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14. ¡Miedo yo!

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El lunes, cuando llegó mi padre del trabajo a las tres, traía la medicación. César se acercó en seguida a cogerla.
- César, ¿le has preguntado a tu hermana si quiere que se la pongas tu? - le dijo mi padre - A lo mejor, ella prefiere que lo haga Luis o yo.
- O su suegra.
- César, quieres hacer el favor de dejar de llamarla así. Algún día se te va a escapar delante de ella. - le dije
- Esto Bea, una cosita. - comenzó a decir Luis - Yo si quieres que lo haga pues... pero preferiría ser tu última opción. Tampoco serías a la primera persona que le pongo una inyección, y hasta ahora no se ha quejado nadie de que le haya hecho daño pero ponértelas a ti...
- Lo sé Luis, no te preocupes. Voy a probar con el rey de las inyecciones. - le dije
- No te vas a arrepentir. O si nunca se sabe. Puedo ser muy malo a veces. - dijo César
- No me das miedo, César. - le dije
- Luego me lo cuentas. De todas formas te voy a dar un consejillo. Si alguna vez tienes que elegir entre papa y Luis. No dejes que Luis te convenza. Elige a Luis - dijo César guiñándome un ojo.
- César, ya hablaremos tu y yo - dijo mi padre
- ¿Vamos ahora o prefieres esperar un poco? - dijo César
- Mejor vamos ahora, y así nos lo quitamos de en medio.

No separamos de los demás, subimos a mi habitación y cerramos la puerta para que nadie nos molestara. Me senté en la cama, mientras miraba a César. Fue extraño era como si un médico experimentado y curtido hubiera poseído a César. Admiraba a César, él era capaz de ser un juerguista en un instante de tiempo y al minuto siguiente cambiar y ser la persona más responsable del mundo.
- ¿Estás nerviosa? - me preguntó
- No - le mentí, no quería que supiera que el corazón se me iba a salir del pecho en cualquier momento.

Me miró y me echó una sonrisita y volvió con la caja, empezó a montar la inyección. Parecía que llevaba haciéndolo años. Me calmó un poco los nervios pero conforme iba acabando mis nervios empezaron a aumentar de nuevo.
- ¡Ah Dios! - dijo César
- ¿Qué pasa?
- Nada nada
- No puedes decir eso y luego decirme que no pasa nada.
- Esta bien tu ganas. Solo iba decir que no había una aguja tan grande en mi vida. Esto tiene que doler un montón.
- ¡Qué! No hablaras en serio. - salte como un resorte y subiendo el tono de voz por encima de lo normal
- ¿No decías que estabas tranquila?
- Y lo estoy.
- Entonces ¿Por qué has saltado de esa forma?
- Vale, estoy un poquito nerviosa
- ¿Un poquito?
- Ok, bastante. Contento.
- Tranquila, solo era una broma para aliviar la tensión del momento.
- Muy gracioso.

Me quedé mirándole fijamente, estaba como petrificada. César me puso la mano en el hombro.
- En este momento, lo mejor es coger el toro por los cuernos y no dejarse poseer por el pánico. Túmbate.
- Ok

Respiré profundamente y me tumbé bocabajo en la cama y me baje los pantalones del chándal y las braguitas. No entiendo porque me pongo tan nerviosa con las inyecciones. Al fin y al cabo, solo es un pinchazo.
- Beita, sino me relajas el culete, va a rebotar la inyección.
Era cierto, por eso me reí. Intente relajarme y aunque no conseguí calmar los nervios, pero si dejar el culete blandito.
- No me había fijado que tenías esa foto ahí.
Era una foto en la que estábamos Luis, Nick y yo en la piscina. Y que el mismo había hecho.
- La puse en otro día.
Solo intentaba distraerme, estaba esperando que bajara la guardia para pincharme. De pronto sentí el pinchazo.
- Tranquila, ya ha pasado lo peor. Ahora voy a ir despacito para que te duela menos y no te salga cardenal. ¿Te duele?
- Un poquito.
- Aguanta que ya acabó.

Cuando acabó, le puso la funda a la aguja, dejo la jeringuilla en la mesa y se tumbó en la cama, dándome un ligero masaje sobre el pinchazo con el algodón. Me dolía más después de sacar la aguja que antes.
- ¿Qué tal?
- Podías haberme avisado
- ¿Para que? Para que volvieras apretar el culillo. Así duele menos ¿o no? No me dirás que te ha dolido.
- Un poquito, pero me duele más ahora.
- Eso es normal. Duele cuando el líquido hace contacto el músculo. Se te pasará en seguida.
- Ahora me vas a contar ¿lo qué paso en el instituto?
- Se me ha olvidado - dijo César intentando escabullirse
- Va César no seas así. Solo quiero saber cosillas de vuestro pasado.
- ¡Está bien! Pero tengo que advertirte que se te va a caer el mito de tipo duro que tienes sobre mí.
- Tú vas de tipo duro como mecanismo de defensa.
- No, yo soy un tipo duro, solo tengo un punto débil, como todos los superhéroe.
- Va tipo duro. Déjate de rodeos y cuéntamelo
- Esto pasó cuando estábamos en segundo, es decir, hace tres años. No se si a vosotros también os pusieron la vacuna contra la meningitis, esa que eran tres dosis. Una en diciembre, otra en enero y la otra en mayo.
- Si me suena
- El día que nos iban a poner la primera dosis, se me cruzaron un poco los cables y si a eso le suma que por aquel entonces veía una aguja y salía corriendo. Pues se me metió en la cabeza que no la ponía. Intenté convencer a mi padre de que me firmará el consentimiento para no ponérmela. Pero no hubo manera. Pensé hasta falsificar la firma, aunque sabía que no iba a colocar teniendo a Luis en la misma clase. Al final, a última hora, decidí que me iba. Así que en el descanso anterior, cogí mi mochila y me fui de pellas. Con tan mala fortuna, que cuando me iba, me encontré con Nick, que me pilló con la mochila y el abrigo. Yo pensé que me iba a echar la bronca pero en lugar de eso, me dijo: "Te vas, espérame que me voy contigo"
- Vaya dos. Los hijos de los médicos dando ejemplo.
- Si, ya te digo..

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!