NUEVO: Tap - Historias en forma de chat para tu 📲 . Disponibles en español
Obtenlo ya

-Capítulo 8: "La diversión duele"-

185 11 0

— ¡¿Acaso nadie podría compadecerse de los que se fueron de fiesta anoche y ahora no soportan ni el canto de los malditos pájaros?! —gritó Guido, parado en la mitad del estacionamiento, luego de que el timbre sonara a todo volumen.

Fran observó a Lara, Alma y Paula que venían entrando y que estaban en una situación similar a la de su amigo.

Por borrachos pensó e intentó esconder una sonrisa.

—Deja la felicidad, Sárter —rezongó Pau —. Respetamos que seas un aburrido que no bebe, pero por favor no saques en cara los pros de tu postura.

Franco rió y levantó los brazos en señal de rendición.

Los cinco amigos entraron por las puertas traseras de la escuela y comenzaron a avanzar por el pasillo que los llevaría a la clase que compartían: literatura. Y a la que, por supuesto, llegaban tarde.

Al entrar al curso, Lara venía riéndose de alguna broma privada que tenían las chicas. su sonrisa se esfumó al ver un rostro familiar en medio de sus compañeros.

— ¡Atención, alumnos! Hoy vamos a tener un nuevo estudiante, que por razones personales ha sido transferido aquí —exclamó la profesora Márquez con un inusual buen humor.

—Hola, soy Felipe Lacour —sonrió el mencionado.

Tu día no puede ir peor. Mencionó la voz interior de Lara.

Pero, ¿eso era un comentario o un desafío?

—Y estoy soltero —levantó una ceja.

—Muy gracioso, señor Lacour. ¿Por qué no pasa a sentarse con la señorita Peruti? Alguien tan responsable como ella le vendría bien.

Alma y Marian —que ya estaba en el aula— no pudieron evitar soltar una risotada, ganándose una mala mirada por parte de la rubia y de la profesora.

—Señorita Lécaris, la veo bastante divertida. Creo que no le importará sentarse con la señorita Pulti.

Al hizo una mueca de desagrado.

—No, estoy bien aquí. Le agradezco.

La encargada de la cátedra ignoró el comentario.

—Pues va a tener que cambiarse de lugar, el señor Lacour no puede esperar eternamente.

—Encima el imbécil le cae bien, maldito suertudo —farfulló por lo bajo.

—Que se siente conmigo —propuso Julia, quien tenía un sitio libre a su lado.

—Perfecto. Apúrense que no tenemos todo el día.

La ojiverde se levantó a regañadientes: odiaba que su primo la desplazara.

—No es por ti el mal humor, pulmón —susurró una vez ubicada.

—Lo sé, corazón. Lo sé —la tranquilizó Ju, ayudándola a acomodar su cartuchera —. Si tú te sientes mal, imagínate Lara. Aún no supera el haberse besado con él.

— ¿Haberse qué? —Alma abrió los ojos como platos.

—Se besaron frente a tus narices toda la noche, mujer. ¿No te acuerdas?

Fran pasó por el lado de las adolescentes para ubicarse en su asiento. Se había demorado al pedirle a la profesora la autorización que debían firmar sus padres para su castigo.

—No recuerdo nada de anoche —murmuró Al.

El chico paró en seco y la sonrisa que llevaba en su rostro comenzó a desaparecer. Una sensación de tristeza eclipsó el buen humor que tenía cinco minutos atrás.

Aunque no me prefieras¡Lee esta historia GRATIS!