Invisible

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La gente es muy tonta. Creen que con ver como te vistes, hablas y caminas ya te conocen. Con conocer a tus padres creen saber como eres y serás. Son unos ilusos. Nadie conoce el corazón del hombre, ni siquiera él mismo.

Esto pensaba cuando iba en el auto rumbo a la biblioteca. Mamá iba a trabajar a la misma hora y no desaprovechaba una oportunidad para brindarme "su ayuda" cuando yo realmente no la quería.
Amaba caminar hasta la biblioteca. Las pocas veces que pude, me detenía en el parque de en frente a observar los árboles, el paisaje era espléndido. Me encantaba tumbarme en la hierba y sentir la brisa hablándome a la cara, y sentir a los árboles también charlando.
Pero claro, ese lado poético no lo entiende mi madre. Solo me preguntaría ~¿Qué se supone que harás a esta hora en un parque sola?~ y explicárselo sería perder mi tiempo. Los adultos solo creen que lo importante es producir, solo ven lo que está delante de sus ojos. No pueden sentir la necesidad de hacer algo para el alma. Algo que posiblemente no tenga ningún sentido. No, ellos solo ven la lógica de las cosas.

-me puedes dejar por aquí.- le avisé y me solté el cinturón de seguridad.

-vuelve temprano querida, las noches últimamente están muy frías. - y me dio un fugaz beso en la mejilla.
-intentare no congelarme en el camino, nos vemos para la cena.

Eran las 4:30 y no pensaba llegar hasta las 7:00. El aburrimiento era mi peor enemigo. Por eso lo atacaba con libros fantásticos y parques espléndidos. Y como pocos entendían sobre eso, podría decirse que eran solo míos.

-¿Qué onda Jerry? - saludé al portero de la biblioteca. En estas vacaciones he venido tanto que ya somos amigos.

-Todo bien Emily, ¿Qué tal Julieta?-

-Pues bien muerta.- le dije antes de pasar.

Había estado leyendo Romeo y Julieta la semana pasada, y en lo personal pienso que pudo haber sido mejor. Mucho drama para tan pocos días, pero bueno ¿Quién ha de cuestionar a Shakespeare?.

-Mónica.- saludé a la bibliotecaria, es joven pero tiene ese aire de respeto a su alrededor que evita que la trate con un poco más de confianza.

Tome mi libro "El retrato de Dorian Gray", me senté en los cómodos sillones del salón y de pronto me encontraba en Londres, conociendo la vida de los "nobles" y al encantador Dorian.

A la verdad que el libro no era muy sencillo, a veces tenía que repetir la oración para poder entender que sucedía. Pero cada vez era más interesante. Cuando me vine a dar cuenta ya eran las 6:30 y ya había leído la mitad.

Devolví el libro a su lugar, salude nuevamente al portero y me fui a casa.

Ya en casa todo cambiaba. El ambiente de paz y serenidad de la biblioteca era reemplazado por los gritos y las quejas de mi padrastro, que nunca estaba satisfecho con lo que hacía mamá.

Me fui directo a mi habitación. Odiaba mi realidad, mi vida. Él comenzó a gritar que era una maleducada, antisocial y rara. Él maleducado aquí era otro.

Me puse los auriculares y deje que la melodía de Coldplay me invadiera. La música era otra cosa que me encantaba, no me transportaba a mundos irreales, pero me daba una sensación de amnesia que adoraba.
Más tarde, cuando todos habían terminado de cenar fui a buscar mi plato. Mi hermano menor estaba viendo la televisión. Mamá estaba lavando los platos y lo más seguro era que el ogro estuviera roncando en la habitación.

-debiste bajar más temprano para cenar con nosotros Emily.- Me dijo mi mamá.

- Y tener que escuchar las barrabasadas de ese ogro, no por favor.

-No le llames así, un poco más de respeto por favor.

-Cuando él te respete a ti, entonces podría considerarlo.- dije terminando la conversación.

Odiaba tener que decirle esas cosas a Mamá, pero era inevitable, ella o estaba ciega o muy enamorada, no entendía porqué tenía que aguantar a ese patán. Pero ella siempre terminaba perdonándolo, y no quería meterme en su vida.

Volví a mi habitación y llamé a Rosi. Era la única persona con la que compartía cosas de mi vida. Lamentablemente el ser humano no puede vivir sin socializar, y yo no era la excepción. Además, la conocía desde pequeña, éramos vecinas y jugábamos juntas todo el tiempo, hasta que mis padres se divorciaron y mamá decidió mudarse a este lugar. Luego conoció al patán, nos mudamos a esta casa que es potencialmente mejor que la anterior y desde entonces he estado en este infierno.

Tomé el teléfono y marqué.
-oh Emi, pensé que no llamarías nunca. -oí como respiraba aliviada.

-Lo siento, el ogro estaba en sus días.

-¿Qué pasó? Tenias que llamarme, tengo el número de un buen servicio de caza ogros. Se llama policía.

-No, todavía no tenemos pruebas suficientes para cazarlo, pero en cuanto las tenga te aviso. - Rosi y yo siempre fantaseábamos con el día de que encarcelen a mi padrastro. Era bueno tener a alguien que me entienda.

Siempre le preocupaba que pudiera hacerme algún daño físico. Su mamá era psicóloga y había visto demasiados casos. Pero el día en que ese señor me tocara un pelo seria el final.

-¿irás este domingo al concierto? Dylan y yo iremos, y otros amigos más, se dará genial.- me dijo Rosi.

-No. - resoplé -No podré, mi mamá saldrá y tendré que quedarme a cargo de jhon.

-Vale, pero que sepas que te perderás una buena.
-Si, seguro estará padrísimo, pero tendrá que vivir sin mi.

-Morirá de pena, o de sobredosis. Bueno me tengo que ir, Dylan me llevara a ver una peli.

-Eso está genial. Hablamos luego.

-Nos vemos. Te quiero <3

-Yo también. Y cerré.

La verdad no tenía nada que hacer ese día, y mi mamá no saldría tampoco. Pero hay algo de mí que ni Rosi sabe, y es que odio estar con las personas. Puedo hablar con ellos unas horas, verlos y eso, pero nada más. Porque después de estar con ellos más tiempo me siento invisible, y es que la verdad no muchos me invitan a salir. No soy la persona más deseable, ni siquiera un poco. En la escuela todos me tildan como rara por mi forma de ser, de vestir y mi vida ermitaña. Soy alguien práctico, que no quiere guardar apariencias y no le importa hacer lo que quiere. Hago pensar a la gente que no me importa lo que digan o piensen de mi, pero es algo que yo quisiera creerme. Todo lo que dicen me duele y me persigue. Me hacen el vacío y las pocas chicas que han querido hablarme han huido después de ser víctima también de chismes. Rosi está aún conmigo porque vive en otro lugar, pero cada vez que me invita con su novio y amigos digo que no. No quiero avergonzarla. Por eso más bien soy invisible, y solo cuando voy a la biblioteca y me siento a leer esos libros, puedo sentirme feliz, disfrutando de la dicha de los personajes o llorando por sus desgracias. Es como irse del mundo por unas horas y ser otra persona. Pero pocos podrían entender eso.

Mi maravilloso mundo, y mi yo no tán maravilloso.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora