1. Llegada del verano

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¡Vacaciones! El timbre de salida fue como musical celestial para mis oídos. Por fin había acabado el curso del insti, había sido duro, pero había conseguido acabarlo con buenas notas.

Mi padre cogía vacaciones en agosto, y nos iríamos a la playita, con destino a los Alcázares provincia de Murcia. No he estado nunca pero a mis hermanos les encantaba, me han contado infinidad de historias de hacía unos años cuando fueron a un campamento un par veces. El campamento se llamada Vela y estaba situado a pie de playa. Se lo había pasado en grande. Es un campamento orientado al mar, les enseñaron a hacer windsurf, montaban en hidropedales y piraguas, e incluso iniciación a la vela. Que pena no haberles conocido antes, me hubiera gustado ir con ellos.

Pero mientras que llegaba agosto nos esperaba mes y medio en el infierno. No porque estuviéramos mal, sino por el calor insoportable que hace en Sevilla. Mira que yo estaba acostumbrada a los 40 y los llevaba bien, pero esto es mucho peor. Gracias a Dios, que tenemos una piscina en casa, y la espera no iba a ser tan traumática. Solo estábamos en junio y ya empezaban a rondarse los 38 grados. Así que decidimos que había llegado el momento de limpiar la piscina. Nick y Vero nos iban a echar una manita. Limpiar la piscina podía convertirse en una actividad aburrida, pero con César, eso era difícil. Con César todo se convierte en una diversión, hasta la más aburrida de las tareas. Tocaba vaciarla y limpiarla a fondo.

La noche anterior habíamos dejamos abierta la válvula de vaciado. Así que cuando nos levantamos ya estaba vacía, aprovechamos para ir a comprar los productos de limpieza de piscina especiales mientras esperábamos a que llegaran Nick y Vero. Los cuatro fuimos a cambiarnos y ponernos más cómodos con el bañador y unas camisetas.

Después cogimos varios cubos de agua con el detergente especial y unos cepillos y lo bajamos hasta el fondo de la piscina. Llevábamos un rato restregando la pared y ya empezábamos a sudar como pollos, César fue el primero que se decidió a quitarse la camiseta y quedarse en bañador. Los demás le fuimos siguiendo poco a poco. Al final el único que la tenía puesta era Nick.

- Nick, ¿no tienes calor? - le pregunto César
- Un poco.
- ¿Un poco? Pero si estás sudando. ¿Por qué no te quitas la camiseta?
- Estoy bien así, César.
Sin embargo, César tiene la manía de no darse por vencido tan fácilmente y al rato empezó otra vez.
- Mira Nick, me están entrando calor solo de verte.
- ¿Por qu no me dejas un poquito en paz?
- Bueno tranqui. ¿Se puede saber que te pasa?
- Nada, no me pasa nada. - aunque realmente el tono de su voz indicaba justo lo contrario
Llevábamos un buen rato en silencio, pero César no iba a permitirlo por mucho tiempo y no se le ocurrió otra cosa que tirarle un cubo de agua a Nick. Lo puso chorreando de arriba abajo. Como os podéis imaginar con lo mosqueadillo que ya estaba, se acabó de liar del todo y en lugar de devolverle la broma, salió de la piscina en dirección a su casa. Nick vive en la casa de al lado de la mía.
- Nick vamos, no te enfades, solo era una broma. - le dijo César, pero Nick ni le escuchó.

César salió a buscarle y consiguió alcanzarle antes de salir del jardín.
- Nick, ¿se puede saber qué te pasa?
- ¿Tú que crees?
- No creo que te hayas enfado, porque te halla tirado un poquito de agua.
- A ¿no? Y según tú ¿Por qué es?
- Si te ha molestado, lo siento. Pero venga, no te vayas.
- Estoy cansado de tus bromas.
- Nick, tírame tú un cubo a mí y ya esta.
- ¡Déjame César!, suéltame. - le grito como si estuviera poseído.
- Vale ya te suelto.
En cuanto logro zafarse de César volvió a encaminarse hacia la puerta. Los demás lo mirábamos desde lejos y no dábamos crédito a nuestros ojos. César se giró para mirarnos.
- Vero, ¿le ha pasado algo? - le pregunté
- No, nada que yo sepa.
- Bea, ve a hablar con él. - me dijo Luis
- Yo, pero porqué va a escucharme a mí. - le dije
- Tiene razón, Bea. Sino te escucha a ti, no lo hará con ninguno. - añadió Vero
- Pero... - no me dejaron terminar cuando...
- Corre, que si se va, no va a volver a poner un pie en tu casa en todo el verano.
Pero de que diablos estaban hablando.
- ¡Espabila! - me metió prisa Luis
Salí corriendo de la piscina hacía él.
- Nick, espera, por favor. - le dije desde lejos.
Él se paro aunque no se dio la vuelta. Al pasar por delante de César le hice un seña para que no dejara solos. Obedeció al instante, alejándose hacia la piscina. Al llegar me coloqué estratégicamente entre la puerta y él.
- Nick, ¿estás bien? - no me respondió, desvió la mirada hacia la calle. - Nick, ¿Qué te pasa? Solo ha sido una broma.
- Estoy cansado de sus bromas. Que se cree que todo el mundo tiene que hacer lo que él dice, sino no está contento.
Estaba claro que algo le pasaba con César, y que no tenía nada que ver con la broma hoy, era algo que llevaba tiempo rondándole la cabeza.
- Nick, vamos a sentarnos y me lo cuentas.
- En otro momento, no tengo ganas de hablar. Me voy a casa.
- Nick - intente poner la voz lo mas melosa posible. - Si sales por esa puerta...
- ¡Me estás amenazando! - me interrumpió cabreado. Le puse la mano en el hombro para evitar que se fuera sin escucharme.
- Nick, que estás hablando conmigo - le dije en tono enfadado. - Lo que te iba a decir es que si sales por esa puerta, crees que vas a ser capaz de volver a entrar o planeas quedarte todo el verano en la puerta. - Nick volvió a desviar la mirada.
- Esta bien hablemos, pero con una condición.
- ¿Cuál? - se quedó cayado, pensando como decírmelo.
- ¿Puedes ponerte una camiseta? - cerré ligeramente los ojos no podía creer su petición.
- Claro
A que veía eso, que pretendía quedarse encima de César, demostrarle que tenía el control. Decidí hacerle caso sin rechistar, ya habría tiempo de aclararlo.

Te esperaré, al final del camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!