Sinuhe bajó las escaleras del lugar y abrió la puerta con cuidado de no tirar la bandeja con comida que llevaba en su mano derecha.

-¡Camila, cielo, regresé! -dijo apoyando la bandeja en en la pequeña biblioteca casi vacía que el cuarto de la chica poseía.

Camila salió debajo de su cama rápidamente.

-¡Boo! -gritó intentando asustarla mientras corría a abrazarla.

-¡Qué susto! -fingió su madre-. Mira lo que te traje, Cami -señaló a la pequeña biblioteca.

Camila lentamente siguió con la vista hacia donde el dedo de su progenitora indicaba.

-¡Pizza!

-Así es, ve a lavarte las manos para comer -ordenó su madre, frotando las manos de Camila para que ésta pueda entender a lo que se refería.

Camila fue hacia el baño obedientemente, abrió la canilla y colocó un poco de jabón líquido en sus manos, justo como su madre se lo había enseñado. La chica del sótano frotó sus manos y las metió unos segundos en el agua, produciendo espuma. Hizo un círculo con sus dedos índice y pulgar, y vio su reflejo en él. Sonrió. Camila imaginó que su mano era un burbujero y sopló. Una mediana burbuja salió de allí; la chica aplaudió felizmente mientras veía cómo esa porción de aire se alejaba lentamente de ella.

-¿Terminaste? -preguntó su madre desde afuera, agregando algo que Camila no escuchó. Ella estaba verdaderamente concentrada en la burbuja, hasta que ésta explotó. Sinuhe abrió la puerta-. ¡Camila!

-¿Uhm? -la miró despistada.

-Te dije que ya debo irme.

-¿Tan rápido? -inquirió saliendo del baño.

-Cariño, sabes como son las cosas.

-¿Puedo ir contigo?

-Por favor, no lo compliques, sabes que no.

-¿Por qué?

-Porque la gente allá arriba es mala, muy mala.

-¿Y porqué son malos?

-Porque la guerra los hace así... malos.

-¿Puedo ir contigo? -repitió.

-¡No, Karla!

-Pero... yo... -lágrimas rodaron por los ojos de la joven-. Yo sólo... yo sólo quiero ver... el sol. -dijo entre sollozos.

-Y lo verás algún día.

-¡¿Cuándo, mami?! Me dijiste que saldríamos... cuando cumpla... -Camila intento recordar el número-. Quince, y ya.. ¡los cumplí!

-¡No es mi culpa que hayan bombardeado la ciudad justo ese día! -gritó su madre en un tono muy fuerte.

-Vete -le exigió su hija-. No quiero... verte, vete, ¡Te odio, mami!

Sinuhe se fue sin decir nada, ya conocía de memoria los caprichos de su hija.

La chica del sótano lloró cinco minutos más desde que su madre se fue. Luego recordó lo que su madre le había informado al venir.

-Pizza -se dijo a sí misma.

Intentaba recordar dónde había señalado su madre, pero su discapacidad no se lo permitía.

Buscaba y no encontraba nada. Simplemente no lo recordaba. Su estómago rugía cada vez más.

-¡Pizza! -se suplicó a sí misma otra vez.

Ojos Alegría (La chica del sótano) - Camren.¡Lee esta historia GRATIS!