Capítulo 38: "La caja mágica".

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Luke entró en la habitación de Carla, con la caja de música en la mano. La abrió, y le dio cuerda. Una melodía extraña, pero a la vez bonita, inundó toda la habitación. Luke se sentó en la silla que había al lado de la cama de su hermana. La contempló. Débil, muy débil. Le acarició la mejilla.

-¿Te acuerdas de esta melodía Carla? -le preguntó Luke.

Claro que se acordaba.

-Cada vez que jugábamos en tu habitación la poníamos. Una vez me preguntaste, que porqué se escuchaban violines con el sonido típico de caja de música. Te contesté que era magia. Lamento haberte mentido. Eras demasiado pequeña -Luke le acarició una mejilla a su hermana. Después, le besó la mano, al tiempo que se la agarraba fuertemente. Puso su cabeza en la pequeña barriga de su hermana, deseando que despertara, muy pronto.

Carla

Abrí los ojos, lentamente. La cabeza me dolía demasiado. Escuché mi caja de música a mi lado, y vi a mi hermano acostado junto a mí. Sonreí.

-Realmente... -susurré con una voz completamente rota-. Eres un gran mentiroso Lucas Tomlinson.

Luke alzó la mirada, y sus ojos azules se chocaron con los míos. Abrió la boca y después sonrió.

-Carla... Oh dios mío... -se acercó a mí y atrapó mi cuerpo entre sus brazos. Le rodeé la cabeza con los míos-. ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

-Un poco la cabeza, pero no es nada -le contesté.

-Voy a avisar a un médico -él salió, y empezó a acompañarme la hermosa melodía de la caja de música. En ese mismo instante, William entró corriendo y me abrazó. Me rodeó la cintura con sus brazos y yo su cuello.

-Dios mío, Carly... -me besó el pelo, y después la frente. Nos separamos, pero fue para que él me pudiera ver mejor la cara.

-Estoy horrible, lo sé -le susurré. Él me besó. Parecía que llevaba años sin sentir sus labios, y le correspondí enormemente.

-Para horrible estoy yo Carly -dijo besándome la mejilla izquierda-. ¿Te duele algo dulzura? -sonreí.

-Un poco la cabeza dulzuro, pero ya está -empezó a reír, y yo con él. En ese momento, una enfermera rubia y un médico calvo entraron a mi habitación.

-Veo que estás mejor, ¿no Carlotta? -arqueé una ceja. No me gusta que me digan Carlotta. Bueno, solo William.

-Sí. Estoy mejor -contesté bordemente.

-Te tendrás que quedar ya hasta mañana en observación. Por la mañana te podremos dar el alta -sonreí, y miré a William. Él se acercó a mí y me volvió a besar.

-Cuando salga del hospital te la tiras todas las veces que quieras, hasta entonces, no por favor -Luke se acercó hasta mí, y cerró la caja de música.

-No Luke, déjala -le dije. Él me miró, y sonrió.

-¿Sabes? Yo creo que sí es mágica -arqueé una ceja-. Te has despertado mientras la escuchabas -susurró. Sonreí.

-Sí, es mágica. Es la caja mágica, sin duda.

El resto de las horas fue visitas. Me acosté a las doce. Mi madre había insistido en quedarse a dormir conmigo, pero yo había insistido en que William se quedara.

-Bueno... ¿quieres dormir ya? -me preguntó. Negué con la cabeza.

-Acércate -le susurré. Él, obediente, se acercó a mí.

-¿Qué te pasa? -me susurró en el oído. Sonreí por un segundo.

-¿En qué momento, me has pedido que yo sea tu novia? -él se separó de mí. Por primera vez, lo vi ponerse colorado. Empecé a reír.

-No te rías -dijo tirándose hacia mí y abrazándome-. Oye, tú, la niña de la que estoy enamorado, por la que haría cualquier cosa, a la que llamo Carly, ¿quieres ser mi novia?

-No -le contesté, y sonreí. Él abrió los ojos como platos, arqueó una ceja y se puso serio-. Sí -lo cogí de su camisa color azul, y lo estiré hacia mí para poder abrazarle.

-Me habías asustado... -susurró-. Mi dulzura macabra... -sonreí. Se separó de mí, para poder juntar nuestros labios.

-Mi dulzuro tonto... -susurré en sus labios.

-Venga, a dormir ya dulzura -se separó de mí, y se acostó en los incómodos sillones de hospital. Después, apagaron las luces.

-¿Alguna vez pensaste en... todo esto? -le pregunté mirando al techo. Estaba oscuro, pero daba igual.

-Realmente, jamás pensé que me enamoraría de ti, para empezar -sonreí. Cada vez que oía que estaba enamorado de mí, los pelos se me ponían de punta-. Y no, jamás lo pensé. Pero, ¿sabes que? No lo pensé, pero quiero vivirlo.

-Yo tampoco lo pensé, pero... No me arrepiento, en absoluto William.

-Buenas noches Carly -me susurró.

-Buenas noches William.


Abrí los ojos debido a la luz del Sol. Me giré, y vi a William dormir. Sonreí. Estaba guapísimo. Cogí mi caja de música, y le di cuerda. Me hundí en ese hermoso sonido.

-¿Ya estás despierta? -William me sacó de mi trance. Asentí con la cabeza-. Louis me ha dicho que están al llegar.

-Vale -dije bostezando. Él rió. Se acercó a mí, y me dio un beso en la frente. A los veinte minutos, la puerta se abrió. Mi madre y la enfermera rubia de ayer entraron por la puerta. Me desconectaron del suero, o como demonios se diga, y me bajé de la cama. Llevaba tanto tiempo sin andar, que parecía que no sabía. Me metí en el cuarto de baño, junto con la bolsa que mi madre me había traído, y me puse la camiseta de tirantes púrpura, mis shorts negros, y mis chanclas negras. Tenía el pelo hecho un desastre, así que, como dentro de la bolsa había una goma color negro, me hice una coleta mal hecha. Salí del cuarto de baño, y el doctor calvo de ayer también estaba en mi habitación.

-Bueno, Carlotta... -me estaba empezando a hartar-. Nada de alcohol durante unos tres meses... Y estas semanas comidas ligeras, ¿vale? -asentí con la cabeza. Mi madre me agarró del brazo fuertemente.

-¡Ahh! -grité-. Me haces daño.

-Contigo tengo que hablar -William y Louis estaban detrás de mí-. A ese chico no quiero volver a verle cerca tuya, ¿me has entendido?

-Mamá, William es mi novio, te guste o no -le contesté-. ¿Te enteras?

-No, no me quiero enterar. Ahora mismo te vienes para Oxford, se acabaron las vacaciones, estás castigada. No vas a volver a ver a este chico nunca más.

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