-Capítulo 11: "Nota 1"-

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Querido diario: (tachado)
Querido cuaderno: (tachado)
Cuaderno: (tachado)
¡Hola! (Tachado)


No sé cómo empezar, así que sólo voy a hacerlo de una vez: sin tantos rodeos.

Me llamo Franco y tengo 16 años, pero me gusta que me llamen Fran. La única cosa que me interesa en este instante de mi vida es una chica: Alma.

Ella es todo lo que yo quiero y necesito... Como una luz en medio de la oscuridad.

Precisamente hoy me reuní con ella, en una cafetería cercana a la escuela.

Me había dicho que quería preguntarme algo...

Nada me habría preparado para ese cuestionamiento:

"¿Nos besamos en la fiesta, Fran?"

Quizá cada día estoy más loco, o mis cuerdas vocales están tomando posesión de mi cerebro. No sé. El caso es que le contesté con un no rotundo; a pesar de que la respuesta era un sí.

Miedo es la palabra.

Temía que ella se arrepintiera del beso, o de que no quisiera volver a hablar conmigo, y yo no podía permitirme eso.

Mucho menos ahora, con la situación que estoy viviendo en mi casa.

El suspiro que ella lanzó luego de que yo contestase no me dio muchas esperanzas.

Es por eso que estoy aquí. Sentado frente a la ventana de mí cuarto, alternando mi vista del cuaderno a los edificios que se muestran opacos y taciturnos ante la luz de la luna siempre presente.

Me dediqué a observar a Alma mientras tomaba su café; no me pasó desapercibida la felicidad que emanaba su rostro.

¿Tan malo sería besarse conmigo?

Claramente me ofendí, pero no podía demostrárselo a ella.

Después de todo, Al no tenía por qué sentirse mal por el hecho de que yo no le gustase.

Cuando nos despedimos sólo pude mirarla partir, sabiendo que no era mía y que posiblemente nunca lo sería.

¡Qué filosófico! Ni siquiera yo sabía de este lado de mí mismo.

La mujer que te trajo a mis manos tenía razón... Escribir te libera.

Es una sensación extraña, a decir verdad; es como hablarle a la nada y sentir que te escucha.

¿Raro, no?

Anoto cosas que nadie leerá nunca, y le hablo a un cuaderno como si él fuera a entenderme.

Pero, de algún modo, siento que es así. Siento que, al absorber mis letras, ésta libreta se llena de mí y de mis sentimientos.

Es como si al fin alguien me comprendiese.

Creo que nos llevaremos bastante bien mientras que cumplas tú papel de terapeuta.

Con cariño, Franco. (Tachado)
Adiós (tachado)
Hasta luego (tachado)
Fran.

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