No había tenido más opción que cerrar el vínculo. Su palabra era importante, pero su amor lo era mucho más. La Legeremancia resultaba ser un arma que podía volverse contra su familia. Frank Longbottom jamás lo permitiría. Lucharía por proteger a los suyos hasta que la última gota de su sangre fuera derramada.
La parálisis había desaparecido. El poder que el encantamiento ejercía sobre él ya no existía. Se encontraba maniatado con una cuerda mágica. No podía ver nada debido a la capucha negra que los mortífagos habían colocado sobre su cabeza.
Escuchó la risa maléfica de una mujer, seguido del seco sonido de sus tacones que se acercaban. No podía ver, pero sentía la humedad del lugar. Estaba sentado sobre un suelo de hormigón. Tenía la espalda apoyada en una heladora barra de acero.
—Es la hora —anunció la mujer—. ¡Comenzad!
Había más personas en aquel lugar sombrío. Frank sintió las pisadas que precedieron a unas manos gruesas que le quitaban la capucha, y le permitían desvelar la identidad de sus captores.
Ante él apareció Rodolphus Lestrange, un mago tenebroso que Frank llevaba tiempo persiguiendo. Al final, la presa había atrapado al cazador. Tras él, se encontraba su hermano, Rabastan Lestrange, quién observaba a Frank con odio y malicia. A su lado, apoyado sobre una viga de hierro, el encapuchado que había conseguido capturar a Frank observaba con atención. Su identidad continuaba sin ser revelada. Muchos eran los siervos del Señor Oscuro, pero no había ningún signo mediante el cual Frank pudiera identificarle. Ominis Black estaba a su par. Parecía encontrarse sumergido en sus propios pensamientos, pues tenía los ojos en blanco. Por último, oculta entre las sombras, se encontraba la mujer. Era alta y delgada, con una cara afilada y pálida, ojos negros profundos y un cabello largo y negro que caía en cascada sobre sus hombros. Vestía con una túnica negra y su expresión era capaz de intimidar a cualquiera. Frank la reconoció al instante. La conocían como la Bruja Negra, el servidor más devoto de Lord Voldemort: Bellatrix Lestrange.
—Vaya, vaya, ¿a quién tenemos aquí? —dijo ella, emitiendo una risa malvada, mientras mostraba sus desgastados y sucios dientes—. El gran Auror ha decidido presentarse.
Frank no dijo nada. Permanecía concentrado en mantener su mente en blanco. Los poderes oscuros no tenían límite y no sabía si alguno de ellos era un Legeremante. Así fue que decidió hacer uso de la Oclumancia para privatizar todos sus recuerdos.
—Te lo voy a poner fácil, Longbottom —dijo Bellatrix, mientras jugueteaba con su varita—. Dime lo que quiero saber, y te permitiré marchar. ¿Dónde está mi señor?
Frank ignoró la pregunta. Sabía lo que su silencio podría conllevar, pero hablar sería peor. No puedes pretender que el perro huela la carne y no la devore.
Bellatrix desvió su mirada hacia uno de sus parientes. La orden fue dada sin necesidad de emitir una sola palabra. Después, se mantuvo firme y esperó.
—¡Crucio! —exclamó Rodolphus Lestrange.
La maldición torturadora golpeó el pecho de Frank. La magia negra se internó en él y le retorció cada músculo y cada hueso. Frank gritó de dolor, un dolor agonizante, un dolor infligido con un único cometido: hacerle hablar.
—¿Qué fue de Evan Rosier? —preguntó la Bruja Negra.
Frank sonrió al escuchar aquel nombre. Rosier había sido un mortífago muy poderoso, pero cayó hacía mucho tiempo. Moody y él lo derrotaron durante la Guerra Mágica.
Frank continuó sin soltar una palabra. Era capaz de soportar el dolor. Había sido adiestrado para ello. Era un Auror, un servidor de la luz. Sin embargo, su liviana sonrisa enfureció a Bellatrix.
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Longbottom: La captura
FanfictionSi bien la valentía trágica de la familia Potter es ampliamente conocida en todo el Mundo Mágico, hay otra historia del mismo coraje que sigue sin contarse... hasta ahora. Esta es la historia de la confrontación de la familia Longbottom con el sirv...
