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13. Un motivo para vivir

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En la tercera semana, cuando llegamos, pillamos a Nick en la cama.
- Está mañana ha sido muy intensa y estaba un poco cansado.
- ¿Ha sido doloroso? - le pregunté
- No, que va. Pero como no nos dolía, Mario se ha aprovechado y nos ha dado mucha caña.
- Eso está bien. - le dije
- ¿Damos una vueltecita? - nos dijo Nick
- Llamamos a alguien para que te ayude a sentarte en la silla - le dijo César.
- No, puedo hacerlo solo. Dale la vuelta ponla mirándola hacia la cama.
- ¿Así?
- Si así, échale el freno para que no se mueva.

Con una agilidad tremenda se dio la vuelta y se puso de espaldas a la silla, y con el apoyo de los brazos se acercó hasta la silla y se sentó en ella. En solo tres semanas Nick había ganado en independencia. Ya no necesitaba vigilancia las veinticuatro horas del día.

Nada mas sentarse en la silla y sin llegar si siquiera a acomodarse del todo apareció Cristián, todo apurado.
- Nick, le ha vuelto a dar el bajón. - le dijo
- ¿A quien? - les pregunte
- A Fran. Lleva unos días bastante malos. Dice que se quiere morir. - me contesto Nick - Ya no sabemos que hacer, lo hemos intentado todo.
- Tengo una idea. - dijo César
- ¿Por qué no me sorprende? - pensé
- ¿Vamos? - nos pregunto
- Si, ¿Qué vas a hacer? - le pregunte
- Terapia de choque
- ¿Terapia de choque? Puedes concretar.
- A mi me vino muy bien en una época. No tiene mucho que ver con lo que le esta pasando a el, pero sino tenéis una idea mejor.
Nos miramos todos y negamos con la cabeza.

Nos dirigimos todos a su habitación y nos lo encontramos sentado en su silla mirando fijamente por la ventana, no miraba a ningún sitio concreto, solo tenia la mirada perdida. Ni siquiera se giro cuando nos oyó entrar o quizás estaba tan absorto que ni se dio cuenta. No lo se. César llego a su altura y sin darle tiempo a reaccionar empujo la silla de ruedas fuera de la habitación. Fran no dejaba de preguntar donde lo llevaba pero César no dijo nada, ninguno sabíamos en realidad donde íbamos. Dirigió la silla de ruedas hacia los ascensores los demás le seguimos. Se paro delante de los ascensores y lo llamo. Entro a Fran y espero a que entráramos Nick, Luis, Cristián y yo. ¡Que grande era el ascensor! Y después para sorpresa de todos pulso en número dos. En esa planta estaban los casos más graves.

César salió del ascensor y empujó la silla hacia una de las habitaciones elegida al azar. Allí había un joven de unos treinta años. Estaba tetrapléjico. Tenía una mesita al lado de la cama en la que había un ordenador y cerca de la cabeza tenia una manivela que la accionaba con la boca. Cuando nos vio llegar giro la cabeza.
- Hola - nos dijo el muchacho. - ¿Quiénes sois?
- Yo soy César y este chico es Fran. El resto son algunos amigos.
- Soy Alex. Hace mucho tiempo que no recibo visitas.
- ¿No tienes familia?
- Mis padres murieron en el accidente que me trajo aquí hace un par de años. No tengo mucha familia, vienen a verme de vez en cuando.
- ¿Y que haces durante el día?
- Estoy escribiendo un libro. Con este ordenador, yo le dicto y el escribe es una maravilla.
- ¿De que trata?
- Es una historia de amor que transcurre en un trasatlántico por el mediterráneo.
- ¿Y como acaba?
- Aun no lo se, tengo mucho tiempo para averiguarlo.
- Eso es verdad.

Seguimos allí un rato mas escuchando su historia y luego cambiamos de habitación. De nuevo al azar, entramos en otra habitación. Allí había un niño de unos siete años. Tenía distrofia muscular degenerativa avanzada. Su madre estaba con el.
- Hola, ¿Qué hacéis aquí? - pregunto la madre
- Estamos buscando motivos para vivir. - le respondió César.
- ¿Qué? Pero si sois muy jóvenes. tenéis toda la vida por delante.
- De que vale vivir, si no puedes disfrutarlo. - le dijo Fran
- ¿Quién te lo impide? ¿Una silla de ruedas? ¿o tú mismo?

Me quede pensativa, solo un instante, en la razón que llevaban sus palabras.
- Mira mi hijo, ya no puede moverse, le cuesta respirar y para alimentarle lo hacemos por un tubo. Pero aun así cuando se despierta por las mañanas y me ve a su lado me sonríe. A él no le queda mucho y ya no puede moverse ni hacer nada, pero nadie puede impedirle ser feliz.

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!