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5. Quien necesita el mundo, si te tengo a ti

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Vero vino a casa por la mañana sus padres no la habían dejado ir al hospital, para estar presente cuando le dieran la noticia. Todo el mundo pensaba que las noticias serían malas. Era horrible el ambiente que se respiraba en casa. Todos, sentados en el sofá esperando noticias. El silencio se hacía insoportable y no pude más. Me levante, me cambie de ropa y les dije que iba a dar una vuelta. Luis se ofreció a acompañarme, pero necesitaba estar sola.
- Luis, necesito salir un rato, y estar sola.
- Como quieras, pero no deberías estar sola, ¿déjame acompañarte?
- No, Luis quédate con ellos. Me llevo el móvil, si sabéis algo me llamáis.
Luis me dio un abrazo y un beso en la mejilla.

Después me soltó y salí a la calle. Hacía un calor insoportable, estaba nublado y eso incrementaba la sensación de bochorno. Comencé a andar sin rumbo, la calle estaba totalmente en silencio, no había nadie por la calle paseando ni tampoco circulaba ningún coche. Se había confabulado todo el mundo. Por fin un ruido, de motor a lo lejos, me gire y era un autobús, con un letrero que ponía, hospital Virgen del Rocío. Casualmente estaba a escasos metros de la parada. No había cogido dinero. Total para que lo quería si no pensaba ir a ningún sitio concreto. Instintivamente metí la mano en el bolsillo y me encontré con un euro, cuanto tiempo llevaría ahí. Eso era una señal, no podía ser casualidad que todo fuera tan redondo. No lo pensé y me subí en el. Cuatro paradas más tarde y me encontré delante del hospital. Comencé a andar cuando llegué allí las puertas comenzaron a girar. No había nadie en la recepción así que cogí el ascensor y subí a la tercera planta, todo el mundo estaba dentro de las habitaciones, puede ver a un par de enfermeras entrar en la sala de descanso. Seguí mi camino hasta la última habitación del pasillo, esa era la de Nick, le había colocado allí por ser la más tranquila, venía bien, tener un poco de enchufe. Hacía tiempo que no había llegado tan lejos. Cuando llegué a la puerta de la habitación 322, la misma fuerza que me había atraído invisible hasta allí, me impidió la entrada. Desde el interior se oía una voz era la de Nick, estaba temblorosa, parecía como si llorara. También había otra voz, me sonaba, no era un voz familiar, pero si la había oído recientemente. Al final la reconocí era la psicóloga. Intentaba consolarle. Le decía que no se preocupara, que todo iba a salir bien. Se me hacía muy duro oírle llorar y no poder atravesar esa maldita puerta, era lo que más deseaba, darle un abrazo y decirle... que podría decirle que no hubieran dicho ya, y que a la vez sonará como esperanza y no la típica frase que todo el mundo dice es estos casos. Estaba apesadumbrada, me sentía de la misma manera, que el día del accidente, cuando me quedé sola. Del mismo modo me deje caer, me senté en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, ya no podía oírle, pero si podía sentirle. Sentía su dolor, su angustia, su miedo. En el silencio del pasillo comencé a oír su canción. Aquella que a él más le gustaba, de donde procedía. De pronto se corto. Me estaba volviendo loca. Era eso seguro, pero de nuevo comenzó a sonar. Hacía tanto tiempo que Nick no me llamaba por teléfono que había olvidado que había puesto ese tono asociado a su número de teléfono. Reaccione y mire al móvil, ¡me estaba llamando! No fui capaz de coger la llamada, me quede mirando la movil y deje que sonara hasta que se corto. Una sombra me cubrió de improviso, no la oí llegar, mire hacia arriba y era la psicóloga.
- ¡Bea!, ¿Qué estas haciendo ahí? - Buenas pregunta, ni yo misma sabía la respuesta.
- No lo sé. Simplemente esperar.
- No has oído el móvil.
- Si, ¿era él?, ¿verdad? ¿Por qué me llama?
- Bea, quiere que pases.
- ¿Qué? No puede ser. - me había puesto de pie y había avanzado hacía la puerta, pero no había sido consciente de ello.
- ¡Bea!, por favor pasa. - ¿Era Nick? Me pedía que pasará, pero no reaccionaba.
- Bea, ¿Estás bien? - me susurraba la psicóloga. Levanté la cabeza.
- Si, ¿quiere que pase?, pero... que voy a decirle, que tengo que hacer, yo.
- Tranquila, mírame. - le miraba pero seguía sin ser capaz de reaccionar. - Bea, Nick te necesita, dentro de muy poco va a recibir la que posiblemente sea la noticia más importante de su vida.
- Bea, sigues ahí. Lo siento. - me gritaba desde dentro de la habitación - Siento mucho lo que dije el otro día. Por favor. Te necesito. - Dos lágrimas cayeron por mis mejillas.
- Si, sigo aquí. - le dije a Nick. Me sequé las lágrimas, y mire a la psicóloga que instantáneamente me dejo el camino libre para que pasará.

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!