Louis había frenado debajo de un árbol para descansar, había pasado las últimas horas esquiando por toda la montaña. La nieve comenzaba a golpear sus mejillas fuertemente. 

—¿Quieres ir a la cabaña? —había preguntado Harry frenando a su lado.  

—No, sólo necesitaba un descanso —trató de sonar convencido.  

—No te estás divirtiendo en los absoluto, ¿verdad? 

—No es eso —se acercó lentamente hasta a su esposo ahuecando sus mejillas—. Pero probablemente sí, deberíamos entrar, tu nariz comienza  a ponerse roja —juntó su pequeña nariz con la de Harry frotándola lentamente.  

—Sé que no es la mejor forma de celebrar tu cumpleaños —suspiró cansado—, y sé que en serio querías hacer esa fiesta. 

—No —interrumpió rápidamente—. Bueno sí, pero me gusta más estar contigo. 

Louis había imaginado desde principios de año, que el día de su cumpleaños organizaría una de las mejores fiestas, incluso había estado considerando en llevar a alguna banda o cantante famoso ese día, pero sus planes fueron modificándose en el transcurso cuando conoció a Harry, todo lo que alguna vez se había planteado había tomado otro rumbo.  

Así que ese año, la primera vez que festejaría su cumpleaños con Harry, los planes de su "enorme fiesta" habían sido enterrados, una vez más por los caprichosos de su recién esposo.  

Harry pensaba más en una cena o viaje familiar con el padre de Louis en Gales, donde podían pasar  su cumpleaños y navidad, no una fiesta con cientos de personas bebiendo y fumando hasta las flores de decoración de su nueva casa.  

—Tampoco te he podido dar tu regalo —Harry sonaba realmente afligido.  

—Harry, tú eres el único regalo que necesito —atrapó su labio, saboreándolo con una pequeña mordida. 

~*~

   

El ruido de la planta baja había despertado minutos antes a Harry, pero no fue hasta que escuchó la risa completamente escandalosa de Louis, que por fin se paró de su cama.  

Había pasado los últimos días de viaje en Holmes Chapel junto a Gemma; era donde había nacido y vivido los primeros seis años de su vida, cuando el olor de las flores y árboles le parecían el aroma más hermoso del mundo, y no el de la pila de perfumes que tenía en el mueble frente a él. La casa de sus abuelos siempre había sido ese lugar predilecto que toda persona tiene para alejarse de sus problemas, para meditarlos y volver consigo mismo a la tranquilidad.  

Era mejor que el yoga. 

Louis le había deseado buen viaje antes de que partiera, él también viajaría con otro rumbo a terminar los proyectos antes de fin de año. 

La voz aguda de su esposo sonando por todos los pasillos no le iba a dejar seguir acostado más minutos, quería gritarle que se callara por un par de horas más, pero imaginaba el porqué de todo el ruido. 

Buscó con sus pies sus pantuflas por la alfombra. La cama lucía el triple de grande de lo que solía ser para él, y era extraño porque antes de irse le parecía tan cómoda, sin Louis manoteándolo por las noches dentro de sus pesadillas o el tener que soportar el despertar con los pies de Louis sobre su cara. 

Inmediatamente buscó la caja que había  guardado en el fondo de su armario. Una caja que había hecho y decorado con sus propias manos. La abrió por décima vez desde que había llegado a la casa, para asegurarse de que lo que estaba dentro no se hubiera mágicamente estropeado. La tapó rápidamente cuando escuchó la voz de las sirvientas avisarle que el desayuno estaba listo.  

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!