4. Estancia en el hospital

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Cuando se levantó Vero, se quedó en casa hasta que su madre vino a por ella a mediodía. Su madre fue la encargada de darle las nuevas noticias. La pobre se quedó de piedra, ella esperaba que su madre le dijera que le iban a dar el alta. En cambio las noticias fueron muy distintas. También nos dijo que acababa de hablar con su marido, y que se había despertado un poco mejor y con menos dolores. Mi padre se acercó a verlo por la tarde, pero los demás nos tuvimos que conformar con hablar con él por teléfono.
- ¿Quieres hablar con él tu primero? - me dijo César
- No, hazlo tu, yo no sé que decirle - le conteste
- La verdad es que es un palo, ¿y tu Luis?
- No, háblale tú. - dijo Luis
- Ok, vamos allá.

César descolgó el teléfono y se dispuso a marcar el número de móvil de Nick.
- Hola Laura - dijo César a la madre de Nick
- ¿Cómo está Nick? ... Podemos hablar con él... Ey Nick, ¿Cómo lo llevas? ... - la cara de César era un poema - Venga Nick tienes que intentar animarte... Nick... Nick. Me ha colgado.
- ¡Qué! - exclamé
Los tres nos miramos sin saber muy bien que hacer. Mire a Luis.
- Voy a intentarlo yo.
Cogí el teléfono y volví a marcar. Estaba aterrada.
- Hola, ¿eres César? - volvió a contestar Laura
- No soy Bea.
- No se lo tengáis en cuenta. No lo está llevando muy bien.
- No te preocupes lo entendemos
- Voy a ver si quiere hablar contigo. Espera
- No, no quiero hablar con nadie - se oyó una voz al fondo
- Nick, es Bea, seguro que no quieres hablar con ella.
- ¿Bea?, está bien, pásamela. - se volvió a oír la voz de Nick
- Bea, te lo paso.
- Ok, gracias.
- Bea - dijo Nick entre sollozos
Me quedé en silencio unos instantes, ¿Qué podía decirle?
- Hola Nick. ¿Te duele menos hoy?
- Parece que me duele menos, desde que me pusieron el corsé, estoy un poco mejor.
- Siento mucho todo esto
No sabía cuanto tiempo iba a poder aguantar hasta que se me empezará a notar que estaba a punto de llorar.
- ¿Por qué me está pasando esto? ¿Por qué? Y precisamente ahora.
- Nick, no puedes perder la esperanza todavía no es definitivo.
- No puedo mover ni un dedo, no tengo ninguna sensibilidad. Se que estoy paralítico - su voz fue bajando de volumen, hasta hacerse un ligero susurro. - Lo sé Bea. Esto es definitivo.
- No digas eso, vamos a esperar hasta que tengamos los resultados. No anticipes acontecimientos.
- Eso es muy fácil de decir.
- Lo sé, se que esto tiene que ser muy duro, pero no puedes hundirte.
- No puedo con esto, no puedo, y si no puedo volver a andar.
- Hay muchas personas en esa situación y salen adelante. Tú no te preocupes, ahora. Lo superaremos, juntos, no vamos a dejarte solo
- Gracias, Bea. Voy a tener que dejarte, acaba de llegar tu padre con una enfermera.
- Ok, Luis te manda un abrazo.
Colgué el teléfono.
- Ha llegado papa - les dije
- ¿Cómo está? - me preguntó Luis
- Está hecho polvo, no ha parado de llorar en ningún momento - les dije
- Bea, eso es normal, esto es un palo muy gordo. Los primeros días van a ser duros. Lo único que podemos hacer es estar a su lado. Demostrarle que no le vamos a dejar solo y que aunque este en una silla nos va a seguir teniendo como amigos.
- César, yo no se como ayudarle
- No te preocupes, lo has hecho muy bien. Míralo por el lado bueno, a ti no te ha colgado el teléfono.
Al día siguiente, fuimos todos al hospital, tenía muchas ganas de verle pero también me daba mucho miedo. Tenía miedo de no saber reaccionar, el pobre ya estaría suficientemente asustado sin saber como afrontar todo lo que le estaba pasando. Tenía miedo de decir o hacer algo que pudiera hacerle daño. Cuando llegamos, subimos al piso tercero, y nos encamínanos por el pasillo hasta la habitación 322. En la puerta estaba su madre que nos esperaba.
- ¿Cómo está Nick? - preguntó Luis.
- Lleva todo el día llorando y sin querer que nadie le diga nada. Tenéis que intentar animarle.
- Claro, eso déjamelo a mí. - dijo César,
Él es único capaz hacer reír a la gente incluso cuando no tiene ganas de hacerlo, pero podría con la tristeza de Nick. Fuimos pasando todos uno a uno. Pero cuando fui yo a pasar.
- Bea, espera.

Dejé pasar al resto a la habitación y yo me quedé hablando con su madre fuera. Yo prefería pasar con todos para así confundirme entre la masa y no hacerme notar demasiado. Pero ¿qué quería decirme su madre?
- Bea,...
Que le pasaba, tenía la sensación de que me iba a dar malas noticias y no sabía como hacerlo. No entendía que podía ser peor que la parálisis de Nick.
- Ya sabes que Nick está muy deprimido.
- Si, ¿Qué ocurre?
- Nick no está pasando por su mejor momento. No quiere hablar, no quiere comer, no quiere ver a nadie, está muy asustado.
- ¿Qué intentas decirme?
- Bea, me ha dicho que te diga: "Qué no quiere que le veas así".
- No quiere que pase a verle, es eso ¿no?
- Si, Bea yo lo siento. - Me acababa de caer un cubo de agua fría encima.
- No se preocupe, no es culpa suya.
- ¿Estás bien?
- Si, es normal, es normal que este asustado, lo entiendo.
No sé, a quien trataba de convencer si a su madre o a mí.
- ¿Quiere decirle a mis hermanos que les espero en la sala de espera?
- Claro, lo haré.
- Vuelva dentro con él.
- ¿Estás bien?
- Si, estaré por aquí por si cambia de opinión. - aunque sabía de sobra que no lo haría.

Te esperaré, al final del camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!