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PRÓLOGO

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—No me des a elegir, por favor —suplicó al borde del desmayo. Estaba tensando la cuerda como nunca antes y era consciente de ello.

—Tú eliges.

—¿Cómo puedes ser así? Te amo con toda mi alma y me estás dando a elegir. Si no nos crees capaces de tener una relación donde nos separen unas cuantas horas, ¿qué va a ser de nosotros?

—¡No lo sé! —exploté con rabia—. Porque, cuando una persona te ama, no te daña. Y tú has cogido nuestro futuro y lo has borrado de un plumazo. Tú tienes la culpa de que todo eso ahora no sean más que sueños rotos.

Noté mi cuerpo flaquear y mil y una veces me dije que parara todo eso, que le diera mi apoyo. Quería decirle que nos las apañaríamos separados pero juntos.

Estaba a punto de hacerlo. Dos minutos más de silencio, mirando sus ojos enrojecidos, su mano en el pecho, sus labios hinchados, y hubiera cedido. Pero su semblante frío me dio a entender que ya había tomado una decisión.

—Te quiero más de lo que nunca te querrá nadie... No lo olvides.

—Entonces, será que yo no te quise tanto.

No era justo un final así. No lo era. No cuando nuestra historia no era la de los cuentos de hadas, pero tampoco la de los villanos. Nosotros éramos dos niños que habían hecho frente a problemas de adultos. Éramos dos adolescentes que se querían tanto que no sabían cómo gestionar ese amor.

Sueños rotos *primeros capítulos*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora