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10. Tortura china

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Esa noche no pude pegar ojo pensando en los análisis. Nada más levantarme tenía que llenar el tubito con la orina y después tenía que ir a casa de Laura para que me hiciera el de sangre.

A las ocho y media estaba mi madre llamándome para que me levantara pero que pensaba que estaba a 50km. Me hice la remolona en la cama hasta las nueve menos cuarto. Hice pipi en el botecito, y con el, me dirigí hacía la tortura china. Mi madre quería acompañarme, pero le dije que no. Solo consigue ponerme más nerviosa. Laura me recibió en el jardín y me hizo pasar al despacho. Era la misma habitación donde Nick había estado durmiendo antes de entrar en la clínica. Laura es una mujer muy estilosa. Siempre va muy arreglada aunque lleve unos vaqueros y una camiseta, pero siempre le da su estilo. En lo primero que me fije la primera vez que la vi, fue en su pelo. Lo llevaba suelto con grandes ondas, que le favorecían mucho. Para haber tenido dos hijos, seguía teniendo un cuerpo escultural, parecía una modelo.
- ¿Estás nerviosa?
¿Nerviosa? No lo siguiente. Estaba histérica, pensé
- Un poco - le respondí
- Tranquila esto no te va a doler. Es solo un pinchacito de nada

Ya claro, como si no conociéramos a los médicos o las enfermeras. ¡Si no duele! ¡Podían ser sinceros! Cuando dicen eso es que te va a doler. Así que cuando te dicen: "Te va a doler un poquito" lo mejor es salir corriendo.

Me senté en la silla eléctrica, perdón en una silla. Y Laura se sentó enfrente, colocó la aguja, los tubitos, tres para ser exactos, una goma y el agua oxigenada con el algodón encima de la mesa. Intentaba estar tranquila, pero no podía cada vez que veía la aguja me ponía malísima.
- Tú tranquila, que esto va a ir muy rápido.

Empezó a ponerme la goma en el brazo. Luego echo el agua oxigenada en el algodón y me limpio la zona.
- Si se te ve la vena estupendamente. Veras que bien va a ir. No te preocupes
Después sacó la aguja del envoltorio.
- Vamos a allá.

Cerré los ojos y como un flash vi la cara de Nick mirándome con una sonrisa. Hacía mucho tiempo que Nick no tenía esa mirada, esos ojos de niño tímido, recuerdo con nostalgia cuando se sonrojaba cuando lo mirabas más de cinco segundo seguidos. No podía recordar de qué momento era esa imagen al principio, pero después recordé ese día, el día de la piscina. Ese día que tanto se mosqueó cuando César le mojó. Tenía el pelo mojado, pero aun así, le caían los tirabuzones por la cara. Estaba tan guapo. Me miraba con esos ojitos verdes que conseguían hacerme temblar cuando me miraban fijamente. Después ese beso medio robado mientras jugábamos al juego de la botella. El pobre que mal lo paso, ahora todo eso ahora parecen chiquilladas...
- Ya está, a qué no ha sido para tanto - oí decir a la madre de Nick

Estas palabras me hicieron reaccionar del profundo estado de profunda paz en el que había caído
- Bea, ¿estás bien? - volvió a decir Laura al ver que no respondía
- Si - debí de ponerme como un tomate - estaba en mi mundo
- ¿A que no ha sido para tanto?
- No
- ¿Qué te ocurre?
- Nada estoy bien, es que acabó de tener un flashback de Nick. Del día de la piscina. Ese día que tanto se enfado con César.
- Le quieres mucho, ¿verdad?
- Si
- No te preocupes. Esos días volverán.
- Espero que no. - le dije sin pensar
- Pero ¿Por qué dices eso? - dijo su madre con cara de sorpresa por mi reacción,
- Esos días no éramos capaces de hablarnos a la cara. Siempre andábamos escondiendo lo que sentíamos y camuflándonos entre los demás para estar juntos.
- Eso es verdad. Bueno pues que vuelva todo menos eso.
- Ojalá y que sea pronto.

Cuando salí del despacho, me encontré de frente con Vero. Su madre se había quedado dentro, guardando los botes para llevárselos al trabajo. Todavía estaba en pijama acababa de levantarse.
- ¿Qué haces aquí? ¿Le ha pasado algo a Nick?
- No, tranquila. Nick está bien
- Entonces, ¿Qué te pasa? - me había quedado sin coartada y decidí que lo mejor era contárselo,
- Me acaba de hacer una analítica
- ¿Y eso? ¿Te encuentras mal?
- Llevó dos meses sin tener la regla y están haciéndome pruebas para saber el motivo.
- Pero porque no me lo habías contado.
- Nadie lo sabe. Yo lo se desde la semana pasada. Vero yo estoy muy asustada. - que me pasaba de repente estaba bien y al minuto siguiente tenía un nudo en la garganta.
- Bea... venga tranquila. Seguro que no es nada.

Se acercó para darme un abrazo.
- Vero, no le cuentes nada de esto a Nick. Ya tiene suficiente con lo que tiene
- Bea, yo creo que deberías contárselo. Lo último que me dijo antes de irse es que quería que le contáramos todo lo que pasará que no quería que lo dejáramos al margen.
- Lo sé. Cuando sepamos lo que pasa se lo contaré. No, quiero que empiece a darle vueltas.
- Lo que quieras. Pero se va enfadar.
- Lo sé, pero que voy a decirle. No quiero que empiece a pensar que es culpa suya.
- Si eso es verdad, se va rayar mucho.

Sabía que tenía razón en lo del enfado, pero ahora, era yo la que tenía miedo. Miedo de no ser lo suficientemente buena para él y sino me recuperaba. Y sino pudiera tener hijos. Estaría bien que el se recuperará y ahora fuera yo la que fuera una medio-mujer.

Volví a mi casa con ganas de meterme en la cama y no levantarme hasta el sábado. Pero cuando entre por la puerta, me encontré de sopetón con mis hermanos: Luis y César.
- Bea, ¿de donde vienes a estas horas? - me dijo Luis
Otra vez no. Volvían a caérseme las lagrimas sin control.
- ¿Qué te pasa? ¿Le ha pasado algo a Nick?
- No - dije abrazándome a Luis
- Bea, me estas asustando ¿Qué te pasa?
Sabía que Luis estaba preocupado, pero no podía parar de llorar.
- Va tranquila, seguro que no es tan grave. Cuéntanoslo - dijo césar - sino no podremos ayudarte.

Mi madre apareció por la salita.
- Tranquilos chicos. No os preocupéis. Todavía no sabemos nada. Solo le han hecho un analítica. - les dijo mi madre - Venga Bea - No puede haberte dolido tanto
- No es eso. Todo ha ido bien - les dije entre sollozos
Luis se separó un poco de mi y me secó las lágrimas
- Venga Beita, dime ¿Qué te pasa? Vamos no llores
- Hermanita, ven aquí y nos cuentas - añadió César
- Toma un poco de agua. Te sentirás mejor - dijo Luis acercándome una botella de agua.
- Gracias
- ¿Mejor?
- Si
- ¿Qué te pasa? - dijo Luis
- ¿Por qué te han hecho un analítica ? - añadió César
- Porque desde hace dos meses y medio que no me viene la regla
- ¿dos meses? - dijo Luis
- Eso va a ser que estas embarazada. Que hicisteis en el cine. - dijo César en broma
- César no hagas bromas. Esto puede ser grave.
- No lo creo. Bea, eso es por lo del accidente de Nick, seguro.
- ¿Y este mes?
- Bea, no me iras a decir que todo este mes ha sido fácil para ti, porque no me lo creo.
- Y si no es eso, César
- Pues si no lo es cuando tengamos los resultados, lo afrontamos y punto. Ahora lo único que sabemos es que es que has pasado por muchas cosas este último mes. Los problemas se afrontan cuando existen y no antes de tiempo. ¿Queda claro? - me dijo todo serio
- Si
- ¿De verdad?
- Si, solo ha sido un bajón
- Así me gusta. Ahora cuéntanos ¿Qué tal te ha tratado tu suegra?
- ¿César? Deja de llamarla así. No es mi suegra.
- Todo se andará. ¿Te ha hecho mucho daño?
- No, casi ni me he enterado.
- ¡Qué hermanita más valiente tengo! A ver si aprendes , César - dijo Luis
- ¿Me estás llamando cobarde? - dijo César
- Yo no he dicho eso... - dijo Luis
- Ya claro. Vamos a desayunar. ¿Qué te apetece? Que hoy cocino yo - dijo César
- César, no puedes llamar cocinar a calentar un poco de leche en el microondas y sacar unas galletas.
- Desde cuando te has vuelto experta en la cocina.

Nos pusimos de pie, camino a la cocina, cuando César me cogió por la cintura y me dio un beso en la mejilla.
- No te preocupes. Todo va a salir bien. Ya lo verás.

Los resultados tardarían una semanario dármelos. Así que hasta el lunes siguiente le hice caso a César y me olvidé del asunto.

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!