Capítulo 8 Jugando a los novios

23 1 0
                                        

Ainara

Pero un día, no sabría especificar cuándo, las cosas comenzaron a complicarse. No porque yo le haya expresado mis sentimientos. No, los disimulaba demasiado bien, sino porque él comenzó a confundirse.

Empezamos a tener conversaciones hasta altas horas de la madrugada. El sexo no se convirtió en el motivo de nuestros encuentros <Estaba presente, sí, la tensión sexual que existía entre nosotros jamás menguó> No obstante, ya no nos separábamos al terminar. Me recostaba sobre su pecho y hablábamos de todo o de nada. Me gustaba dibujar con la yema de mis dedos todos sus tatuajes. Tocar su piel, la ligera elevación que se formaba en cada una de aquellas formas geométricas o garabatos, que para mí no tenían sentido aparente. Le preguntaba por ellos y me contaba el significado que le daba a cada uno. Incluso a los que no lo tenían, se los inventaba al momento, solo para hacerme reír. Dormíamos abrazados toda la noche. Nos llamábamos por teléfono constantemente. Me presentó a su familia y amigos, con los cuales compartí más de una vez. Veíamos pelis juntos. Nos contábamos cosas sin sentido, nos reíamos mucho y con ganas. Hacíamos cosas típicas de una pareja, pero no lo éramos. Nunca llegamos a serlo realmente.

Estas situaciones iban acompañadas de escenas de celos e inseguridades. Hasta que no supimos cómo gestionar aquello y decidimos romperlo. Se fue de mi vida, sin mirar atrás y no se lo impedí. Quise gritarle mil cosas, y me quedé con un montón de ¿y si...? ahogados en el pecho. A pesar de que estaban esperando salir apresuradamente, me los guardé para mí, los enterré bien profundo.

eres mía, y no quiero que nadie más se te acerque.

Me dijo en uno de esos momentos en los que necesitaba marcar su territorio; territorio que no era suyo, puntualizo. Pero joder, me encantaba que me dijera que era suya, mas no en ese instante. Estábamos teniendo una ligera discusión en mi habitación. Todo empezó al yo enterarme de que se iba a ver con otra muchacha. No le recriminé nada. No éramos pareja, él se había encargado de dejarlo claro desde un principio. No obstante, había existido cierto pacto de exclusividad sexual entre ambos, hasta que él decidió romperlo.

Teníamos varias amistades en común y por medio de una de ellas es que me entero que iría a verse con otra chica. Desde entonces, comienzo a responderle los mensajes a varios que tenía archivados e incluso acepté salir con algunos. Solo salir a cenar, hablar un rato, nada más. No me sentía preparada para dar un paso más allá con nadie. La situación se me hacía demasiado cuesta arriba. Sabía que estaba actuando por venganza, porque me dolía su "traición", pero no podía evitarlo. No era de las que se quedaba llorando desconsoladamente en la cama. Yo le pagaba con la misma moneda, y no iba a detenerme hasta que sintiera lo mismo e incluso más de lo que sentía yo.

Aunque era evidente que no debía sentirme así. No podía permitírmelo. No obstante, no supe hasta ese momento lo perdida que estaba. Haberme enterado de lo que hizo fue algo que me quemó por dentro. Todas mis ilusiones se fueron al traste. Fue un choque de realidad, tan duro como necesario. No fue hasta entonces cuando me di cuenta de lo mucho que quería a este chico, y que ya no había vuelta atrás. Había jugado con fuego y había terminado por quemarme entera. 

SERENDIPIA🤍Donde viven las historias. Descúbrelo ahora