No puedo considerar siquiera moverme. El sólo pensamiento de que él note mi presencia me pone los pelos de punta, ni siquiera puedo respirar cómo se debe, y eso me hace sentir patética y estúpida.

"Ni siquiera lo conoces" me recuerda mi voz interna, y sé que tiene razón, que no debería ponerme nerviosa por la presencia de este desconocido, que de ellos hay en todas partes y que no hay razón para estarlo ahora, pero no puedo evitarlo. No puedo evitar sentir aquel rubor que se extiende por mis mejillas, por el sólo hecho de pensar que ser humano tan atractivo y misterioso se encuentra justo a mi lado, y sólo lo conozco de esta madrugada.

No hay manera de que sea una coincidencia. Definitivamente una fuerza divina conspira en mi contra desde esta mañana. Me atrevo a alisar mi falda con mis manos, a pesar de que no hay ninguna arruga sobre ella, sólo lo hago porque mis nervios están a punto de desbordarse, y temo hacer algo que llame en exceso la atención y se dé cuenta de mi existencia. Trago duro sólo por el hecho de que estoy muy nerviosa, y aunque me gustaría seguir observándolo, no quiero que sea desde un punto en el que él se pueda dar cuenta de la pequeña obsesión que pareciera que estoy empezando a tener por él.

Estoy empezando a ponerme nerviosa y paranoica. ¿Y si después tiene que bajar? , ¿Y si para pasar tiene que pedirme permiso y me ve?, ¿Y si me pregunta algo?, ¿Y si me habla y no me sale nada? No quiero hacer el ridículo, ni menos en frente de él. Así que tomo la decisión de que será mejor pararme de mi lugar e ir a sentarme a otra parte, al fondo, en donde no pueda verme y ni hacer algún tipo de contacto conmigo, aunque dudo que lo haga. Se le ve tan concentrado en su lectura, que es casi imposible pensar que algo pueda distraerlo. Me pregunto si alguna vez de ha pasado de la parada en la que quizá tenía que bajarse por ir leyendo con tanta concentración.

Hago una pequeña pataleta en mi interior. No quiero separarme de su lado, pero no quiero arriesgarme a que me vea. En realidad, me gusta la idea de ser como una especie de admiradora secreta. Su admiradora secreta. ¿Tendrá novia? Un sujeto como él debe tenerla si con tan sólo unas cuantas miradas en la mañana ya me tiene completamente embobada con su atractivo. A ninguna mujer que le conozca se le debe escapar su gran físico y esa especie de enigma que acarrea su presencia.

Me levanto para poder cambiarme de lugar, he irme a los asientos de al fondo que están desocupados a estas horas del día. Cuando me levanto de mi asiento, el chofer del bus da un frenazo, haciendo que este se detenga bruscamente y haga que me tambalee con fuerza hacia atrás, y reacciono lo suficientemente a tiempo para aferrarme a un fierro para poder mantener el equilibrio, el bus hace su efecto revote con lo que me impulso hacia delante por la fuerza de gravedad, cayendo de tropezones al suelo.

Ay, no.

Enseguida puedo sentir las miradas preocupadas de la gente que se encuentra arriba de bus, y alguna de las risas de los niños a bordo. El rojo tiñe mis mejillas producto del bochornoso momento. Pongo mis palmas sobre la superficie, y me dispongo a ponerme de pie.

— ¿Estas bien? —siento una voz ronca, lenta y profunda detrás de mí, con un toque de preocupación en ella. Mi modo de alerta se activa, y sé de inmediato que se trata de él.

Cubro mi cara con el cabello que ha caído sobre ella, para evitar que me vea. Me levanto torpemente del suelo, un poco desorientada por la caída.

— N—no, estoy bien. Muy bien. No necesito su ayuda, gracias — digo casi gritando las palabras, de manera muy rápida.

— ¿Estas segura? —comienza a hablar pero lo interrumpo.

— ¡Si, estoy bien!— exclamo, un tanto enfadada. Toco el timbre repetitivas veces para poder bajarme en el siguiente paradero, aunque no sea el que realmente en el que tengo que bajarme.

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