-Capítulo 13: "Chicas bien habladas"-

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—No puedo creer que la alquilaras.

—Te dije que lo haría, Al.

—Sí. La verdad es que no desconfiaba de ti (sueles ser muy insistente), sino de mamá. Tampoco me creo que te haya dado permiso.

—Quizá hayamos negociado un poco anoche.

  El par continuó charlando con la mirada fija en la nueva adquisición del chico: una moto.

—Sostengo que vas a convertirte en un power ranger —murmuró.

—Tal vez —rió Felipe —. Lo importante aquí es que no debo tomar el colectivo.

—Eso es un punto a favor.

—Claro que sí. Recuerda que yo pienso en todo.

—Ok, señor "miren, tengo cerebro", creo que deberíamos irnos a la escuela. Van a ser las ocho treinta.

—Hoy entramos a las nueve, déjame disfrutar del amor de mi vida un rato más.

—Haz lo que quieras, yo voy yendo.

—Adiós, amargada —exclamó Feli.

Al llegar al instituto, todas las miradas se centraron en él, incluyendo la de dos peculiares damas.

Una peor que otra, si cabe aclarar.

— ¡Feli! Hola, bebé —gritó Ema, corriendo hacia él.

Lara rodó los ojos desde la lejanía.

—Hola, preciosa. ¿Te subes?

Ella asintió emocionada, a la vez que pasaba su pierna por la moto y se abrazaba a Felipe.

El resto del alumnado había separado su visión de la escena, excepto Lar, cuyos dientes estaban más apretados de lo recomendado.

Luego de unos diez minutos, el conductor y su acompañante regresaron al estacionamiento.

La rubia seguía en el mismo lugar.

—Fue un placer pasear contigo —ronroneó la pelirroja.

—Igual, muñeca —le guiñó un ojo para después tomarla de la cintura y depositar un beso en sus labios.

— ¿Qué te parece si nos salteamos las clases? —sonrió Ema que enrollaba y desenrollaba un mechón de su cabello.

El joven tuvo que ahogar una risa. Había sido más sencillo de lo que imaginaba.

Aunque, ¿se cumpliría la segunda parte de su plan maestro?

Antes de que alguien lo notara, o que incluso ella se diese cuenta, Lara caminaba furiosamente hascia Felipe.

— Eres un pervertido, idiota y un acosador. No entiendo cómo Alma puede ser tu pariente —gritó la chica, quien había empujado a Ema y ahora señalaba a Feli con su dedo índice.

Ahora sí que él no ocultó su sonrisa.

Fase dos completa.

Y después su prima le decía que no era un genio.

***

— ¡Wow! ¿Nunca pensaste en el hecho de que tu amiga está loca? —Fran carcajeó mientras tiraba una pequeña pelota de tenis al techo y volvía a atraparla, para luego repetir el proceso de forma sucesiva.

— ¡No digas eso, Franco! —chilló Alma del otro lado del parlante.

Ambos llevaban media hora al teléfono ya que ella le estaba contando lo sucedido esa mañana en la escuela.

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