Aquí expondremos los relatos ganadores de nuestro apartado de retos surrealistas. Si no sabes qué leer, puedes echar un vistazo aquí, y a lo mejor encuentras a algún autor o autora que te guste ;)
La fría noche era lúgubre y la luna se tiñó de tonos rojizos cuando mi mejor amigo lanzó varias piedrecitas hacia la ventana de mi habitación, despertándome de otra pesadilla aterradora sobre un culto de adoradores que realizaban sacrificios humanos para venerar a un ente llamado Cthulhu; una criatura mítica, terrorífica y escalofriante que dominaba mundos cósmicos a través de las secretas leyes metafísicas del universo, desconocidas por los terrícolas o seres humanos comunes, mejores conocidos como mortales.
Mi mejor amigo y yo habíamos comenzado a experimentar sueños oníricos que nos conducían a pistas cargadas de misterio desde que hallamos la entrada de un cenote que se localizaba cerca de la costa de Westport, en la playa CompoBeach, a 3,218 kilómetros de distancia y a una profundidad de 50 metros con una presión atmosférica de casi 60. Era mucho más de la profundidad autorizada para bucear. Fue la única ocasión en que él y yo buceamos más profundo de lo normal.
Más bien, sería la única vez hasta el momento, ya que, una vez más, regresaríamos a las profundidades del océano.
—¿Por qué no me llamaste? —mascullé cuando abrí la ventana de mi habitación y vi a mi mejor amigo con un manuscrito que parecía ser uno antiguo por sus páginas amarillentas un poco maltratadas.
—Lo hice, pero fue más efectivo despertarte como en las películas de terror de los setenta y ochenta —sus ojos destellaron misterio.
—Típico de un cinéfilo como tú —bromeé al rodar los ojos.
Luego me vestí y caminé sigilosamente hacia la puerta de mi hogar para marcharme con él sin que mis padres se percataran.
—El mejor cinéfilo, escritor y buzo que jamás conocerás en otra vida —bufó una vez que abrí la puerta para emprender nuestra horrífica aventura—. Debemos darnos prisa —me mostró su reloj de muñeca a prueba de agua—. Mira la hora que es.
Me fijé en que eran las 11:11 de la noche. Una hora espejo que cargaba una numeración esotérica, lo que significaba que lo que estábamos a punto de hacer era una señal para hallar respuestas a nuestros sueños oníricos que, en ocasiones, se enlazaban en uno solo mientras que ambos nos encontrábamos en ellos e interpretábamos las pistas que se reflejaban en el mundo de los sueños vividos.
—Según las pistas actuales de nuestros sueños, debemos estar en Compo Beach a las 12:12 de la medianoche —añadió—. El eclipse lunar entrará en su mayor fase exactamente a esa hora. Cuando ocurra y la luna de sangre esté completamente teñida, la luz roja sobre el mar nos guiará hasta el cenote.
Me sentí un poco atemorizada y preocupada. No estaba segura si volveríamos a encontrar dicho lugar geológico. Ni siquiera creía que nuestra misión funcionaría para descubrir la verdad tras nuestras pesadillas, pero nuestros sueños oníricos nunca se habían detenido desde que hallamos el lugar al bucear casualmente por la zona hacia la entrada del cenote, un abismo acuífero de una naturaleza hermosa, pero terrorífica.