Dylan
Tenía un hermano mayor que siempre andaba metido en peleas por drogas o por mujeres. Se la pasaba bebiendo y frecuentando barrios de mala muerte. A pesar de eso, las mujeres babeaban por él y los hombres le temían. Era una de esas personas que a simple vista dan miedo. Era un poco más bajo de estatura que yo, aunque con mucha más masa corporal. Tenía un cuerpo musculoso y lleno de tatuajes, eso sí, como los típicos chicos malos de las películas.
Era mi mayor influencia, y la razón principal por la que ese mundo de mierda me perseguía. Se suponía que debía ser como él, seguir sus pasos. Era lo que todo el mundo esperaba de mí. Menos mis padres, obviamente, que parecían vivir en un universo paralelo y no enterarse de nada.
Desde pequeño siempre necesité la aprobación de mi hermano para cualquier cosa que hacía. Aprender a montar bici, enviar mi primera carta de amor, dar mi primer beso, e incluso, le pedí consejos para no parecer tan inexperto en mi primera relación sexual con otra chica. Mi hermano era complicado, pero me quería. Todo ese mundo era lo único que conocía y creía que si a él le había ido tan bien, a mí también. Pero yo no estaba tan convencido de eso.
No tenía su fuerza, su valentía, su coraje para enfrentar los problemas de la vida. Era más bien, el chico tímido, con muchos sueños, que vivía en las nubes y soñaba con ser cantante algún día. Me gustaba cerrar los ojos y sentir cómo la gente me aplaudía y gritaba mi nombre, en medio de un concierto grande, muy grande y a todo reventar de personas. Quería que la gente me reconociera por mi talento, ver mi cara en la tele, en las revistas, en fin, ser famoso. Pero era algo tan lejano, que solo podía ser posible en mi imaginación. Dicen que la realidad va a su aire, y la mía era muy diferente. Realmente muy cruda y diferente.
Mis padres eran mayores, ambos de sesenta y tantos años. Habían tenido a mi hermano siendo adolescentes y siempre decían que había sido un gran error. Llegó en el momento menos oportuno, eran jóvenes y deseaban estudiar y luchar por tener un buen futuro. Al final nada les salió como planearon y terminaron siendo unos pobretones, que ahora se limitaban a vivir de la chequera social que no alcanzaba para llegar a fin de mes con los gastos en la casa.
Aclarar que a día de hoy sigo sin entender la necesidad de los adultos de adjudicarle la culpa a un bebé que no decidió nacer. Tanto les costaba asumir que los únicos responsables de haber quedado embarazados fueron ellos mismos. "Irresponsables", más bien.
El caso es que así habían visto a mi hermano desde pequeño y bajo esa etiqueta (a la de ser un error, me refiero) tuvo que crecer. Siempre lo vieron como una causa perdida. Tal vez por eso, escogió ese mundo al que ahora pertenecía. Puede que haya sido su válvula de escape de la realidad tan mierda que vivía en casa.
Por otra parte, mi historia fue completamente diferente. Fui el niño mimado de la familia. Mi mamá me tuvo siendo ya mayorcita y con pocas posibilidades de salir embarazada. Por eso, mi nacimiento fue considerado un milagro para todos. Algo bendito, llegaron a pensar incluso. Me adoraban, nunca me faltó cariño por parte de ellos, pero tampoco pudieron darme todo lo que les hubiese gustado. Monetariamente no estaban bien, y eso influía mucho en mi estilo de vida. No podía permitirme llevar merienda a las clases, cambiar de zapatos y mochila cada nuevo curso escolar. Es que ni siquiera podía ir todos los días a la escuela. Debía ayudar a mi padre en un pequeño taller que tenía, que aunque le generaba muy pocos ingresos, era lo único que lo hacía sentirse útil. Mi madre se dedicaba a coser y vender sus tejidos.
A medida que fui creciendo, fue surgiendo en mí la necesidad de tener dinero. Tuve que aprender a buscarme la vida desde muy joven; y la salida más fácil que encontré fue pedirle ayuda a mi hermano. En un inicio se negó, después se lo replanteó y al cabo de unos días de mucha insistencia por mi parte, terminó aceptándome. Y metiéndome de a poco, en sus negocios. Así solía llamarles él, para hacerse el importante; porque no eran más que movidas ilegales. Tuve que aprender a conducir camiones (sin tener apenas la edad suficiente para poder la sacarme la licencia), cargar grandes cargamentos de yo qué sé (porque ni siquiera preguntaba)... lo único que me interesaba era cobrar mi parte al terminar cada trabajo. Me concentré en eso y la vida comenzó a irme bastante bien desde que empecé a ganar dinero (iba a decir fácil, pero realmente no era para nada fácil). Vivía con miedo, tensión acumulada e insomnio. Tenía frecuentes pesadillas con policías y el sonido de la ambulancia, veía sangre, mamá llorando, papá mirándome decepcionado... escenas así me atormentaban y me arrebataban los deseos de cerrar los ojos y dormir profundamente.
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SERENDIPIA🤍
RomanceSerendipia. ¿Sabes lo qué es? ¿Has escuchado alguna vez esta palabra? ¿Conoces su significado? La primera vez que escuché a alguien pronunciar este término, (que realmente no puedo precisar quién lo hizo ni cuándo fue) recuerdo que me pareció muy b...
