Día 5

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En fin, todo esto tenía que acabar de alguna forma. Aunque no esperaba que fuera así después de abrir la puerta.
- ¡Estás detenida! - dijo Samuel.
- Pero, ¿Qué dice?
- Usted tiene derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra ante un tribunal. Tiene derecho a consultar a un abogado y/o a tener a uno presente cuando sea interrogada por la policía. Si no puede contratar a un abogado, le será designado uno para representarla. Registren la habitación.

Me llevaron hasta comisaría y una vez allí, empezó el interrogatorio.
- ¿Qué pasó? No pudiste soportar que pudiera vivir sin ti. - Dijo Samuel.
- No sé, de que me habla.
- Nos han contado que no os hablábais desde hace dos años.
- Y por eso tuve que ser yo, quien la matara.
- Yo no he dicho que lo hicieras, ¿lo hiciste?
- No,... ella y yo, discutimos pero eso no significa que yo quisiera matarla.
- Ella tiene mensajes tuyos, en los que le decías que era falsa, fría, mala amiga, entre otras cosas. Amigos tuyos nos han contado que te han oído decir que no soportabas sus miradas. ¿Por eso la mataste? ¿No soportabas encontrártela todos los días?
- De eso hace mucho, para mí, ella es como si no existiera. Ella llevaba muerta para mí, dos años.
- ¿Ah si?, pues parece que te has tomando demasiadas molestias, estos últimos días.
- No sé, a que se refiere.
- Ah ¿no?, hemos encontrado tu diario, en el que has escrito todo lo ocurrido con pelos y señales.
- ¿Y qué?, eso no demuestra nada.
- ¿Dónde estabas en el momento de la muerte?
- En mi habitación, ¿qué iba yo hacer a las dos de la mañana?
- ¿Cómo sabes a la hora que murió? Yo no lo he dicho.
- No sé, más o menos, lo dijo el forense, cuando llegó.
- He estado leyendo tu diario, es muy clarificador, pero me gustaría que me comentaras algunas cosillas. Por ejemplo, dices que te sentiste aliviada cuando la vistes en el suelo.
- Teníais que haber visto como me miraba cada vez que me cruzaba con ella.
- ¿Pero no decías que estaba muerta para ti? Además reconoces que alguna vez has tenido ganas de matarla.
- Yo no he escrito eso.
- Ah ¿no?, a ver donde está.
- Míralo tu misma, "hemos sentido ganas alguna vez de hacerlo"
- Ahí, no pone que quisiera matarla. Hacerlo, puede ser cualquier cosa, no tiene que ser matarla.
- Venga, ya. ¿Como puedes ser tan frívola? Pones, que delante del cadáver de tu amiga, pensaste "se acabó la diversión" Te diviertes viendo a tu amiga muerta. Yo llevo trabajando en esto años, y todavía no me he acostumbrado a ver cadáveres.
- Yo no lo pensé en ese momento, lo pensé al escribirlo. Además ella ya no era mi amiga.
- No juegues conmigo. No eres tan inteligente como te crees. ¿De veras crees que Natalia estaba chantajeando a Ramón Ferrer?
- ¿Ustedes no?, por eso le cogieron, porque pensaron que estaba detrás de todo, ¿no?
- No, le pedimos ayuda para poder abrir unos ficheros que Natalia tenía cifrados en su ordenador. Puedes explicarme ¿que significa para ti?: "Pero si me voy y piensan que yo... No eso es imposible, ¿Por qué me iban a relacionar a mí con...?"
- Sólo estaba asustada, era de noche, y empecé a tener miedo.
- ¿Con qué te podíamos relacionar?
- No sé, con Natalia, como estábamos peleadas. Pensé que podríais sospechar de mí.
- ¿Puede alguien corroborar que no salieras de tu habitación?
- No sé, mi compañera estaba allí, pero las dos dormíamos.
- Tu compañera dice que se despertó y que no estabas en la habitación. ¿Dónde fuiste?
- Vas de farol, ella no ha dicho eso.
- ¿Cómo lo sabes?
- De verdad, ¿ha dicho eso?
- ¿Por qué lo hiciste? ¿No podías soportar su mirada? ¿No podías soportar que fuera mejor que tú? O ¿acaso es qué sentías algo por Oscar y él solo tenía ojos para ella?
- Ella no se lo merecía, sólo le hacía daño. Yo podría haberle dado todo. Ella era fría, calculadora. Podía hacerte estremecer con solo una mirada. Ella empezó a salir con él para hacerme daño a mí.
- Ella no ha planeado matarte a ti, pero... Los viste juntos esa noche, ¿verdad?
- Sí, estaba acostada, y oí voces, me asomé, y los vi, allí juntos, se estaban besando.

Cuando se separaron, la seguí. Sólo pretendía hablar con ella. Entramos en su habitación, estaba sola. Yo sólo quería pedirle explicaciones, y ella me dijo que si estaba celosa que lo asumiera, que ella había ganado. Me dio, la espalda un segundo, y cogí el ratón del ordenador y lo puse alrededor de su cuello. Estaba tan furiosa que empecé a apretar y no podía parar. Ella me pedía disculpas pero ya era tarde, ya era muy tarde. Se había burlado de mí.

The End

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