Y aquí estamos en una banca, donde se puede ver el lago y el gran puente que divide la ciudad con otra ciudad, es genial verlo, ya que por la noche se ve muy iluminativo y llamativo, se puede observar casi toda la ciudad, tiene una excelente vista desde aquí, demasiada diría yo.

Leire esta muy callada, desde hace rato que llegamos, solo ve lo que nos rodea, a veces me voltea a ver y me mira de una manera inexplicable, como si su mirada estuviera reflejando emoción, alegría, tranquilidad y algo mas, que todavía no logro descifrar.

—¿Por qué traerme aquí? —Pregunta ella, mientras me voltea a ver con la mirada que no logro descifrar.

—Es genial el lugar —Me encojo de hombros—. Aparte te dije que me gusta venir, tú tienes tu cueva, yo tengo mi banca.

Ella ríe un poco.

—Oh, vamos Valerio, tú diciendo que algo es genial... Es como si dijera que algo es hermoso y no creo que lo hayas tratado de decir, ¿O si?, no eres capaz de hacerlo —Dice mientras ríe otro poco, después vuelve su mirada al lago—. En serio, ¿Por que despertarme a media noche y tráeme de paseo? No eres un chico romántico, eres mas bien el chico que prefiere salir a las fiestas y coquetear con quien se te ponga en frente, no eres el chico que sale a lugares tranquilos y sale con una sola chica.

—¿Quién dice que no? —Hace un gesto de indiferencia con sus ojos mientras enarca una de sus cejas—. Esta bien, pueda que yo fuera ese chico, pero ahora no.

—¿En menos de un mes? La gente no cambia tan rápido —¿Las personas no cambian tan rápido?—, ¿Que fue lo que paso?... ¿Que fue lo que realmente cambio?

La observo por varios segundos, sus ojos no se apartan de los míos, están en cierto modo retándome a que de respuesta de aquella pregunta.
¿Que fue lo que realmente cambio? No he cambiado mucho, no porque me guste salir con ella significa que tenga que cambiar, pero tal vez si cambie un poco, y fue por esta apuesta y sus geniales ojos.

—Tú —Pronunció aquel pronombre algo nervioso, porque es cierto y odio haberlo dicho.

—¿Yo? — Pregunta sorprendida.

Empiezo a reír un poco.

—¡Si, tu!. ¿Que acaso te lo tengo que decir millones de veces? —Preguntó algo cansado, porque realmente lo estoy. Una y otra vez, la verdad es que ni yo sé si todas las veces que lo he dicho es cierto o es algo momentáneo.

—No lo creo Valerio, has sido muy dulce conmigo, pero yo no soy el tipo de chica que llega a cambiar al chico Playboy del instituto, eso no está en mi papel —Después me mira a los ojo, y yo hago lo mismo—. ¿En qué sentido tengo que ver esto yo?

Arrugo mi nariz, ¿En qué sentido? Suspiro, en un gran sentido, ella todavía no ve el efecto que provoca en mi, de hecho... Yo me acabo de dar cuenta en estos días sobre ese efecto.
Ella todavía no comprende, que realmente hay algo en ella que me interesa, que ya no solo es la simple apuesta de enamorarla, tal vez Eduardo sabia que me interesaba, hasta me dijo que no tenía que confundirme quien se tenía que enamorar, tal vez yo no esté enamorado de ella, todavía... Pero realmente me gusta.

—Me hiciste ver de forma diferente las cosas.

Ella arquea la ceja, luego sonríe.

—¿De qué forma según tú?

—Hiciste ver que hasta el chico mas idiota y mujeriego puede tener sentimientos, que aveces nos sorprendemos de otras personas, que uno no tiene que llamar la atención para ser feliz. Que la vida no siempre va a ser un juego, pero hay que arriesgarla, me volví amigo de una chica que es genial, pero ella no lo cree, pero aunque no lo pueda creer puede hacer cambiar a las personas, enseñándole que la vida no siempre tiene que ser como las películas, que a veces solo tienes que estar a gusto con uno mismo.

Ella se acerca a mi, y recuesta su cabeza en mi hombro, no puedo evitar sacar un suspiro medio pesado, ¿Por que me pongo nervioso por el toque de Leire?
Con las demás chicas no me importaba, no sentía nada, pero con ella es diferente... ¿Por que? Ella no es como las demás, ella es mejor, ella no es una chica de estereotipos, ni se molesta por vestir bien, no hacer lo que los demás piensan que esta bien, no, ella no es así, ella hace lo que quiere, lo que disfruta hacer, no va por el mundo queriendo que las personas la acepten, ella solo camina como si el mundo no fuera nada.

—¿Por que tan callado, Valerio? —Habla muy bajo—. No eres un chico así.

Suspiro.

—Ni si quiera sé realmente como soy... Aparento lo que todo el mundo espera de mí... No se lo que soy realmente ahora, en este momento, en este segundo.

—Yo tampoco —Empieza a temblar un poco del frío—. Yo tampoco se como eres ahora.

Paso uno de mis brazos por un brazo tratando de que entre en calor, ella no se queja, ni dice nada. ¿Que fue lo que paso? De un día para otro dejo de quejarse, ella solo acepta mis gestos y no es que no me guste, solo que no puedo creerlo, cada vez estoy mas cerca de ella, como un amigo por el momento o eso creo y es algo que no quiero, no quiero ser simplemente su amigo.

—¿Quieres regresar a casa? —Le pregunto, tal vez fuera un viaje corto, pero por el momento lo disfrute.

—No, todavía no —Me sorprende un poco su respuesta— Quiero quedarme otro rato viendo todo, viendo el cielo, la ciudad, el lago... Quiero estar otro rato justo en este momento a tu lado.

Y puedo jurar que algo en mi se detuvo un segundo, "A tu lado". Cierro mis ojos y me dedico a escuchar la tranquilidad de este momento.

Y tal vez la felicidad no dependía de las fiestas, demasiados amigos o beber alcohol, tal vez dependía de otra cosa.

La apuesta perfecta [1]¡Lee esta historia GRATIS!