Hoy no es mi mejor día.

La lluvia condiciona mi velocidad al conducir la motocicleta y si quiero encontrar en donde pasar la noche no puedo darme ese lujo.

Llevo años haciendo esto, huir...no es algo que me guste pero creo que así estoy mejor, o al menos eso quiero hacerme creer.

Una camioneta pasa justo a mi lado, a muchísima velocidad, incluso mayor a la mía.

El imbécil que intenta conducir grita algo sobre mí manera de manejar mi moto.

Solo levanto el dedo medio y sonrío cínica.

-Imbécil.-susurro para mí misma mientras visualizo una hermosa y sagrada estación de combustible.

Pero eso no es lo mejor, lo mejor es que tiene un bar a menos de cien metros.

Luego de llenar el tanque de mí motocicleta me acerco un poco más al bar, aparco casi en la entrada y decido retirar los guantes y el impermeable que tengo encima. Coloco el casco sobre la moto y luego de acomodar mi ropa y mi cabello entro en el lugar.

Apesta a sudor, comida que no es muy...apetecible y por supuesto a alcohol.

Doy unos cuantos pasos y me siento en la barra, miro el partido de fútbol que se transmite en el televisor justo encima de un gran espejo.

Maldición, estoy hecha un asco.

-¿Qué vas a querer?- pregunta el hombre detrás de la barra, que tiene una cara de odiar su trabajo.

-Dame una hamburguesa y una cerveza.- digo acomodando mi libreta de notas sobre la barra.

Comienzo a escribir en la libreta sin mirar a otra cosa que no sea la hoja de papel bajo mi mano.

-Ahí está.- dice el malhumorado hombre dejando mi hamburguesa frente a mí.

La miro como si no hubiera nada más hermoso en el mundo...creo que el no comer en un día entero sí afecta la mente.

Dejo el cuaderno de lado y sin dudarlo tomo la grasosa hamburguesa entre mis manos y le doy un mordisco.

El hombre deja la cerveza a un lado de mí plato.

-Parece que tenías hambre.- dice limpiando la barra.

Asiento aún masticando.

-Mucha.- corrijo limpiando mis labios y tomando un sorbo de cerveza.

Alguien llama al hombre, algo sobre el mal estado de baño o algo así, entonces me quedo sola.

-¡Hey tú!- grita un hombre. No me giro porque...vamos ¿Quién no quiere comer una hamburguesa gigante?

El hombro me duele cuando el tipo que había gritado me hace girar de un jalón.

Limpio mi boca nuevamente y me zafo de su maldito agarre.

-¡Tú eras la de la moto!- grita y no entiendo.

Luego recuerdo al idiota que no sabía manejar.

-Ah, tú eres el de la chatarra de hace un rato.- contesto acomodando mi chaqueta. -Deberías ir a unas clases de manejo, amigo.- alzo las cejas y me giro para seguir comiendo.

Todos ríen, menos el imbécil...claro.

-¡No me des la espalda!- grita de nuevo. Pongo los ojos en blanco justo cuando iba a morderle a la hamburguesa.

-¿O si no qué?- le reto. Al parecer al gran tonto le ofende una simple pregunta.

-O si no voy a golpear ese lindo trasero que tienes ahí.- Oh no dijo eso.

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