3. Terranauta

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Llevaba toda la semana deseando ver Cristalesfera y tengo que reconocer que me había equivocado con Uriel, pensaba que sería muy distinto a mí, pero la verdad es que hablar con él era muy sencillo, por primera vez en muchos años, sentía que podía... ser yo, sin tener que esconderme.

—¿Lista para ver el vídeo? —me preguntó, yo le respondí asintiendo con la cabeza.

Accionó la acción de play con un gesto de la mano derecha y le quitó la narración de fondo. El vídeo empezaba llegando en un velero blanco a la colonia, la colonia era una gran esfera de Cristal. Ese velero era una simulación, hacía cientos de años que esos barcos habían dejado de fabricarse.

—¿Alguna vez has visto la colonia? —me preguntó Uriel.
—No, la verdad es que no había oído hablar de ella hasta el martes —Uriel torció el gesto.
—¿Qué ocurre? —le pregunté al ver su gesto contrariado.
—Tu colonia es la más avanzada en ciencias y es la única que no tiene representación en la escuela. Me sorprende que... —hizo una pausa para elegir sus palabras —no sepáis ni que existimos. Nadie de tu colonia ha puesto un pie en Cristalesfera.

Sabía de sobra que no era eso lo que estaba pensando, pero estaba intentando ser cortés. Nunca me había parado a pensar cómo se nos veía desde fuera. Seguro que pensaban que éramos una colonia hermética y con aires de superioridad.

—¿Cuánto tiempo lleva abierta?
—Lleva dos cursos.
—¿Dos años? ¿Y habéis venido los dos años? —no puedo creer que me hermano no me lo hubiera comentado.
—No, solo el año pasado, pero no se inscribió nadie.
—¡Somos poco aventureros! —exclamé en tono de disculpa.

Estaba esperando una explicación pero lo cierto es que no la tenía. Ni siquiera yo, que me había criado allí, entendía porque nadie se había animado.

—¿Y tú lo eres?

No me esperaba esa pregunta, lo cierto es que no sé si soy aventurera, la simple idea de alejarme de la colonia me aterraba, pero a la vez soñaba con pisar tierra firme. Tenía que dar una respuesta, me miraba examinando mis gestos, como intentando adivinar lo que estaba pensando. No podía reconocer que estaba aterrada, seguro que lo apuntaría en el expediente y no me considerarían apta.

—Siempre he querido salir de la colonia y conocer otras colonias. —me temblaba la voz, así que desvíe la mirada hacia la imagen que tenía delante. Solo con mirarla sentía curiosidad. Quería saber más, aunque era consciente de que nunca me aceptarían.
—Pareces distinta al resto de los miembros de tu colonia. Aunque la verdad es que no he conocido a muchos, la mayoría me evitan por los pasillos e incluso en el comedor.
—La verdad es que soy un bicho raro —se sonrió, tiene una sonrisa muy bonita.
—Igual los raros son ellos —le devolví la sonrisa.

Y desvíe los ojos de nuevo a la imagen, parecía diminuta.

—¡Desde fuera impresiona! —le hice un gesto afirmativo. Como ves, la parte de arriba es una cúpula de cristal formada por células fotovoltaicas, transmite la energía a los generadores, en el centro de la esfera, además hay una especie de túnel del viento, tiene salida por ambos lados de la esfera, al circular el aire a través de ella, provoca energía eólica—. Estaba sorprendida esperaba que fuera el típico musculito sin cerebro que salen en las películas, pero cuando más le conocía más me daba cuenta de lo equivocada que estaba. Ese aire de tipo duro que demostró el primer día no era del todo real hasta juraría que estaba un poco nervioso.

Volvió a accionar el play y el velero comenzó a acercarse al embarcadero, se podía ver el interior de la esfera. Había una serie de árboles distribuidos por la superficie.

—¿Qué son esos árboles? —le pregunte
—Son palmeras, era propias de los lugares costeros. Vienen de la colonia Palm City. Las llevaron allí desde tierra firme cuando se mudaron. En esta zona es donde pasamos el tiempo libre, hay bancos alrededor de la esfera, donde estudiamos o nos reunimos para charlar —volvió a arrancar el vídeo.

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