Capítulo 17.

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Debby despertó envuelta entre las sábanas de la cama de Zack. Una enorme sonrisa de satisfacción se le dibujó en el rostro mientras su cuerpo se estiraba para desperezarse. Al levantarse, encontró su ropa al pie de la cama. Él no estaba.

Cruzó desnuda el pasillo hacia su habitación y sin cerrar la puerta se metió en la ducha. Después de un baño renovador y de un desayuno sustancioso, abrió todas las ventanas para que entrara el fresco de la mañana y salió al lago. Ese día tenía ganas de caminar y hundir los pies en el agua. El sol brillaba y le otorgaba a la brisa una calidez reconfortante. Respiró hondo para llenarse los pulmones de oxígeno, sin apartar la mirada de un grupo de gaviotas que volaban sobre las aguas. Anduvo por un buen rato, hasta que una empinada montaña le interrumpió el paso.

Regresó en dirección a la cabaña, pero esta vez no lo hizo por el lago, sino por el borde de la vegetación. Se calzó las sandalias bajas que llevaba colgadas en la mano y se internó entre los matorrales en busca de flores. Quería adornar la casa con colores llenos de vida.

El nervioso volar de unos pájaros la asustó. Miró hacia la copa de los árboles y pudo divisar a varios de ellos agitados entre las ramas. Arrugó el ceño y decidió dirigirse a la cabaña sin perder más tiempo. El comportamiento de los animales le desagradaba.

Cerca de un sendero divisó a un hombre que corría apresurado y se internaba en el bosque. Al agudizar la vista pudo percibir que se trataba de Bradely, el rubio que había visitado la casa el día anterior. El hombre parecía venir de la cabaña y por su rostro circunstancial, pensó que algo podía haber sucedido. Corrió tras él para saber a dónde iría y descubrió que a pocos metros estaba estacionado su vehículo.

Se escondió entre los arbustos y lo observó hablar ofuscado por su teléfono móvil. Andaba con premura entre el interior del auto y la cajuela.

—Te repito, debe haber alguien más en esa maldita cabaña. No me iré sin verificar —lo escuchó decir. Se acercó con sigilo, quería saber lo que ocurría—. Todo estaba cerrado, las puertas, las ventanas y las cortinas. Siempre están cerradas esas endemoniadas cortinas. Te juró que las quemaré cuando logre entrar.

Se agachó un poco más, confundida. Recordaba haber abierto todas las ventanas al salir. Si estaban cerradas, sería porque Zack estaba adentro o el sujeto se había equivocado de residencia.

—Escuché ruidos y no me iré hasta estar seguro —continuó—. Vi a la mujer marcharse por el lago, debo aprovechar esta oportunidad.

Debby se estremeció. Bradley la vigilaba. Cuando lo vio sacar un arma de la cajuela y cargarla con balas plateadas sintió un nudo en el estómago. 

—Nunca hemos podido entrar en esa casa. Si el tipo vive, debe estar escondido, sino, su maldito fantasma la debe tener embrujada.

La sangre de Debby se congeló. Bradley cerró el auto con brusquedad y comenzó a caminar en dirección a la cabaña.

—Te dejo, voy a descubrir lo que hay adentro y te juro que lo eliminaré hoy mismo.

Quedó petrificada mientras él se alejaba apresurado. Cuando estuvo sola, corrió en dirección contraria por el sendero. Tenía que llegar a la vía para pedir ayuda. Zack estaba en peligro.

Después de correr por más de un kilómetro, se dio cuenta de que el camino no la llevaba a ningún lado. Lo que hacía era internarla más en el bosque. Regresó a toda velocidad, pero al llegar al punto donde debía estar estacionado el vehículo del sujeto, notó que este se había marchado. El terror se apoderó de ella y la llenó de angustias. Siguió la carrera en dirección a la cabaña.

No se detuvo hasta que la vivienda apareció entre los árboles. Sin pensar en nada, subió el pórtico y abrió la puerta. El desorden que halló en la sala parecía confirmarle sus sospechas. Era evidente que allí había ocurrido una lucha, pero el lugar estaba en penumbras, porque las gruesas cortinas se hallaban cerradas.

—¡Zack! ¡Zack! —gritó mientras cerraba de un portazo y corría en dirección a las habitaciones.

Una inmensa figura salió de las sombras y la embistió por detrás. No pudo hacer nada. En segundos la aprisionaron contra la pared y le cerraron la boca.

Los secretos del corazón (Borrador completo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora