Extra

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Astor

Vamos caminando a paso rápido entre la multitud de gente. Mi mano rodea suavemente su brazo y la llevo arrastrando, mientras ella desliza sus pies por el piso liso y brillante, resignada.

Odio venir de compras al centro comercial. Aún más un sábado, porque se llena todavía más de personas. Y nada me fastidia tanto como la gente que camina lento, mientras tu vas detrás intentando esquivarla para pasar adelante, o ver a niños gritando alterados.

Sin embargo tengo una hija que adora todo lo que tenga algo rosado, brillante o un tutú, por lo que se quiere detener en cada vidriera en la que ve algo muy llamativo. 

-¡Oh papi! - exclama alegre, extendiendo el brazo y señalando con el dedo. - ¡Mira! ¡Mira! ¡Un osito con un tutú de bailarina! 

- Bichito, si te sigo comprando más osos de peluche, lo próximo que voy a tener que comprar será un departamento para ellos solos. - digo. - ¡Están hasta arriba de mi cama! 

- Anda, porfi... - me pide, usando la mirada compradora. 

- Venimos por unos zapatos para la escuela, y por los útiles que necesitas. - sentencio. - Solo por eso, y nos marchamos de aquí. 

Hace puchero. - Eres muy malo. - dice seria. 

- Puedes quejarte en el sindicato de padres. 

- Mejor me voy a quejar con el abuelo. 

Resoplo. - Y mi pequeña creación se me está viniendo en encima como Frankenstein. 

- No esperes un bonito dibujo para el día del padre. - habla molesta. - ¡Oh mira! - exclama alegre a los pocos segundos, recuperando su semblante habitual. - ¡Unas zapatillas con luces de colores! ¡Quiero esas para la escuela! ¡Son tan bonitas! 

Lanzo un quejido. Me detengo, la cargo bajo el brazo como si fuera un costal y sigo caminando.

- Venir contigo de compras debería considerarse un deporte de riesgo. - menciono por lo bajo. 

- La abuela te dijo que ella me traía y tú dijiste que querías venir. - replica. 

- ¡Ja! Bien que te habría gustado venir con la abuela, jovencita. - digo. - Sabes tan bien como yo que te consiente en todo, y conociéndola era capaz de comprarte todo lo que se te antojará. 

Resopla resignada. - La vida dura... - dice con todo ese aire dramático de actriz que usa. 

Y me contengo de lanzar una carcajada, pero aún así no puedo evitar que se me forma una sonrisa. 

*****

- ¿Qué opinas de estos? - le pregunto, mientras ella está sentada con desgano sobre uno de los pequeños sofás de la tienda de zapatos. 

- Son aburridos y feos. - responde haciendo puchero. 

- La señorita que nos está atendiendo ya te ha mostrado unos cinco pares. - hablo serio. - Decídete por unos, que vas a la escuela, no a un desfile de moda. 

- Me gustaban los que tenían luces. 

Lanzo un quejido y me vuelvo hacia la empleada de la tienda, quien sigue con una sonrisa amable en el rostro y toda la paciencia del mundo. 

- Lo lamento. - me disculpo apenado. 

- No se preocupe. - dice. - Le puedo enseñar otros modelos que tenemos disponibles. Son nuevos, por los que no los tenemos cargados en el sistema, pero si no le molesta esperar, se los muestro y si se decide por uno se lo cargo en el momento. 

- Eso sería estupendo. - digo. - Muchas gracias. 

La joven se da la media vuelta y entra en el depósito. Miro a Lily. 

Regresa a Mi (Mafia Marshall VII)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora