta vez era diferente. Veía rabia e impotencia en sus ojos. Incluso podría decir que un poco de dolor.
Se acercó a mí y la tensión era palpable entre nosotros. Ninguno había dicho palabra alguna desde que entramos en la habitación. Con una delicadeza que no era propia de él, deslizó la toalla de mi cabeza e hizo caer al suelo la de mi cuerpo. Me dejó completamente expuesta ante él y sus ojos centelleaban de lujuria.
Me besó cada parte de mi cuerpo desnudo con suavidad. Me sentía frágil, como si pudiera romperme si apretaba de más. Nunca antes me había tratado así. Con él siempre todo había sido caótico, sexual, sin preliminares. Duro, fuerte, incluso doloroso pero muy placentero. A veces ni nos besábamos. Y en ese momento, me besó apasionadamente y me susurró al oído "Eres perfecta". Solo esas dos palabras bastaron para que mis piernas flaquearan. Me sentía como una gelatina cuando él estaba cerca. Me manejaba a su antojo, y él lo sabía. Pero solo en esa situación, y eso también lo tenía clarísimo.
Me acostó sobre la cama, se deshizo de la ropa que llevaba y me hizo el amor. Sí, me trató con delicadeza; me susurró palabras que ni él mismo se creía y yo, me limité a sentir; a disfrutar esa parte suya que jamás imaginé conocer.
Fue dulce, cariñoso, todo lo contrario a lo que normalmente era. Acarició y besó cada parte de mi cuerpo, como quien se despide de algo y lo abraza fuerte, temiendo olvidarlo. Yo no entendía nada, pero decidí seguirle el juego sin rechistar. Una leve ilusión se instaló en mi cuerpo. ¿Y si había tardado tantos días en buscarme porque estaba confundido, y había terminado por aceptar que se había enamorado de mí? ¿Y si me estaba demostrando cuánto me quería de esa manera, ya que aún no sentía preparado para verbalizarlo? ¿Y si al terminar me pediría oficializar nuestra relación y que fuese su novia?
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SERENDIPIA🤍
RomanceSerendipia. ¿Sabes lo qué es? ¿Has escuchado alguna vez esta palabra? ¿Conoces su significado? La primera vez que escuché a alguien pronunciar este término, (que realmente no puedo precisar quién lo hizo ni cuándo fue) recuerdo que me pareció muy b...
