El día siguiente amaneció con unas nubes grises que surcaban el cielo y ocultaban el sol. Las carreteras y aceras continuaban húmedas, y el frío había caído sobre Little Whinging. El otoño llegaba a su fin. Pronto comenzarían las primeras heladas.
Neville continuaba dormido, ajeno a lo que estaba a punto de suceder en su hogar. Las mantitas de la cuna se ceñían perfectamente a su pequeño cuerpo. Parecía cosa de magia, pues las mantas se destensaban cuando Neville quería moverse y volvían a amoldarse a su cuerpo cuando el bebé se relajaba. Neville Longbottom era el único hijo de dos de los más grandes y poderosos magos de los últimos tiempos, por lo que no era de extrañar que la magia aflorara en él a tan temprana edad. Sin embargo, sus padres no se percataron de su magia durante aquella mañana, ni en ninguna que las habían precedido.
Frank Longbottom se despertó temprano. A pesar de abrir los ojos con dificultad, no movió un músculo. Sentía la respiración pausada de Alice sobre su pecho. Ella aún dormía profundamente. Permaneció unos minutos en silencio, deslizando sus dedos por el liso pelo castaño de su mujer.
—¿Qué hora es? —balbuceó Alice, cuando sintió sus movimientos.
—Demasiado pronto —informó él, echando una ojeada al reloj que colgaba de la pared.
Frank besó la frente de Alice con dulzura. Ella sonrió y pasó un brazo por el pecho de Frank. Se aferró a él como si presintiera que fuera a abandonar la calidez de las mantas sin su permiso.
—¿Recuerdas las frías noches de invierno cuando dormíamos en aquella sala abandonada de la torre de Gryffindor? —preguntó ella, recordando los tiempos en que se conocieron, los tiempos en los que estudiaban en Hogwarts.
Frank sonrió cuando sus pensamientos retrocedieron más de diez años en el tiempo.
—Siempre tenía que defenderte de los Nargles —dijo él.
—Mentira...
—¿Cuántos pares de zapatos se llevaron?
—No te quedes conmigo —gruñó Alice, sin poder evitar que una sonrisa se dibujase en su rostro—. Los Nargles no existen. Sé que tu amigo Sirius y su panda estaban detrás de todos esos crímenes.
Ambos rieron. Frank siempre había usado a los Nargles como excusa de que a Alice le desaparecieran objetos preciados en la escuela. Lo cierto es que, esas criaturas mágicas diminutas, no existían. Todo era cosa de Regulus Black, aunque Regulus siempre solía dejar pistas para encontrar los objetos de Alice. Su hermano, Sirius, siempre enmendaba sus errores. Era difícil de creer todo lo que habían cambiado las cosas...
Los recuerdos de Frank hicieron que volviera a conciliar el sueño durante media hora más. Cuando pensaba en la palabra felicidad, Alice y Neville salían a la luz. Sin embargo, la hora que tanto había querido posponer, llegó.
Apenas pasaban las nueve de la mañana cuando Frank Longbottom se miró al espejo. Se había puesto una camisa lisa, de color blanco, y la había combinado con un chaleco de rombos marrones y rojizos. Unos pantalones tejanos se ajustaban a sus piernas y las botas de punta terminaban de endulzar el conjunto.
Se despidió de Neville, quien se encontraba sumergido en el mundo de los sueños, con un tierno y suave beso en la frente. Después abrazó a Alice y besó sus labios. Ella se aferró a su cuello, y le correspondió como si fuera la primera vez que lo hacía. Estaba nerviosa. Tenía miedo. Habían ganado la guerra mágica, aunque no lo parecía, pues volvían a despedirse.
Muchos eran los seguidores del mal que todavía luchaban en las sombras por Lord Voldemort. Decapitar a la serpiente era el golpe que necesitaban para acabar con ellos. Con la caída de los Potter, Frank Longbottom era el Auror más poderoso de Gran Bretaña. Tal vez, Alastor Moody era el único que podía equipararse a él, pero Alastor aún se recuperaba en el Hospital San Mungo. A causa del cruel enfrentamiento contra el mortífago Evan Rosier, del que salió victorioso, sufrió decenas de heridas graves, y de larga y ardua curación.
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Longbottom: La captura
FanfictionSi bien la valentía trágica de la familia Potter es ampliamente conocida en todo el Mundo Mágico, hay otra historia del mismo coraje que sigue sin contarse... hasta ahora. Esta es la historia de la confrontación de la familia Longbottom con el sirv...
