Una semana.

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Era un lunes por la mañana hace una década y un par de días más. Como cualquier par de niños en un día como ese, los hermanos ya estaban listos para ir al colegio. Lo único que faltaba era esperar a que sus amigos llegaran y así ir juntos al plantel.

—¿Ya están listos? —Rose preguntó al ver a sus hijos frente a la ventana de la sala.

—¡Sí, mamá! —respondieron al unísono los dos niños.

—¿Hoy también van a ir caminando con Dani, Diana y Cristian?

—Sí. Deben estar por llegar. —Leo se apartó para darle su respuesta.

—Entonces esperen por ellos.

—¡Ahí vienen! —Marc divisó al trío acercarse a la puerta, por lo que corrió a abrirla y luego salieron.

—¡Hola, Rose! —Daniela siempre tuvo la confianza suficiente como para llamar a los padres de sus amigos por su nombre.

—¡Hola, Daniela! Veo que Marc y Leo son los únicos que faltan.

—Ahora no. Ya están listos.

—¡Que les vaya bien, muchachos! Los veo luego.

—¡Chao! —Se despidieron y los cinco preadolescentes de sexto grado emprendieron su camino hacia el colegio.

—Hoy vamos algo tarde, mejor vayamos rápido —apuró Cristian.

—¿Qué es lo que nos toca hoy temprano? —Marc no se acordaba.

—Matemática. —Leo le hizo recordar de inmediato.

—Hablando de eso, ¿hicieron la tarea de matemática? —La mayor del grupo, Daniela, deseaba saber.

—¿Cuál tarea? —Marc se alarmó—. ¿¡Había tarea!?

—Ya sabemos que no...

—¿¡Por qué no me avisaste!? —el castaño claro le reclamó a su hermano.

—Me ibas a pedir que te la hiciera.

—No siempre hago eso.

—No iba a arriesgarme.

—De todos modos, nunca me la haces —se quejó entrecerrando los ojos.

—Me ahorré la petición. —El menor se encogió de hombros, restándole importancia.

—Espero que la profesora no pida la tarea hoy.

—O mejor que no vaya —Diana dio una mejor opción.

—¡Vayamos rápido! —Daniela los apresuró—. Falta poco para que suene el timbre.

—Calma, no nos falta tanto. Vivimos más o menos cerca.  —Marc pretendió tranquilizarla.

—Si le llamas "cerca" a tres cuadras largas...

—Si no fuera cerca, iríamos en carro.

—Y con un padre acompañando —Cristian apoyó a Marc.

—Ok, ok...

Dejando de hablar para ir más rápido, los chicos siguieron su camino. Ya estando en la cuadra de al frente al colegio, Leo se quedó algo atrás del grupo, aunque no le dio mucha importancia, o al menos eso parecía. Ya todos cruzaron la calle, él era el único que faltaba. Un auto pasó a gran velocidad muy cerca de donde iba el menor, haciéndolo parar para evitar ser arrollado, y es que bueno, ¿quién va a esperarse a un irresponsable manejando como si estuviese en una autopista en una zona escolar? Por suerte, no le pasó nada, aunque esto le hizo quedarse mucho más separado de lo que ya estaba de sus amigos.

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